Columna
El puercoespín
La nota en los medios, el ocho de marzo, no fue la violencia de las vestidas de negro y armadas con martillos. La noticia fue nuevamente las reivindicaciones de las mujeres en busca de una sociedad más equitativa.
En el 2020 marcharon 80 mil mujeres en la CDMX, en este 2022, la cifra fue menor (75 mil), pero el asunto no es de cuantitativo sino cualitativo.
Antes de la pandemia la marcha fue asaltada por las mujeres de negro y armadas con martillos que terminó siendo la noticia y dejando a un lado los reclamos verdaderos de las mujeres. Las manifestaciones feministas son más cercana a la izquierda por sus reclamos de equidad y justicia, pero las violentas convirtieron el evento en una protesta antigobiernista de derechas que convirtió al conservadurismo en un militante de izquierda oportunista. Su objetivo era claro, presentar ante la sociedad mexicana y las sociedades del mundo que México estaba en llamas. En el 2022 lo volvieron a intentar, pero fracasaron.
El fracaso de los conservadores y las violentas se debió a que el movimiento feminista se puso las pilas y se deslindó, por la vía de los hechos, de estas mujeres violentas que vieron frustrados sus objetivos.
A las violentas se les vino el cielo encima. Y esto fue literal, pues en un acceso del metro Hidalgo al demoler éstas una estructura de cristal los vidrios le cayeron sobre su humanidad poniendo en riesgo su integridad física.
Al día siguiente intentaron de nuevo una huelga nacional similar a la realizada en 2020 donde el gobierno, universidades y empresas privadas se vieron presionadas a ceder el día a las mujeres presionados por la fuerza del movimiento feminista auténtico, pero también por el movimiento golpista que tenía, entonces, en sus manos la agenda política del movimiento de las mujeres, pues muchas mujeres de izquierda, militantes, sobre todo, del partido Morena, cayeron en el error de apoyar a las violentas creyendo que serían rebasadas por las iracundas.
En este año 2022 solo unos cuantos intentaron repetir la huelga de 2020 para visibilizar la importancia de las mujeres en la sociedad.
Solo pondré algunos ejemplos para hacer el comparativo. Este año solo el Congreso de la Unión permitió la falta al trabajo de sus empleadas y de legisladoras; también lo hizo una hipócrita cadena de televisión (MVS) que en el colmo de la hipocresía intentó mostrarse democrática y sensible al trabajo de sus empleadas; sin embargo, de todos es conocida la historia del despido y defenestración de Carmen Aristegui en los tiempos de Felipe Calderón por parte de esta hipócrita empresa; otro caso lo es el de la Universidad de Guadalajara que también les concedió el día a sus empleadas para también mostrarse sensible a las reivindicaciones de las mujeres, pero épica fue la protesta de las mujeres en la rectoría de dicha universidad reclamando la escaza atención de sus autoridades a las denuncias de acoso hecha por las trabajadoras y alumnas de dicha universidad, evidenciando la actitud hipócrita de la institución educativa.
La huelga del día después de este año no tuvo mayor efecto, demostrando que el paro del 2020 fue estrictamente oportunista e hipócrita, lejos de la sensibilidad a las demandas de las mujeres.
La hipocresía no funcionó este año.
La violencia no les funcionó tampo este año. Ya no fueron nota. La noticias volvieron a ser las demandas de las mujeres en la sociedad donde la violencia del crimen organizado ha alcanzado niveles alarmantes y donde las mujeres como eslabones más débiles están recibiendo fuertemente el castigo de una sociedad violenta culturalmente –representada por el machismo secular–, pero hoy, exacerbada la violencia producto del narcotráfico creciente.
Quizá la violencia esté llegando fuertemente a las mujeres porque el narcotráfico está colonizando a las clases medias y en ella se encuentran bastantes jóvenes aspiracionistas que se relacionan directamente o indirectamente en actividades del narcotráfico, y ello, sumado a la sociedad culturalmente patriarcal eleva exponencialmente la violencia sobre las mujeres particularmente, más que sobre los hombres. No tengo datos duros, es solo una apreciación producto de mi intuición, pero pronto se podrán tener datos estadísticos, de eso sí estoy seguro.
Fracasaron los hipócritas y las violentas porque la derecha está fracasando culturalmente. Muchos se han atrevido a señalar que los acontecimientos sucedidos en el estadio La Corregidora de Querétaro es un reflejo de la sociedad mexicana; son los mismos que sostienen que la violencia de las mujeres es un reflejo de la violencia de la sociedad actual; son los mismos que sostienen que los periodistas que están reivindicando la mentira y la difamación son reprimidos por el Estado porque éste pretende limitar la libertad de expresión; son los mismos que están pidiendo enviar armas a Ucrania para combatir a los rusos; son los mismos que piden lanzar una ofensiva militar contra el narcotráfico; en síntesis, son los violentos que se quejan de la violencia, pero están dispuestos a ejercer violencia para derrotar a la violencia.
Fracasaron las mujeres violentas y el movimiento auténtico de las mujeres recuperó su agenda y la síntesis de las manifestaciones fue el abrazo que se dieron dos mujeres, una manifestante entregándole flores a otra mujer encargada de la seguridad.
Para los violentos la manifestación fue un fracaso porque ellos quieren reventar al país y sumirlo en una espiral de más violencia. Fracasaron porque la esencia de la manifestación fueron las mujeres y su lucha y no la violencia que ellos pregonan.
En Nuevo León, el impresentable de Samuel García, se dio el lujo de no reprimir a las mujeres que quemaron el palacio de gobierno del estado. Ni gente tan limitada como Samuel García cae en sus provocaciones.
La violencia de las mujeres de negro fracasó, los hipócritas fracasaron. Las ganadoras son las mujeres porque recuperaron su movimiento que, más temprano que tarde, se verá reflejado su esfuerzo en la equidad económica con el hombre en el marcado laboral y en muchos otros espacios.