Columna
El puercoespín
El voto de Ricardo Monreal contra el plan B electoral de Amlo es un voto contra, no solo la propuesta electoral, sino contra todo el proyecto de la Cuarta Transformación.
Al votar en contra del plan B se puso del lado de Dante Delgado, Xóchitl Gálvez, Lilly Téllez y Germán Martínez, entre otros impresentables miembros de la oposición. Lo que hizo Monreal fue solo el ridículo.
De los ocho senadores de Morena que todavía lo apoyan solo tres votaron con él en contra del plan B. Esto es importante porque la Cámara de Senadores la conforman 127 miembros, de los cuales 60 son de Morena (47.24 %), y ser el coordinador de casi la mitad del toral y solo haber sido acompañado por tres –aunque se habla de ocho incondicionales– la realidad es que este político ha perdido los concesos entre la bancada de Morena y su presencia como coordinador ya no se justifica. Su posición está fuera de lugar, pues no representa ni lidera nada dentro del grupo de Morena.
El haber estado, desde algún tiempo atrás, con dios y con el diablo, lo llevó al fracaso, o sea, se quedó como el perro de las dos tortas o el perro sin hueso.
Ambas partes le perdieron la confianza.
Sus posturas ambiguas lo pusieron fuera de la jugada. Hoy solo parece estar en esa posición (coordinador parlamentario y presidir la Jucopo) es porque la Junta de Coordinación Política junto con la Mesa Directiva son quienes manejan el presupuesto y tienen en esas posiciones una visibilidad de promoción y proyección política nacional.
Ricardo Monreal se fue quedando solo por decisión propia, sus vínculos con Santiago Creel y con Claudio X. González lo llevaron a crear vínculos concretos con el enemigo número uno de la Cuarta Transformación. Jugó con fuego y se quemó. El haber votado en contra del plan B con el argumento abstracto, carente de significación, de decir que él apoya la Constitución lo ubicó en el ridículo, pues su argumento está descontextualizado de lo que se juega, políticamente hablando.
Quedó mal con sus amigos de la derecha y quedó mal con Morena. Lo que se vislumbra en el corto y mediano plazos es que Morena y el presidente lo están dejando a que él decida cuándo y en qué condiciones se va. Ricardo Monreal se pasó de listo y tendrá que afrontar las consecuencias. Monreal olvidó que el fiel de la balanza es el pueblo, no el sentido abstracto de un ente solo en las conciencias, sino el pueblo en el sentido de gente que toma decisiones y que vota y en consecuencia es el que pone y el que quita de los puestos políticos, más allá de la retórica, es un ente activo y actuante que obliga a los actores políticos a definirse.
La línea que fue transitando Monreal fue definida con anticipación por Gibrán Ramírez, su vocero oficioso, que en sus textos públicos ya se encontraba en el nivel de los comentócratas de la talla de Aguilar Camín o Denise Dresser, es decir, en el insulto y la descalificación del presidente de México y del movimiento de la Cuarta Transformación.
Ricardo Monreal se pasó de listo y tendrá que asumir las consecuencias, solo un milagro o de plano una postura lambiscona y plenamente oportunista y convenenciera lo retornarán a las filas de Morena con plenos derechos.
Sus amigos de la derecha, particularmente Jesús Zambrano lo empezó a defenestras por haber tomado posturas ambiguas.
La realidad es que Monreal quedó mal con la derecha conservadora y reaccionaria e insultó a Morena y a los partidarios de la Cuarta Transformación.
Por lo que se observa Morena está dejando que el tiempo haga su trabajo y el senador entienda que sus tiempos y oficios en la fracción parlamentaria ya terminaron. De él dependerá si se retira, todavía con cierto decoro, o termina por acumular errores y liquida el capital político con el que aún cuenta.
En síntesis, Ricardo Monreal se pasó de listo.
Cada vez la figura de Monreal se está volviendo más chiquita, sus propias acciones lo están evidenciando, además carece de carisma político.