Columna
El puercoespín
El acoso sexual es un monstruo que tiene mil cabezas y sus cimientos vienen desde lejos y su combate, luego entonces, es una tarea titánica, lenta, difícil y llena de emociones encontradas que someten a la comunidad a tenciones y pruebas que tienen que enfrentar y superar. Su solución no es una simple aplicación de la ley y retirar a los culpables, esa es solo la primera parte de un proceso doloroso y complejo.
Hacer campañas contra el acoso en los medios y pedir su denuncia ante las autoridades educativas y judiciales es fácil, lo complicado es que las víctimas sean acompañadas y llevadas a zonas de confort que las saque del infierno de lo que es el acoso.
Los políticos particularmente regidores y diputados están más ocupados por usar el asunto para sacarle raja política y propaganda para sus partidos que buscar erradicar verdaderamente la violencia de género producto del acoso sexual.
En marzo del presente año un grupo de chicas del Instituto Universitario de Bellas Artes (IUBA) armadas de valor y creyendo en las promesas de las y los políticos decidieron hacer públicas sus denuncias de acoso sexual de varios de sus maestros.
La respuesta de las autoridades universitarias fue la correcta, pues prometieron cero tolerancia al hostigamiento sexual, acoso sexual y discriminación en la Universidad de Colima y la disposición de los instrumentos institucionales para presentar las denuncias correspondientes.
Por su parte algunos colectivos feministas como Colectiva Decide, Voces Feministas en Aquelarre y el Instituto Colimense de las Mujeres se pronunciaron por atender las justas demandas de las alumnas, ofrecieron acompañamiento e invitaron a presentar las denuncias correspondientes, en su caso, y lo hicieron.
Las autoridades universitarias hicieron su parte. Enviando primeramente un abogado y a una psicóloga para hacer una investigación y dar respuesta a las denuncias y acompañar a las presuntas víctimas y a los muchachos que convivían en el ámbito escolar.
También lo hizo el Instituto Colimense de las Mujeres, cosa que veo con mucho agrado que así sea, pues de las declaraciones pasaron a los hechos como debe ser, y también enviaron a un abogado y a una psicóloga para dar acompañamiento a las presuntas víctimas del acoso sexual.
El resultado fue la separación del trabajo de dos maestros, es decir, que dos maestros fueron cesados como consecuencia de las denuncias y derivado de las investigaciones correspondientes.
Se sabe del cese de los maestros, pero no se sabe si estos fueron denunciados penalmente o en qué ha concluido este penoso episodio. Se sabe también que uno de los maestros todavía sigue ostentándose y usando el prestigio de la institución colimense.
El dolor soterrado
Recientemente, para ser más precisos el 7 de mayo, muere un querido profesor de la institución que puso las emociones encontradas de los maestros y alumnos del Iuba en su punto más álgido. Las emociones encontradas eran tan fuertes que en las redes se llegó a acusar a algunos alumnos, por parte de los maestros, que la muerte del querido y respetado profeso había sido producto de la pena causada por los denunciantes que había enrarecido el ambiente emocional en la institución. No olvidemos que las personas que laboran y concurren a estas instituciones son particularmente emocionales, propios del temperamento del artista.
Lo cierto es que a raíz de la cesantía de los maestros, presuntamente culpables de acoso sexual, las conductas de los maestros cambió, con un grupo especialmente, que en forma francamente hostil empezaron a ejercer violencia emocional contra los alumnos al ignorarlos –al grado de evitar el contacto visual–. Los maestros más hostiles son los encargados de las clases prácticas. El ejercer el vacío e ignorar a los alumnos –los alumnos sostienen– es una venganza tácita porque los maestros ven en los alumnos una amenaza.
Los muchachos intentaron un performance de danza para que fuera visto por el maestro Zamarripa, sin embargo, todos los maestros se asocian para que el maestro no lo vea. Y si no lo ve, la protesta no existe. No pasa nada.
Los muchachos del Iuba se sienten más hostigados cuando se realizan las muestras escénicas donde de plano los maestros optaron por no asesorar a los alumnos y abandonaron el ensayo general en un franca confrontación emocional con los alumnos.
Combatir el acoso sexual no es fácil, su arraigo cultural es muy fuerte. Es entendible la actitud de los maestros, pero es injustificable, pues situaciones tan graves como el acoso sexual debe tratarse con mucho cuidado. Yo creo que la Universidad, y su rector en particular, lo están haciendo bien, pero la profundidad del tipo de problemas, como el acoso, necesita de una atención más sistemática y endémica para evitar esto tipo de situaciones.
La universidad va bien al tomar el problema por los cuernos, las instituciones como ICM también está bien al brindar acompañamiento, ahora toca, después de haber tomado las difíciles decisiones de separar a dos maestros de la institución, volver a retomar el tema y darle seguimiento para que se rompa con la inercia cultura de seguir solapando las conductas de acoso sexual que se aprueban como algo correcto. El acoso no es normal. Definitivamente el acoso está mal y debe denunciarse y destruirse esa cultura que causa dolor y frustración en los más débiles, las y los alumnos.
La Universidad va bien, ahora debe ser consistente su apoyo a las víctimas y no hay vuelta de hoja, el acoso sexual no es normal, no está bien.
Así como hizo con las pensiones de niños de padres divorciados e institucionalizó la justicia para los hijos de matrimonios fallidos, así debe actuar a favor de las víctimas de acoso. Yo no creo que los papás universitarios estén muy contentos con que les descuenten directamente la pensión alimentaria de su salario directamente, pero todos, en el fondo, están de acuerdo que la institución es justa en esa acción. La medida es institucional más allá de filias y fobias personales.
La Universidad debe ser consistente y erradicar el acoso y debe cuidar de los más vulnerables, las y los alumnos.
Las muchachas y muchachos merecen ser escuchados y atendidos plenamente, no solamente a ratos y parcialmente, la Universidad tiene la gran oportunidad de hacer historia en esta materia.
*Imagen tomada de redes sociales.