Columna
El puercoespín
Cero es la calificación del Gobierno de Colima en materia de lucha contra la corrupción. Y lo que verdaderamente llama la atención es que ni siquiera intentan combatirla, todo lo contrario, están desmantelando a las instituciones responsables de combatirla.
En los mítines de las plazas públicas gritan y prometen que combatirán la corrupción, en la vida real, ni siquiera intentan hacer algo. La corrupción goza de cabal salud y su hermana bastarda la impunidad se encuentra en las mismas condiciones, llena de salud.
Los prianistas y los morenistas se acusan unos a otros de ser los más corruptos y obligan a toda la sociedad a involucrarse en un falso debate que, finalmente, tiene la intención de legitimar la corrupción.
Los morenistas llegaron meteóricamente al poder y el presidente Amlo ha contado con la fuerza del pueblo porque éste ha impulsado fuertemente la lucha contra la corrupción, a pesar de las resistencias de la derecha y el crimen organizado; sin embargo, los morenistas en las regiones, si bien llegaron también al poder enarbolando las mismas consignas de acabar con la corrupción, en llegando al poder, se comportan igual a sus antecesores y los conservadores se llenan de gusto porque hacen válida la premisa de que nadie se salva de la corrupción.
En Colima lo patético es que la gobernadora ni siquiera ha intentado combatir la corrupción y, se ha convertido ella y su gobierno, aparte de ineptos, en promotores de la corrupción y de la impunidad por decisión política.
Un año de impunidad
La Fiscalía Anticorrupción en Colima es una de las instituciones más precarias en todos sentidos: primeramente no cuenta con una ley orgánica para su funcionamiento; carece de manual de procedimientos; no cuenta con protocolos de investigación; no está dotada con un protocolo de audiencias; tampoco cuenta con protocolos de protección a testigos; mucho menos ha desarrollado protocolos de entregas vigiladas; está a años luz de instrumentar protocolos de operaciones encubiertas; ya ni hablar de los protocolo de protección anticorrupción al interior de la misma fiscalía; y de la promoción de acuerdos con otras instituciones es soñar demasiado.
De la Fiscalía Anticorrupción, en pocas palabras, podemos decir: uno, su organización es muy frágil; dos, ni siquiera ha fincado las bases para la realización de las investigaciones; tres, no se sabe cómo realizar las audiencias; cuatro, no tiene las bases para las investigaciones encubiertas eficientes; cinco, no está vacunada contra la corrupción, pues ella misma puede ser infectada; seis, carece de convenios de colaboración con otras instituciones para intercambiar información y cruzar los datos para procesar mejor la información.
Por otro lado, técnicamente, está en la calle de la amargura, pues carece de independencia presupuestal -eso le quita autonomía e imparcialidad en las investigaciones y le da peso al Ejecutivo Estatal en el rumbo de las mismas–, no tiene libertad para comprar vehículos, equipo de cómputo y programas cibernéticos, y por si fuera poco, no puede rentar ni adquirir bienes inmuebles. Su presupuesto ha venido en picada, pues en 2019 contaba con un presupuesto de 10.3 mdp y el siguiente año (2020) cayó un 67 % quedando en 3.6 mdp y, desde entonces hasta la fecha (2021 y 2022), no ha tenido incremento presupuestal.
La Fiscalía Anticorrupción solo cuenta con tres ministerios públicos, dos peritos y dos policías de los cuales no contamos con la información de su grado de capacitación y especialización. Es importante observar que solo cuenta con dos peritos que, son fundamentales para una buena labor de investigación, pues la falta de peritos, bien capacitados, puede provocar el retraso en la investigación u omisiones en los mismos actos de la investigación.
Todo lo anterior, es decir, el no procurar el desarrollo administrativo, técnico y legal de la Fiscalía Anticorrupción ha provocado que esta fiscalía tenga cero resultados (cero carpetas judicializadas) y los más beneficiados son los funcionarios corruptos. Tal parece que su desarrollo depende de los corruptos.
Nacho no desarrolló a la Fiscalía porque sabía a qué iba al gobierno. Dejó al estado quebrado y él sabia que no sería castigado, pues sus perseguidores no tendrían instrumentos para hacerlo. Aparte él los nombró junto con sus cómplices del Congreso.
Indira, la inutil, sigue el mismo camino. Tiene a la Fiscalía Anticorrupción sin recursos para que ella y sus funcionarios cómplices no sean perseguidos en su momento.
Indira básicamente está haciendo dos funciones: la primera es continuar con el desmantelamiento de la Fiscalía Anticorrupción para honrar su palabra de solapamiento de Mario Anguiano y Nacho Peralta; y segundo, evitar el crecimiento y desarrollo de la misma para que no investigue a sus funcionarios ni a ella misma, también en su momento.
Es muy claro que sin un marco jurídico adecuado, con el capital humano bien capacitado y suficiente en número, cuidar técnicamente los debidos procesos con peritos eficaces y suficientes recursos económicos se podrán tener resultados óptimos
Desmantelar la Fiscalía Anticorrupcion es prolongar la impunidad como velo protector de los malos políticos que hoy hacen hegemonía en la política.
Estas y otras cosas son las que dan origen al malestar social que día a día se va desarrollando en la sociedad colimense.
Indira Vizcaíno tiene a la Fiscalía Anticorrupción entre las peores del país y eso no es un acto aletorio sino todo lo contrario. Es su voluntad política destruir este tipo de organismos para que la corrupción continúe y la impunidad los cobije, su nepotismo no es una casualidad es su visión de medrar del erario.
Indira considera, a la luz de su nepotismo, al gobierno como parte de su patrimonio y propiedad de ella que comparte con su grupo denominado la Mafia de las Amiguis.
La Fiscalía Anticorrupción de Colima es una de las peores a nivel nacional y eso no es una casualidad sino una intención deliberada de quien busca en la impunidad su beneficio personal y de grupo.
El crisol de su nepotismo es la Mafia de las Amiguis. Sus ambiciones personales, concretizadas en su nepotismo, son el origen y destino del malestar social que se come y respira en Colima.