Columna
El puercoespín
Un imperio, una traidora, una sociedad política peruana ambiciosa y rapaz, una iniciativa privada mediocre y ambiciosa tienen a Perú sumido nuevamente en el caos y la ingobernabilidad.
Los Estados Unidos “los demócratas por excelencia” acaban de dar un nuevo golpe de Estado en América Latina, si alguien sigue pensando que los Estados Unidos son buenas personas y buenos vecinos están perfectamente equivocados. Los gringos son los mayores depredadores del mundo y hoy mismo acaban de dar un golpe fulminante a un país democrático, al Perú.
Tienen en jaque a la Comunidad Europea a la que llevaron a una guerra que solo beneficia a sus intereses y ha condicionado a los europeos a padecer un invierno frio por los altos precios de los energéticos.
Los Estados Unidos precisaron de una traidora, un ejército a las órdenes del mejor postor, de un Congreso decadente dominado por los fujimoristas y una iniciativa privada rapaz y llena de odio por defender sus privilegios, a cualquier precio, para instrumentar un golpe de Estado.
En América Latina el más grande enemigo lo tenemos en el norte. El avance de gobiernos locales a favor de las mejores causas populares están resultando verdaderos dolores de cabeza para los perversos gringos que solo piensan en sus intereses y tener sometidos a los demás países para seguir sosteniendo sus privilegiadas condiciones económicas, actualmente en franca decadencia.
En el Perú si una institución goza de un gran desprestigio es el Congreso de los Diputados. Los diputados peruanos, desde sus orígenes remotos y mediatos, tienen una vocación golpista y desde el ascenso de Pedro Castillo al poder ha estado insistiendo en dar un golpe de Estado (le llamaban vacancia de la presidencia), pero no habían podido. Su vocación golpista es muy similar a los demás países donde ha perdido la derecha, la diferencia es que los presidentes, como el caso de México, cuentan con un respaldo del ejército y del pueblo muy amplio y fuerte.
Ayer los diputados y el ejército con la tutela de la embajada de los Estados Unidos perpetraron un golpe de Estado que es un triste telegrama para todos los gobiernos de América Latina que tienen gobiernos legítimos electos por el pueblo.
Fuera máscaras, a los Estados Unidos no le gusta la democracia, sobre todo, cuando pierden sus cerdos políticos de derecha que se ponen sistemáticamente a sus órdenes.
Dina Boluarte, de 60 años, se desempeñaba como vicepresidenta en el gobierno de Castillo y hasta hace poco ocupaba el cargo de ministra de Desarrollo e Inclusión Social.
Castillo fue removido en la votación de un juicio político más temprano el miércoles, horas después de anunciar que ordenaría por decreto la disolución del Congreso, una decisión que provocó dimisiones de ministros clave del gobierno y denuncias de un “golpe de Estado” por parte de miembros del Congreso.
Castillo había sido convocado al Congreso para que responda a acusaciones de “permanente incapacidad moral” para gobernar, en medio de varias investigaciones de fiscalía de presunta corrupción. El Congreso apuró la decisión y destituyó a Castillo con 101 votos a favor -con el apoyo e legisladores de derecha e izquierda-, seis en contra y 10 abstenciones.
Estados Unidos había rechazado cualquier acto inconstitucional de Castillo para impedir que el Congreso cumpla con su mandato, dijo el miércoles el embajador estadounidense en el país andino, Lisa Kenna, en Twitter.
Dina Boluarte no es nadie, políticamente hablando, compitió para un presidencia municipal en 2018 y fracasó; compitió para un escaño en el Congreso y volvió a fracasar; fue burócrata de segunda en una oficina del registro ciudadano y llegó a vicepresidenta del Perú al hacer formula con Pedro Castillo por el Partido Libertario y, al traicionar a Castillo y a sus seguidores, se convirtió en presidenta del Perú bajo las ordenes de los Estados Unidos y los diputados fujimoristas comandado por Keiko Fujimori.
Malas noticias para los demócratas de América Latina, buenas noticias para la derecha golpista que verá en el ejemplo de Dina Boluarte una vía para regresar al poder a cualquier precio. Pero no debemos olvidar, ni pasar por alto que Janine Áñez también accedió al poder de la misma forma y apenas en el mes de junio pasado fue condenada a 10 años de presión por el golpe de Estado que encabezó en Bolivia.
La tentación está a flor de piel. Los golpistas de México se verán alentados, pero no olviden que en México existe una sociedad muy politizada, pero las tentaciones serán grandes.
A México no le queda otra que radicalizar su proyecto y combatir la impunidad porque es la impunidad cultivo de golpistas y cínicos dispuestos a todo.