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La batalla política en las redes sociales

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Twitter le canceló la cuenta a Donald Trump y el mundo de los “demócratas” estaba feliz porque un fascista había sido acallado. Los medios tradicionales como la radio y la televisión americana, así como los medios impresos y sus versiones digitales dieron de brincos porque un fascista militante había sido acallado y derrotado en sus sombríos y finales días en la Casa Blanca. El mundo democrático de la derecha y parte de la izquierda estaban felices; sin embargo, tal felicidad no tenía ni tiene sentido, pues una empresa privada se había arrogado el derecho de decidir quién habla y quién debe callar. Su supuesta ofensiva contra el fascismo no era sino el regreso de la hegemonía de los medios masivos de comunicación al poder, dicho de otra manera: la hegemonía chayotera está de regreso en la Casa Blanca. El mundo feliz está de regreso.

Los jubilosos fingieron demencia, olvidaron que hoy callan a un fascista pero mañana los callarán a ellos. Tan fascistas unos como nacistas los otros.

La clave está en que ambos pretenden ignorar a las mayorías y dejarlas sin voz y que sean los miembros de los partidos quienes impongan junto con los medios su “mundo feliz”, corrupto, injusto y decadente.

En México la semana pasada los funcionarios de la misma empresa –Twitter- iniciaron una cacería de brujas contra los usuarios de esta red y partidarios del presidente Andrés Manuel López Obrador. Sin decir agua va, el gerente de esta empresa Hugo Rodríguez Nicolat,  en México, ligado al partido Acción Nacional, optó por cerrar las cuentas de Mirian_June y Lovrega, conspicuas usuarias de las redes, provocando la indicación de la comunidad tuitera.

Twitter México se limitó a señalar que sus decisiones son colegiadas y con base en reglas y procesos que no en intereses particulares. La cierto es que no reactivó las cuentas. La censura llegó a Twitter como el Gran Hermano de George Orwell (Big Brother, 1984).

La verdad es que estos silenciamientos de los líderes de tendencias de opinión, tanto en los EE. UU. como en México, parece ser la primera embestida de la derecha decadente como respuesta al avance de la sociedad organizada que rechaza el neoliberalismo brutal. 

Al parecer, los EE. UU. serán un polo de disputa donde se definirá quién o quiénes establecen los consensos y las hegemonías en las sociedades modernas y la Comunidad Europea será otro polo donde las redes sociales serán el campo y el objeto de la disputa entre las sociedades y sus gobiernos autoritarios y falsos como los ha exhibido la pandemia.

El Covid-19 está definiendo, con mucha velocidad, qué gobiernos, y sus perfiles, permanecerán, al frente de los gobiernos de los países según la forma y la profundidad con la que serán impactados para bien o para mal en sus economías y en su estructura social.

El Covid-19, por ejemplo, está democratizando el mundo de las farmacéuticas y el avance de la vacuna Sputnik V está mostrando un mundo occidental mentiroso, monopolista, miserable e inhumano. Está disputa de la vacuna nos muestra un mundo occidental donde sus gobiernos desprecian el valor de la vida de sus habitantes. Su objetivo es el dinero, el dinero y el dinero.

Estados Unidos será uno de los países que tendrán cambios profundos, y por nuestras economías tan entrelazadas, tendremos serios impactos en nuestra realidad inmediata.

En México la derecha ya tiró la toalla -políticamente hablando- aunque en el foro público persiste en hacer el ridículo. El último pancho fue su incapacidad para gestionar la compra de vacunas. Pfizer y Sputnik V les comunicaron que hasta el 2022 la tendrían si las desean. Los goberladrones o arlequines de la política nacional se vieron tan ridículos e ineptos que ni ellos mismos se toman en serio.

La derecha de los Estados Unidos (de Biden) y la derecha mexicana en algo están de acuerdo: que su mejor método para lograr su hegemonía es callando a las izquierdas democráticas y ya pusieron manos a la obra al comenzar a controlar las redes sociales. La batalla será larga y épica. Poderosos versus ciudadanos son los protagonistas; el campo de batalla, las redes sociales. La pervivencia de estas últimas será vital para la democracia; si la derecha logra controlarlas la democracia volverá ser una ficción mediática.

* Imagen del concierto de Pink Floyd en México, alusiva al ex presidente Donald Trump.

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