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CIENCIA

Diagnóstico tardío, altos costos y estigma: neurodivergentes exponen deudas del sistema de salud

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Ciudad de México, Avanzada (27/03/2026).- La falta de diagnósticos oportunos, el alto costo de la atención y la persistente desinformación fueron señalados como algunos de los principales obstáculos que enfrentan las personas neurodivergentes en México, durante el conversatorio “Voces neurodivergentes: avances, deudas y retos en México”, realizado en el Palacio Legislativo de San Lázaro.

Desde distintas experiencias, las participantes coincidieron en que acceder a un diagnóstico adecuado en el país es un proceso tardado, desigual y, en muchos casos, inaccesible, especialmente dentro del sistema público de salud.

Uno de los principales problemas expuestos fue la falta de actualización entre especialistas, particularmente en condiciones como el autismo o el trastorno por déficit de atención e hiperactividad (TDAH). Según relataron, persisten estigmas de décadas pasadas que llevan a invalidar diagnósticos bajo criterios erróneos, como asumir que una persona no puede ser autista “porque puede hablar”.

Advirtieron que esta desinformación no solo retrasa la detección, sino que también desalienta a las personas a continuar con la búsqueda de atención, limitando su acceso a tratamientos, adaptaciones educativas o apoyos institucionales.

Las cifras expuestas reflejan la magnitud del problema. En México, una persona puede tardar en promedio hasta 14 años en recibir un diagnóstico de salud mental, mientras que en países europeos este proceso puede resolverse en menos de un año. Además, se estima que solo dos de cada diez personas con alguna condición reciben tratamiento adecuado.

A ello se suma la falta de reconocimiento institucional. Las participantes señalaron que, en muchos casos, el acceso a becas, medicamentos o ajustes laborales depende de que la condición esté formalmente reconocida como discapacidad, lo que deja fuera a miles de personas.

“El problema no es solo el diagnóstico, sino el reconocimiento. Sin eso, no puedes exigir derechos”, señalaron.

Otro de los factores críticos es el costo. En el ámbito privado, una consulta puede oscilar entre 500 y mil 500 pesos, mientras que terapias especializadas pueden representar gastos mensuales de hasta 4 mil pesos, una cifra inalcanzable para gran parte de la población, considerando que el salario mínimo diario en México ronda los 315 pesos.

En contraste, el sistema público enfrenta saturación, largas listas de espera y falta de cobertura, lo que obliga a muchas personas a trasladarse desde comunidades alejadas hacia centros urbanos para recibir atención, profundizando la desigualdad regional.

También se destacó la centralización de los servicios de salud mental. Mientras en la Ciudad de México existen más de 20 psiquiatras por cada 100 mil habitantes, en estados como Tlaxcala, Zacatecas o Chiapas la cifra es menor a uno, lo que evidencia una distribución desigual de recursos.

El impacto del diagnóstico tardío y la falta de atención va más allá de la salud mental. Durante el conversatorio se expuso la relación entre el estrés crónico, el trauma y el desarrollo de enfermedades físicas, así como el riesgo de suicidio, que en México figura entre las principales causas de muerte.

Asimismo, se abordó el estigma social y su traducción en distintos tipos de violencia. Las participantes denunciaron casos de violencia médica, donde profesionales de la salud invalidan síntomas o experiencias; violencia institucional, reflejada en la falta de accesibilidad y protocolos adecuados; y violencia familiar, derivada de la incomprensión y la falta de herramientas para acompañar a personas neurodivergentes.

En el ámbito educativo y laboral, los datos también son preocupantes: uno de cada tres estudiantes con TDAH abandona la escuela, mientras que solo uno de cada cinco adultos autistas logra acceder a un empleo.

Las participantes coincidieron en que la desinformación sigue siendo un factor determinante, no solo en el diagnóstico, sino en la forma en que la sociedad percibe la salud mental. Criticaron el uso cotidiano de términos clínicos como estigmas o bromas, así como la llamada “positividad tóxica”, que minimiza el sufrimiento emocional.

Finalmente, hicieron un llamado a las autoridades a reconocer la salud mental como una prioridad médica y no únicamente social, así como a implementar políticas públicas enfocadas en la prevención, la educación temprana y el acceso equitativo a diagnósticos y tratamientos.

“La salud mental es medicina”, subrayaron, al advertir que atender estas problemáticas no solo mejoraría la calidad de vida de millones de personas, sino que también podría incidir en la reducción de la violencia y otras problemáticas sociales a largo plazo.

Enlace para acceder al conversatorio: https://www.facebook.com/share/v/1C944N5P9C

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