Colectivos y organizaciones como el Centro Prodh cuestionan la narrativa del gobierno federal y advierten que los datos no reflejan la magnitud real del problema ni las fallas estructurales en la búsqueda e investigación.
Ciudad de México, Avanzada (27/03/2026).- Las cifras sobre personas desaparecidas presentadas este día durante la conferencia matutina, en el marco de la estrategia nacional de búsqueda y localización, han reavivado cuestionamientos de colectivos, especialistas y organizaciones de derechos humanos, quienes advierten inconsistencias, omisiones y una narrativa que, lejos de dimensionar la crisis, tiende a acotarla.
El Centro de Derechos Humanos Miguel Agustín Pro Juárez A.C. se sumó a las críticas al señalar que la información oficial presenta problemas de opacidad y contribuye a minimizar la gravedad del fenómeno, al tiempo que no reconoce plenamente las deficiencias estructurales en las labores de búsqueda e investigación.
De acuerdo con los datos oficiales, el país acumula 394 mil 645 registros históricos, de los cuales 132 mil 534 corresponden a personas desaparecidas. Sin embargo, la interpretación de estas cifras ha sido objeto de cuestionamiento. En particular, el señalamiento de que una proporción significativa de los casos corresponde a ausencias voluntarias ha sido considerado por organizaciones como una forma de diluir la responsabilidad del Estado.
Este enfoque contrasta con lo advertido por el Comité contra las Desapariciones Forzadas de la ONU, que activó el artículo 34 al considerar que en México las desapariciones ocurren de manera generalizada, un mecanismo reservado para situaciones graves y sistemáticas.
Uno de los puntos más controvertidos es la reducción del universo de personas desaparecidas a 43 mil 128 casos “sin actividad a la fecha”. Para colectivos, esta cifra no solo simplifica el fenómeno, sino que invisibiliza la complejidad de miles de expedientes que permanecen abiertos o incompletos.
Especial preocupación generan los 46 mil 742 registros clasificados con “datos insuficientes”. Sobre estos casos, no se anunciaron acciones concretas de búsqueda, lo que, según denunciaron familiares, implica trasladar la carga de la localización a las propias víctimas indirectas. “Las deficiencias del registro son responsabilidad de las autoridades, no de quienes denuncian”, subrayan.
En materia de procuración de justicia, el dato de apenas 3 mil 869 carpetas de investigación activas también fue cuestionado. Lejos de interpretarse como una baja incidencia delictiva, colectivos sostienen que evidencia las barreras estructurales para denunciar: desde el miedo hasta la desconfianza en fiscalías presuntamente infiltradas por el crimen organizado.
A ello se suma el señalamiento oficial de que más del 90% de las personas reportadas han sido localizadas. No obstante, organizaciones de búsqueda advierten que una proporción considerable de estos hallazgos no es resultado de acciones institucionales, sino del trabajo de familias y redes comunitarias que operan, muchas veces, sin respaldo estatal.
En cuanto a las detenciones anunciadas, especialistas advierten que su valor como indicador es limitado si no se traducen en sentencias condenatorias. De acuerdo con el propio Comité contra las Desapariciones Forzadas de la ONU, la impunidad en estos casos supera el 99.9%, lo que refleja una falla estructural en el sistema de justicia.
Finalmente, los cuestionamientos coinciden en un punto central: la ausencia de una política nacional integral de prevención y erradicación de las desapariciones. Tanto colectivos como el Centro Prodh advierten que, pese a los ajustes en cifras y registros a lo largo de distintas administraciones, no se ha presentado una estrategia articulada que atienda las causas, garantice la búsqueda efectiva y combata la impunidad de manera sostenida.