Connect with us

COLIMA

Cuando se pierde a un amigo o el arte de volverse tarúpido 

Published

on

Compartir:

Columna

El puercoespín 

¡Las están matando!!!

Esa frase que tengo bien gravada en mis recuerdos. La repitió una y otra vez un amigo cuando discutimos por última vez en mi cabaña, allá por los rumbos del ejido Fernández.

Ese día libré el último de mis debates con mis amigos de izquierda. Yo me oponía rotundamente a las practicas vandálicas y violentas de las mujeres que rompían todo lo que les ponía en enfrente. Eran una expresión desesperada –decían ellos– de las mujeres que clamaban ayuda porque la violencia era insoportable y había llegado a su límite. Eran las mujeres en su expresión más auténtica y preclara de que ya no estaban dispuestas a soportar la carga de la violencia machista y del Estado patriarcal. Eran mujeres de negro y bien equipadas para destrozar todo incluido monumentos históricos y obras de arte.

Ellos –mis amigos– las defendieron argumentando que los edificios eran simples piedras sin valor frente al enorme valor de la vida de las mujeres humilladas y matadas a diario, producto de la violencia de los hombres malditos. 

La Marabunta, equipo de hombres bien equipados, hacían las veces de protectores de las mujeres “guerreras y libertarias” que estaban defendiendo una causa justa y noble bien probada.

¡Las están matando!!!

Entiende, me decían, las están matando, y a continuación subían el volumen para convencerme. Luego, más serenos, me recitaban las estadísticas –creciendo a gran velocidad– de los feminicidios  en todo el país.

Yo les argumentaba, una y otra vez, que estaban equivocados que se trataba, simple y llanamente, de mujeres pagadas y organizadas por la derecha para romper las marchas de las mujeres que luchaban auténticamente por reivindicar sus valores, sus derechos y su dignidad de mujeres.

El tiempo pasó y todos cambiamos. 

En la última marcha de la izquierda, la marcha gigante de la izquierda que, es ya la más importante de la historia reciente, las mujeres vandálicas y falsas defensoras de los derechos y libertades de género sencillamente no se aparecieron, porque simplemente hicieron cálculos y de haberlo hecho habrían sido arrasadas y borradas del mapa por la mayoría pacífica de la izquierda mexicana que sostiene un proyecto claro por el bienestar social.

Mis amigos cambiaron, ya no gritan, ¡las están matando!!! Ya se les olvidó –eso yo creo– porque están colaborando con un gobierno que ni ve ni oye a las mujeres. Un gobierno que se apoyó  en las mujeres, que apeló a la mayoría de las mujeres en el padrón electoral y muy oportunistamente se montaron en las demandas de las mujeres para hacerse del voto femenino. Hasta  torcieron el lenguaje –donde se excluye a los hombres– para, vaquetonamente, decirse sus defensoras y líderes auténticos. Nuestra Colima fue la frase que usaron como consigna, dicho sea de paso, resulta chocante y de mal gusto. 

En el peor de los oportunismo, la entonces candidata, llegó a prometer a los desvalidos y que menos tienen y a las mujeres violentadas en el hogar por hombres deshumanizados que convertiría la Casa de Gobierno de Colima en un espacio más para los más vulnerables. La promesa la hizo emulando a Amlo que ofreció entregar Los Pinos a los ciudadanos y cumplió, pues ni un pie puso en esa Residencia Oficial de Los Pinos que, desde el primer día del gobierno de Amlo, funciona como Complejo Cultura Los Pinos y donde ya ponen sus pies los hombres y mujeres más vulnerables simbolizando la democratización del poder político.

Sobra decir que la Casa de Gobierno de Colima se quedó para uso personal de los nuevos ricos en el gobierno, pues los pobres y más vulnerables pueden esperar seis años más para que les hagan justicia.

Mis amigos enmudecieron, ya no gritan: ¡las están matando!!!

Callán porque forman parte de las complicidades de un gobierno fracasado que tiene a Colima en los índices más altos de criminalidad. Colima se volvió un estado peligroso para todos, pero mucho más peligroso para los niños y las mujeres 

En los primeros once meses transcurridos, 2022 ya se convirtió en el año con la cifra más alta de asesinatos desde que se tiene registro en el último cuarto de siglo en esta entidad, con un total de 823 víctimas de ese delito: seis más que las 817 personas privadas de la vida a lo largo de los doce meses de 2017, cuando se había cometido el mayor número de crímenes.

Asimismo, 2022 también es ya el año más letal para la población colimense del sexo femenino, pues en lo que va del año ya se contabilizaron 100 asesinatos de mujeres —82 de ellos clasificados como homicidios dolosos y 18 como feminicidios—, cantidad que rebasa las 98 víctimas registradas en 2020.

Los datos, que abarcan el periodo del 1 de enero al 1 de diciembre de este año, fueron dados a conocer en rueda de prensa este viernes por el vocero de la Mesa de Construcción de Paz y Seguridad del estado de Colima, Francisco Javier Almazán Torres.

A mis amigos no les importa que las estén matando. Ya lo superaron.

A mis amigos ya no les duele la muerte de las mujeres, pues prefirieron ser cómplices de un gobierno farsante que, se dice de izquierda, y está resultando más omiso y más incapaz, pero mis amigos lo apoyan porque están en el gobierno y esa es su decisión personal que se respeta.

No gritan ahora que las están matando, ahora gritan que están transformando a “nuestra Colima” con un gobierno que no entiende, no apoya y es insensible de las causas de las mujeres.

Mis amigos, ahora, defienden lo indefendible atacando al mensajero. Dicen, sostienen en público lo insostenible, ¿qué asumirán en privado? Será que en privado reconocen la realidad desastrosa de este gobierno priista que se dice de izquierda. No ven, acaso, que en la nómina del gobierno del estado están los mismos sinvergüenzas de siempre y con el agregado de nuevos ineptos, parientes incluidos, y amigos de la gobernadora. Que habría que reconocerle que rompió récord, pues en tan solo un año ha demostrado su ineficiencia e incapacidad de gobernar.

¿Qué voy hablar en el futuro inmediato –dentro de cinco años– con mis amigos?

Yo imagino que nada, pues nada tengo que hablar. Pues lo que dicen en público es una cadena de actos cómicos insostenibles ni en público ni en privado. Hablarán en privado de la realidad lacerante y peligrosa para las mujeres y los niños, seguirán siendo los taimados personajes con los que compartí el destino hace apenas unos años.

¿Qué voy hablar con ellos?, pues no sabré cuando mienten y cuando estarán hablando con la amistad de por medio. 

Tal vez hablaremos de estupideces y haremos como que nada pasó y nuestra amistad esta incólume. Imaginaremos que no insultaron a nadie. Creeremos que seguimos siendo los mismos como si el sexenio de Indi no pasó y nos inventaremos simulacros.

¿Ya perdí a mis amigos? No lo sé.

O simple y llanamente daremos vuelta a la página y nuestras conversaciones serán propias de unos tarúpidos, esa maravillosa palabra inventada por Efraín Huerta que sintetizó en una sola lo que llegamos a ser: unos tarados y estúpidos, tarúpidos.

Ya perdí a mis amigos, pues hoy solo los veo insultando y diciendo pendejadas por tres pesos.

Si no me reconocen en la calle los comprenderé y se los agradeceré. Su involución ha sido épica. 

Compartir:

UNIVERSIDAD DE COLIMA

Más leidas

Copyright © www.diarioavanzada.com.mx

Discover more from Diario Avanzada

Subscribe now to keep reading and get access to the full archive.

Continue reading