Colima, México, Avanzada (21/03/2026).- La tarde empezaba a apagarse en Tecomán cuando, bajo la sombra del árbol limonero, unas 80 personas se reunieron con una sola exigencia: que Eduardo “Edy” Ochoa vuelva a casa. No era una protesta más. Era la suma de la angustia, la incertidumbre y el cariño de quienes hoy sienten su ausencia todos los días.
Ahí estaban familiares, amigos, vecinos. Algunos con pancartas, otros simplemente con la mirada fija y el corazón apretado. Todos, sin excepción, compartían la misma esperanza: encontrarlo. Entre cartulinas y mensajes, se repetía una idea que no necesitaba explicación: “Edy no está solo”.
El ambiente era contenido. Por momentos, el silencio pesaba más que cualquier consigna. Y cuando alguien hablaba, no lo hacía con rabia, sino con esa mezcla de tristeza y urgencia que nace cuando la incertidumbre se vuelve rutina.
Yolanda Elizabeth Orozco Aguirre, amiga y vecina de Eduardo, tomó la palabra. Le costaba hablar, pero lo hizo.
“Queremos que aparezca, que lo regresen. Que nos ayuden a encontrarlo”. “Es una persona amable, siempre pendiente de los demás. De verdad, siempre ha estado para quien lo necesita”, dijo.
En pocas frases, lo describió completo. No solo como trabajador, sino como alguien cercano, de esos que dejan huella sin proponérselo.
Y es que la preocupación crece al pensar en su familia. Su esposa y sus hijos —contó— viven días especialmente duros, atrapados en la desesperación de no saber dónde está. Hay un detalle que pesa aún más: una de sus hijas tiene síndrome de Down. Para ella, la ausencia de su padre no es solo difícil de entender, es profundamente dolorosa.
Otro amigo, también cercano a la familia, lo recordó desde lo cotidiano.
“Es gente de trabajo, siempre en la agrícola. No sabe hacer otra cosa más que trabajar”, dijo. “Lo extrañamos mucho. Queremos que regrese, que todo vuelva a estar en paz”.
La manifestación transcurrió sin incidentes. Sin gritos, sin confrontaciones. Solo rostros cansados, miradas firmes y una esperanza que, aunque golpeada, sigue ahí. Porque al final, detrás de todo, hay una familia esperando. Hay amigos que no se rinden. Y hay una comunidad que, reunida bajo ese árbol, sigue creyendo —con todo lo que tiene— que “Edy” va a volver.