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COLIMA

El árbol de Navidad: el ridículo

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Columna

El puercoespín 

Gracias Indi 

Cuando vi la foto por primera vez no pude contenerme ¡Carajo! –grite en mis adentros–, esta mujer ya se vistió con su uniforme de camuflaje salvaje y se decidió a combatir al crimen organizado. Pasaron unos segundos y no pude contener la risa.  Estaba que me destornillaba de risa. Después de ver a Indi disfrazada prematuramente de árbol de Navidad uno no puede contenerse y la risa fluye como una bendición divina. Gracias Indi, no esperábamos menos de ti. 

La verdad, al verla, uno recuerda casi instantáneamente al Tío Cosa de la serie televisiva de los Locos Adams, aquel personaje amorfo, peludo, pero todo un caballero que enamoraba a las mujeres por sus buenos modales y lenguaje ininteligible; tampoco deja uno de evocar a los camuflajes salvajes de los militares y cazadores que se adentran en los terrenos enemigos.

Solo pude esbozar, cuando pude contener la risa, gracias Indi, no esperaba menos de ti.

El ridículo

Cuando un gobierno pierde la confianza de los gobernados ya no existe lo que los cuidadores de imagen llaman control de daños. Ya eso no es posible. La pérdida de confianza conduce inexorablemente a la pérdida del respeto.

Hace dos meses Indi, la Inútil, ya cruzó la línea del no retorno y no habrá poder humano que componga a este Gobierno, solo le resta el poder de Dios.

El Gobierno de Indi se decidió por el fracaso y sus actos han sido consistentes hacia esta meta.

Sus panegiristas, aduladores, verdaderos partidarios  y cuidadores de imagen a su servicio inmediatamente recurrieron a los mismos artificios que, por desgastados resultan inútiles, ociosos y más que representar una defensa se vuelven estereotipos desgastados que, por lo mismo, resultan más ofensivos y deprimentes como los concepto de “nuestra gobernadora” o “nuestra Colima”.

Si hubiera sido un hombre quien portara una vestimenta ridícula no la hubieran atacado tanto, dicen los defensores de la vía de género. Quienes, por cierto, obvian el descredito y la falta de confianza de la Góber, muy convenientemente, para usar los oportunistas conceptos políticos de género; se fijan en su vestimenta porque no quieren reconocer su obra transformadora y por ser diferente, dicen sus panegiristas de viaje, tan interesados, tan apasionados y emocionales como equivocados; los panegiristas incondicionales dicen que no se trata de otra cosa sino de una táctica de austeridad republicana que pretende de hacer sinergia entre el Mes de la Patria y dar un salto de la Revolución Mexicana para vincular a la patria con el mes del Niño Dios y de allí la consolidación del árbol de Navidad como el símbolo que sintetiza el amor más fraterno y profundo de los mexicanos y sus vínculos con Dios  –una maroma verdaderamente fenomenal–.

Indi fracasó con las finanzas públicas, no pudo con ellas, y 2023 será la acentuación y agudización de los males de las finanzas; la seguridad pública es patética, no más que decir; y el resto de la administración transita con la inercia del trabajo cotidiano de los burócratas.

Indi ya llegó  al peor espacio donde un político puede estar: el ridículo.

A un político no le importa que lo etiqueten como corrupto, para eso existe la impunidad; no lo importe que lo tilden de inútil o inepto, para eso están los pretextos; no le importa que le reclamen sus promesas incumplidas, para eso está el cinismo.

Lo verdaderamente importante para un político es no hacer el ridículo porque entonces rebasaría a sus críticos y a sus caricaturista y sería ubicado en el pináculo de la estupidez. Indi lo logró, hizo el ridículo como política y eso la sociedad no lo perdona.

De nuevo de viaje

Indi entiende a la política como un juego entre la estupidez y la necedad. El día 17 de septiembre dejó de nuevo el estado para viajar a la CDMX para participar en un evento de su partido mientras en Colima sufrimos siete eventos de alto impacto: cinco asesinatos, una mujer baleada y un secuestro. Pero ella pondera más su proyección política y no le importa su estado que pretende gobernar.

En las redes apareció al lado del más corruptos de los morenistas, el nachista, priista Guillermo Toscano quien a puñetazos y patadas doblego a sus compañera de bancada legislativa para aprobar el endeudamiento que hoy nos tiene sumidos en una de las peores crisis financieras, la gente no olvida. Indi y Memo muertos de la risa en la CDMX mientras en Colima, en promedio, ese día tuvimos, cada tres horas con cuarenta minutos, un delitos de alto impacto. Y la Góber divertida en la CDMX junto a su corrupto compañero de partido, como todos los que fueron a ese evento que, no está de demás decir, que fueron electos con base en la compra de votos, es decir, con base en la trampa, por tanto, no representan a nadie. 

El vestido, el árbol de Navidad 

A Indi nadie la respeta porque ella no respeta a nadie. Es cierto, las burlas y los comentarios a su ridícula figura, dignos del outfit del Tío Cosa y de un militar calzando en camuflaje salvaje, son las burlas una mujer merecedora del insulto, pues ella no ha sabido llevar la investidura gubernamental. No sabe el daño que le causa. Dirán que los anteriores gobernadores tampoco respetaron la investidura, y es cierto, ni Moreno Peña ni Silverio ni Nacho Peralta ni Griselda álvarez supieron respetar la investidura, lo cual no implica que ella tiene permiso para humillar y ofender la investidura gubernamental.

La risa y las burlas de los colimenses es  la respuesta a sus poses ridículas, propias de una adolescente canéfora, caprichuda, inepta e inutil. Múltiples pruebas públicas existen de sus formas de proceder.

El demiurgo que confeccionó el vestido podría haber hecho otras creaciones dignas de crédito, pero su sola autoría y su nombre no salvan a la prenda ni a la Góber de haber lucido un outfit ridículo, y quién sabe de qué magnitud el costo al erario –se calcula entre 80 y 100 mil pesos–, que sería lo verdaderamente importante, el costo, porque se trata de dinero público tirado a la basura, pues su uso, su malogrado uso, solo se remite a unas cuantas horas. 

Por lo pronto el outfit me hizo reír hasta desternillarme de risa. Gracias Indi.

Hacer el ridículo es lo peor que le puede ocurrir a un político. Indira ya franqueo esa línea también.

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