De manera inopinada todos candidatos a la gubernatura de Colima han sentido un súbito amor por Manzanillo. Locho dijo que la Secretaría de Turismo funcionaría en Manzanillo y que él como gobernador prácticamente despacharía en Manzanillo; Virgilio Mendoza dijo algo muy similar; Claudia Yáñez no se quedó atrás y habló de desarrollar a Manzanillo; Mely está en el mismo tono y no se diga la abanderada de Morena, además, todos han iniciado su campaña prácticamente en Manzanillo. Todo indica que Manzanillo se puso de moda. A los candidatos les vino un súbito y ferviente amor por Manzanillo. ¿Por qué tanto amor? ¿Algo quieren?
Cuando Miguel de la Madrid Hurtado fue presidente de la República se construyó la autopista Manzanillo- Guadalajara, siendo entonces, la mayor inversión inyectada a todo el estado de Colima. La autopista sacó del aislamiento a Manzanillo y se volvió un destino de playa muy competitivo con Puerto Vallarta. Los tapatíos ya no solo miraban Puerto Vallarta sino que tenían a su alcance una playa más cerca, económica y atractiva.
El uno de enero de 1982 fue puesta en marcha la termoeléctrica general Manuel Álvarez Moreno que produce el 7% del total de capacidad instalada de la CFE y abastece a los estados de Michoacán, Jalisco, Zacates y Aguascalientes, es decir, cubre las necesidades de energía eléctrica de 9.8 millones de usuarios.
En 1994, en tiempos del presidente Zedillo, se constituye la Administración Portuaria Integral de Manzanillo (APIMAN) que convirtió a Manzanillo en uno de los más importantes puertos del Pacífico y de todo el país. Pues cerca de 40 empresas navieras operan en el puerto.
Manzanillo previamente había iniciado su boom turístico con la inauguración del hotel Las Hadas –diseñada por el arquitecto José Luis Esquerra- propiedad del rey del estaño Atenor Patiño en marzo de 1974.
Manzanillo tuvo un impulso y una definición turística en la década de los setentas y en la década de los ochenta se fomentó la industria eléctrica y en la década de los noventas se propició el comercio con la creación de la APIMAN. Estas acciones han situado a Manzanillo en la triada del desarrollo con tres perfiles diferentes: industrial, comercial y turístico. Al parecer el comercio y los servicios van ganando terreno pero sin dejar atrás el industrial. La actividad económica primaria está muy rezagada.
Todo lo anterior ha traído problemas del éxito pues hacia 1980 Manzanillo apenas contaba con 39 mil habitantes; en el año 2000 aumentó 2.6 su población; para el 2010 ya contaba con 140 habitantes y en el 2021 su población llega a 191 mil habitantes. Su crecimiento población ha sido portentoso. Lo mismo ha ocurrido con el uso del suelo pues en 1980 tan solo ocupaba 180 hectáreas y en el año 2010 ya tenía en uso habitacional 3 mil 600 hectáreas.
El crecimiento comercial ha traído progreso económico pero también corrupción que se ve reflejada en la violencia cotidiana y el manejo corrupto de las aduanas, que su desatención ha permitido la libre actuación del crimen organizado. La operación del comercio ha crecido en flujo de capital pero también de violencia y tráfico de drogas que ya es un problema social.
Hasta ahora ningún candidato ha hablado de cómo armonizar estos distintos Manzanillos que han perfilado a través del tiempo. Por parte de los candidatos no sabemos qué idea tienen si se van por la vía de industrializar el puerto, o si es mejor impulsar el, hasta hoy, muy exitoso movimiento comercial de distribución de carga marítima y terrestre. O si definitivamente optan por un desarrollo turístico que también es muy exitoso.
La verdad es que solo hablan generalidades.
Por lo pronto el crecimiento industrial, comercial y turístico ha traído la conformación de varios Manzanillos el de la opulencia y el de la indigencia y precariedad.
El Manzanillo de hoy es un Manzanillo con serios problemas de movilidad, de asentamientos humanos y de seguridad pública, pero que está más politizado y en la búsqueda de equidad y justicia. Es decir, borrar las brechas entre los distintos Manzanillos. Manzanillo entró en una transición política desde las elecciones de julio de 2018 y su futuro será tan cierto como sus decisiones electorales futuras. Ya conoció la transición y decidirá en consecuencia.
Por otro lado, a los candidatos no les importa definir la vía o la armonización integral de las tres vías sino los votos potenciales que subyacen en su población creciente desde 1980. Manzanillo es para los candidatos una bolsa llena de votos, nada más. Su desarrollo es lo de menos.
Van por los votos no por mejorar Manzanillo. La demagogia está encarnada en los candidatos. No buscan transformar Manzanillo solo buscan hoy enamorarlo y ya en el poder: la vida seguirá igual.