Columna
El puercoespín
La marcha del domingo 27 de noviembre demostró nuevamente que México no está polarizado, que quienes insisten en la polarización son los líderes de los partidos políticos –sobre todo–, los comentócratas y los intelectuales de derecha. Son ellos los heridos y los propagadores del odio y el encono; sin embargo, después de la marcha de la izquierda México dijo no a la violencia y sí a la política.
Independientemente del número de marchantes, algo quedó muy en claro, en México el grueso de la población está politizada y se manifiesta públicamente para ejercer su opinión y su posición frente a una minoría que quiere seguir llena de privilegios y de negarle la participación a la mayoría.
La marcha del 27 demostró que, los portadores y propaladores del odio, son los políticos como Marcos Cortés líder del PAN, Vicente Fox Quesada, Claudio X. González y Felipe Calderón, entre otros, que alimentan a sus seguidores de mentiras, calumnias, entre otras vilezas; sin embargo, ante la cantidad tan impresionantes de gente de izquierda manifestándose su odio se volvió muy chiquito, su veneno apenas les alcanza para surtir a sus propios seguidores ávidos de odiar.
La derecha reaccionó de diversas maneras, pero todos impactados por la realidad dominante: México tiene una sociedad que se informa, piensa y actúa, es decir, que está altamente politizada. Y gente como Cortes, Fox, González y Calderón no toleran ver, oír y actuar a gente llena de entusiasmo y esperanza.
El diputado Jorge Álvarez Máynez les pidió a sus aliados no minimizar la marcha, insinuó que había que verla como un delito electoral. Se autocriticó cuando afirmó “estamos avisados, el régimen no tendrá límites para perpetuarse”. El diputado tiene la virtud de no insultar y de asumir la realidad política desde una perspectiva racional. Eso es un avance político.
Personalmente me llamó la atención la opinión publicada por la senadora Kenia López Rabadán, mujer cuyas prácticas políticas son el insulto y la diatriba. Ella quedó tan impactada que su opinión cayó en el terreno de una propuesta programática al señalar en un tuit que “Cuando gobernemos la CDMX nunca más serán obligados a marchar”. No hay insulto y sí hay propuesta política.
Los comentócratas y los intelectuales orgánicos continuaron con su discurso que pretende adecuar la realidad a sus deseos y se siguen negando a observarla en sus dimensiones reales al insistir en calificar a la marcha en forma parcial y sesgada, pues para ellos la marcha fue una monumento al ego de un líder. Como podemos ver, siguen creyendo que por la magia de la palabra la realidad se adecuará a su deseos, negándose a ver la realidad. También para ellos la marcha fue un acarreo monumental y no imaginan gente realmente convencida de un proyecto emanado de la Cuarta Transformación, como dice Fabricio Mejía Madrid “no soportan la politización de los plebeyos.”
Es importante señalar que la monumental e histórica marcha de la izquierda tuvo algunas virtudes, entre otras, le propinó una durísima derrota a las mujeres violentas que habían hecho una costumbre infiltrarse en toda marcha de protesta auténtica y realizar toda clase de destrozos y hechos violentos que lograban desacreditar a las verdaderas fuerzas manifestantes.
Otro logro, aparentemente trivial, fue la derrota del futbol, cosa que no es un asunto menor. El campeonato mundial fue hecho a un lado y la gente atendió lo principal, los asunto políticos. Al futbol lo dejaron solo en los televisores de sus casas.
Los odios alimentados por una oligarquía de derecha conformada por unos cuantos “líderes” políticos e intelectuales quedó a un lado y las masas politizadas exigen programas y demandas concretas para la sociedad mexicana.
La derecha cuando ha marchado lo ha hecho con acarreados y con recursos públicos cínicamente, eso no justifica que también la izquierda lo deba hacer. Aquí lo importante es que la derecha sin proponérselo ha empezado a proponer en forma tangencial nuevas reglas para la movilización política que busca la expresión autentica de los ciudadanos y eliminar el acarreo y el uso de los recursos públicos. Eso es un avance.
Es un contrasentido de la derecha demandar el no acarreo cuando ellos han hecho uso de esos métodos, pero demandar su desaparición es un avance como terminarán siendo legitimas las demandas, y porque no, la instauración de las consultas y la revocación de mandato que tanto necesitamos los ciudadanos para ser tomados en cuenta. Si la derecha decide ser consecuente terminará por entender, muy a su pesar, que la democracia participativa es necesaria para avanzar políticamente en México.
La violencia quedó en un segundo plano. La violencia de los políticos oscuros como Calderón, Fox y Claudio X. González quedó reducida a las redes sociales, y muy marginalmente, su odio recibió un duro revés y esa es una buena noticia para México.
Los morenistas y los conservadores deben entender que los marchistas del domingo tiene una esperanza muy profunda en sus sentimientos, esa esperanza tiene mucho que ver con el cambio. Fox detuvo el cambio y fue echado del poder. Los morenistas del gobierno central y de los gobiernos regionales que dejen de avanzar hacia posturas progresistas más temprano de lo que se imaginan serán cambiados por gente que quiera verdaderamente cambiar al país. La gran cantidad de marchistas del domingo le apuesta a transformar a México y los partidos políticos son meros instrumentos, no fin en sí mismos.
El 27 de noviembre el odio se quedó en casa. Los acarreados –según la derecha– cambiarán a México a pesar de los políticos actuales que solo piensan en el beneficio de sus partidos.
No cabe duda que se aprende sobre la marcha o marchando se aprende. Cada quien elige con quién marchar y qué aprender.