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COLIMA

Colima bajo el flagelo del “levantón”: cuatro casos que reflejan la crisis de desapariciones

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Colima, México, Avanzada (21/03/2026).- La versión oficial de seguridad no siempre alcanza para explicar lo que ocurre en la calle. Mientras los números intentan mostrar una baja en la incidencia, en Colima la realidad cuenta otra historia: en las últimas semanas, una serie de privaciones ilegales de la libertad volvió a sacudir al estado.

El saldo es desigual. Hay rescates, sí, pero también personas que siguen sin aparecer. Y, en medio, una creciente presión social que ya se tradujo en bloqueos y protestas.

La frase se repite en cada caso: “se lo llevaron hombres armados”. Bajo ese mismo patrón, cuatro hechos recientes dibujan el mapa de la inseguridad actual.

El estallido en “El Limonero”

El caso más reciente —y el que más ruido ha generado— es el de Eduardo Ochoa, agroproductor de la comunidad de Cerro de Ortega. El domingo 15 de marzo, hombres armados lo interceptaron y se lo llevaron por la fuerza.

Desde entonces, no hay respuestas claras. Por eso, familiares y trabajadores decidieron pasar de la espera a la acción: bloquearon carretera Colima–Manzanillo, a la altura de “El Limonero”, en Tecomán.

La exigencia es directa: que aparezca con vida. El cierre carretero no solo visibilizó el caso; también golpeó el tránsito de mercancías hacia el puerto, convirtiéndose en un reflejo del hartazgo frente a la falta de resultados de la Fiscalía General del Estado de Colima.

Villa de Álvarez: a plena luz del día

Dos días antes, el viernes 13 de marzo, la escena fue distinta, pero el fondo el mismo. En Villa de Álvarez, sobre la calle Golondrinas, casi esquina con Guanajuato, un hombre fue interceptado por sujetos armados y obligado a subir a un vehículo.

Todo ocurrió frente a testigos. Hubo reportes inmediatos, pero no bastaron. Los agresores escaparon sin ser detenidos y, hasta ahora, no se tiene claridad sobre el paradero de la víctima.

Un operativo que sí dio resultados

No todos los casos terminan igual. El 17 de marzo, en Tecomán, un operativo conjunto de fuerzas estatales y federales logró liberar a un adolescente que había sido privado de la libertad.

Además, hubo tres detenidos, presuntamente vinculados a una célula delictiva. Es un ejemplo de que, cuando hay coordinación e inteligencia oportuna, la respuesta puede llegar a tiempo.

Cerro de Ortega: la frontera del miedo

Semanas antes, en febrero, la violencia ya había marcado esa misma región. En brechas cercanas a Cerro de Ortega —zona limítrofe con Michoacán— elementos de seguridad rescataron a dos hombres que habían sido privados de la libertad.

Fueron localizados con huellas de tortura. El hallazgo no solo evidenció la brutalidad de estos grupos; también confirmó que esa franja sigue siendo un corredor clave para sus operaciones.

Un estado en tensión

Los casos cambian de lugar, pero no de forma. Grupos armados que actúan con rapidez, en ciudad o en zonas rurales, y desaparecen sin dejar rastro.

A veces hay rescates. Otras, no. Y cuando no los hay, la presión social crece, como ocurrió con el bloqueo carretero.

En ese contraste —entre operativos exitosos y búsquedas sin respuesta— se abre una duda inevitable sobre la eficacia de las autoridades y la coordinación entre los distintos niveles de gobierno.

Mientras tanto, en Colima la espera continúa. Pero ya no es silenciosa: cada caso suma voces que exigen algo más que comunicados. Exigen resultados.

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