“La inteligencia artificial evita el esfuerzo de recordar, impidiendo la consolidación de la memoria de largo plazo. El 80% de los jóvenes, según investigaciones en Estados Unidos, depende de los autocorrectores para escribir correctamente”: Roberto Rosler.
Colima, México, Comunicado (14/01/2026).- “En Tokio 2023, Google Maps dejó de funcionar durante unas horas; el 40% de los conductores no pudo volver a su casa sin asistencia digital”. Esto es, dijo Roberto Rosler, director académico de la Asociación Educar para el Desarrollo Humano en Argentina, lo que sucede “cuando el cerebro cierra circuitos neuronales. El costo de mantenerlos activos es muy alto, cuando hay softwares que proveen funciones a cero costo energético”.
Lo anterior lo compartió durante su conferencia “El impacto de las nuevas tecnologías sobre el pensamiento crítico de nuestros estudiantes”, como parte de las Jornadas Académicas 2026 que se imparten en la Universidad de Colima, y en las que se busca que las y los profesores desarrollen habilidades que les permitan integrar las nuevas tecnologías con el aprendizaje en el aula, pero también advertir sobre las consecuencias de su uso excesivo.
IAG vs el cerebro
A partir de diversas investigaciones, el profesor argentino invitó a las y los docentes a reflexionar sobre cómo el uso de la inteligencia artificial generativa puede llevar al cerebro a un estado de “reposo” excesivo, afectando su funcionamiento óptimo. Explicó que existen estudios comparativos en el ámbito del pensamiento contrafáctico -encargado de imaginar escenarios alternativos a la realidad, el conocido “¿qué hubiera pasado si?”-, que analizan a estudiantes y a personas con lesiones cerebrales, y cuyos resultados muestran niveles de conectividad neuronal sorprendentemente similares entre ambos grupos.
En el MIT (Instituto Tecnológico de Massachussets), se midió la capacidad de memorización en estudiantes de 2024 y 1985. Los primeros tuvieron 40% menos capacidad de memorización.
Otras investigaciones, dijo, demuestran que la corteza prefrontal, encargada de funciones como organizar, tomar decisiones, controlar impulsos, memoria de trabajo, regulación emocional, pensamiento crítico, entre otras, disminuye su actividad en tareas asistidas por la inteligencia artificial, “ya que al hacerlo se ofrece cero fricción, comunicación y, por lo tanto, la corteza prefrontal lo toma como un permiso para descansar y dejar de pensar”.
Ejemplos como los anteriores, comentó Roberto Rosler, son una señal de que “la dependencia cognitiva no es un riesgo futuro, la dependencia cognitiva es un problema presente; no sólo se trata del pensamiento contrafáctico, o del hipocampo, de la memoria; se trata de un problema de rendición de nuestra cognición que nos permite pensar, imaginar y anticipar”.
“No debemos estigmatizar la tecnología y mucho menos dejar de usarla -destacó el también profesor titular de Neurofisiología en la Universidad de Buenos Aires-. Se trata de usarla sin perder nuestro pensamiento crítico, eso es fundamental, porque si delegamos nuestras funciones a un aparato externo, no vamos a poder cometer errores y por lo tanto no vamos a aprender ellos”.
Cómo entrenar al cerebro
Hace cuánto, cuestionó Roberto Rosler, fue la última vez que escribieron a mano. “Realmente estamos perdiendo la capacidad de pensar con nuestras manos. La inteligencia artificial evita el esfuerzo de recordar, impidiendo la consolidación de la memoria de largo plazo. El 80% de los jóvenes, según investigaciones en Estados Unidos, depende de los autocorrectores para escribir correctamente”.
Entre sus recomendaciones, sugirió que las y los docentes pidan a sus estudiantes elaborar un resumen de la clase con sus propias palabras, escrito a mano y no en computadora. Asimismo, propuso revisar lo que llamó la “mochila invisible”, fomentar el “fisicoculturismo atencional” y recurrir a la gamificación como estrategias pedagógicas. Explicó que la “mochila invisible” implica reconocer que no todos los estudiantes llegan al aula en las mismas condiciones: influyen factores personales y familiares, como lo ocurrido en casa, si desayunaron o no, si durmieron adecuadamente o si atravesaron situaciones emocionales que inciden directamente en su proceso de aprendizaje.
La segunda recomendación consiste en enfocar la atención. “Los alumnos no tienen suficiente atención para más de 40 o 60 minutos de una clase teórica, donde ellos son receptores pasivos de información, y eso debe ser suficiente para que ellos aprendan. La tercera es el uso de dinámicas donde piensen que están jugando. “Yo uso mucho al profe Víctor, es mexicano y está en YouTube. Él, realmente con una bondad infinita, da un montón de consejos sobre usar gamificación y que ellos piensen que están jugando”.
Ante la limitada capacidad de atención que hoy suelen mostrar las y los estudiantes -similar a la duración de un video en TikTok-, Roberto Rosler explicó que, en ocasiones, los envía a un museo cercano durante el horario de clase para que se concentren en una sola obra de arte. Les pide observarla con detenimiento y elaborar un resumen de lo aprendido; semana a semana va extendiendo el tiempo de esta actividad, con el objetivo de fomentar de manera gradual el hábito de la atención sostenida.
Añadió que el check-in emocional también resulta fundamental: antes de iniciar la clase, solicita a sus estudiantes que escriban qué aprendieron el día anterior, qué han aprendido ese mismo día, de algún libro o serie, y qué aspectos personales consideran importante que el profesor conozca.
También hace pedagogía del sueño, permitiendo que los estudiantes lleguen media hora tarde a su clase, “con la promesa santificada de que esa media hora extra la van a pasar durmiendo, porque dormir es una cosa fundamental, sin sueño no hay memoria ni atención”.
Compartió con los profesores la necesidad de darles cosas significativas que estén conectadas con su vida diaria o que les sirvan profesionalmente o en el futuro. “Si nosotros les damos cosas, como a mí me hicieron redactar una composición a la vaca, hoy en día un alumno crea una cosa así con la inteligencia artificial. La idea es que no desplacen su cognición, sino que busquen el entrenamiento de su memoria”.
Finalmente, recomendó leer el libro “Colapso Cognitivo por Inteligencia Artificial, una crisis evolutiva y el colapso de la autonomía mental”, de Xander Grimm.