Columna
El puercoespín
Es domingo por la mañana, el secretario de Seguridad Pública camina muy campante, muy relajado, en una tienda departamental de la plaza Zentralia. Su seguridad y tranquilidad tiene su razón de ser. Al secretario lo acompañan dos escoltas -con armas fajadas a la cintura muy visibles- y un chofer que conduce su camioneta blindada.
Así son los fracasados, poco les importan los ciudadanos. Mientras el tiene seguridad los colimenses vivimos en la zozobra.
Manuel Llerandi fue renunciado por la forma tan catastrófica de conducir a la institución. Cero resultados tuvo su gestión. Los índices más importantes como homicidios dolosos y feminicidios estaban arriba de la media nacional. Hoy continúan igual.
La tendencia de los homicidios dolosos, a nivel nacional, va a la baja. En el año 2018 se cometieron un máximo de 3,074 homicidios dolosos mensuales y en el mes de agosto de 2023 la cifra llegó a 2,483 lo que marca una tendencia a la baja.
Colima; sin embargo, sigue manteniendo tasas de homicidios dolosos arriba de la media nacional; los femicidios triplican la tasa a nivel nacional, entre otros indicadores.
El actual secretario de Seguridad Público asumió el puesto ante el desastre de la Secretaría bajo la conducción de Manuel Llerandi.
Si a lo anterior le agregamos la pésima gestión de la Fiscalía General del Estado que lo único que tienen muy cierto es que procuran no procurar la justicia. La fiscalía hace en ocho meses lo que otras fiscalías estatales hacen en una semana. La Fiscalía tiene su propio desastre.
En Colima los cadáveres yacen inertes sobre las aceras, siembran los arroyos de las calles, flotan sobre las corrientes de las aguas pluviales. Es tan alta la cantidad de cadáveres apiñados en la Fiscalía que andan desesperados buscando terrenos en el municipio de Villa de Álvarez para darles una humana sepultura.
Los delincuentes, a plena luz del día, montados en motocicletas asaltan a los transeúntes y no pasa nada, el gobierno está ausente. En el gobierno otras son sus prioridades.
Héctor Alfredo Castillo va a cumplir un año en la Secretaría y los índices delictivos siguen igual. Este sujeto no ha sido capaz de mover un solo índice delictivo. Sí, las cosas siguen igual que con Manuel Llerandi. La conclusión que podemos obtener es que este individuo resultó peor, pues, al parecer, ni rectificó el rumbo ni hizo nada distinto, ya que, no se ha notado ninguna mejoría. No se observa nada nuevo o, cuando menos, los datos duros demuestran que su gestión en el presente año es un fracaso.
Si se le contrató para mejorar la seguridad y las cosas siguen igual la conclusión es sencilla: fracasó.
Fue el año de 1981, en los EE. UU., cuando se conocieron las primeras evidencias clínicas de lo que mundialmente se conocería como la epidemia del Sida (Síndrome de inmunodeficiencia adquirida).
Al principio, en México, nos mofábamos de la epidemia y la veíamos como algo muy lejano y ajeno a nuestra sociedad y nuestra realidad. Cuando una persona, un conocido, un amigo, un familiar adquirió el síndrome la comenzamos a valorar y calibrar en tamaño de la amenaza.
Así nos está pasando en Colima con la violencia. Al principio, allá por el año de 2015, cuando se inició la violencia la vimos como algo muy lejano y ajeno a la realidad de Colima que siempre lo habíamos concebido como un lugar pacifico y seguro; sin embargo, poco a poco nos hemos dado cuenta de que una persona cercana, un conocido, un amigo, un familiar se ha convertido en una víctima colateral.
Cada día son más frecuentes los reclamos, las quejas, las denuncias y, últimamente, las crónicas de personas que, no tienen nada que ver directamente con los criminales, pero son objetos de asaltos, secuestros o privados de la vida.
Cada día he venido observado el aumento de crónicas de las muertes injustas de ciudadanos pacíficos, gente de bien.
Ayer leí, en el feis, la historia de Paquito contada por su madrina Karla Gabriela Gómez Torres. La historia de Paquito, un joven de 21 años, huérfano de padre y madre y criado por su abuela murió porque fue a la tienda de la esquina y allí encontró una bala que no iba dirigida hacia su humanidad. Su problema es que se encontraba en el lugar y la hora equivocados. El problema es que los lugares y las horas equivocados son más frecuentes conforme pasa el tiempo.
Estas crónicas antes eran de desconocidos, de gente anónima, de gente lejana. Conforme pasa el tiempo los protagonistas de estas crónicas urbanas son conocidos, amigos, parientes. La muerte está cerca, la violencia nos está alcanzando y toca la puerta de nuestras vidas.
El Sida lo vimos lejano, e inopinadamente, después mató a algún amigo o familiar.
La violencia en Colima era cosa de criminales. La muerte era asunto de gente lejana. Hoy la muerte está pisando nuestro espacio familiar. La violencia tocó la puerta de nuestras casas.
Señor Héctor Alfredo Castillo, ¿cuándo renuncia? Señor Héctor Alfredo Castillo, usted fracasó, por favor dé media vuelta y váyase a su casa. La dignidad humana es importante.