Columna
El puercoespín
Estamos a casi un mes de haber cumplido un año en que fue electo el actual gobierno estatal; sin embargo, nada hay por celebrar.
Por primera vez estoy totalmente de acurdo con el gobierno estatal y en su decisión de haber dejado pasar el primer aniversario de su elección calladitamente, pues no hay nada que celebrar.
El no haber abierto la boca y haber permanecido calladitos es una buena decisión, pues la situación tan precaria del estado es la muestra más clara de la profunda crisis política y de seguridad por la que atraviesa el estado.
Este gobierno es tan malo como el de Nacho Peralta. Los priista y panistas alegan que es peor, los morenistas reivindican su derecho a ser tan malos gobernantes como los del Prian, pero lo que los salva es su poco tiempo en el gobierno, según ellos. Creo que ya nos estamos entendiendo.
En Colima tanto la derecha como la izquierda reconocen, de fondo, que son pésimos políticos e ineficaces gobernantes. El debate para definir cuál es el más malo, o peor de ambos, habla de la pobreza política de la sociedad política colimense.
Los ciudadanos solo vemos, en Colima, malos políticos prianistas y malos políticos morenistas, –y satélites que los orbitan– que están colmando la paciencia de los colimotes.
Es decir, que el debate no es sobre políticas públicas, ni nada por el estilo, sino cuál de los dos proyectos es peor.
El dilema no es tal dilema, no se trata de cual es peor. Ambos son tan malos que los ciudadanos estamos pasmados sin saber qué hacer para librarnos de toda esta bola de sinvergüenzas.
De ahí la importancia de la revocación de mandato. Los ciudadanos no tenemos otra que luchar con todas nuestras fuerzas para que los ciudadanos podamos contar con instrumentos democráticos para poder censurar y destituir a los malos funcionarios públicos y acotarlos con nuestra participación.
Está claro que los político nunca van han entender, si los ciudadanos no actuamos ellos continuarán con sus abusos.
Espina uno.- De acuerdo con Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación en Colima existen dos delincuentes electorales destacados que violentaron las leyes electoral en el pasado proceso dedicado a la revocación de mandato del presidente Andrés Manuel López Obrador. Dicho tribunal instruyó al Congreso del Estado para que sancione a la gobernadora por haber intervenido en el proceso, pues el ejercicio constitucional es de competencia exclusiva de los ciudadanos.
Lo más normal que ocurra es que el Congreso hará todo los posible, primero, por dilatar el proceso lo más que pueda; segundo, tratará de evadir su responsabilidad al máximo para evitar acatar la resolución del tribunal; tercero, si llega a aplicar una sanción será la mínima y de risa local. El Congreso estará firme en su papel de lamesuelas del Poder Ejecutivo y fiel a su espejo desde los tiempos del Prian. Los morenistas, hoy en el poder, demostrarán que no tienen la más mínima intención de darle vida digna al Congreso.
El otro funcionario señalado como delincuente electoral es el vulgar subsecretario de Cultura, Emiliano Zizumbo Quintanilla, que leal a sus pensamientos y en consecuencia con ellos, violentó la ley electoral al haber publicitado en sus redes sociales propaganda considera indebida, ya que, promoción el proceso siendo funcionario público y además lo hizo en tiempos de veda electoral.
Colima cuenta con dos delincuentes electorales que con sus acciones lejos están de ser miembros de una nueva generación de políticos demócratas que pretendan transformar a Colima y al país.
Morena debe ser más cuidadoso en proyectar a sus cuadros para transformar la vida pública, pues con estos dos delincuentes electorales lo único que podemos esperar es que repitan la historia del Prian.
Morena debe tener bien presente que el PRI se comportó como todo un maestro de la delincuencia electoral y la sociedad lo sacó a patadas del poder, el PAN se comportó como un aprendiz de delincuente electoral y la sociedad lo sacó a patadas del poder. Morena va por el mismo camino, su tiempo en el poder podrá ser muy breve, pues la sociedad está en niveles de madurez política muy profunda.