Columna
El Puercoespín
“No tenemos una Suprema Corte subordinada a la Constitución sino una Constitución subordinada a la Suprema Corte” así inició el debate Lenia Batres, la nueva ministra de la Suprema Corte de la Nación.
En su discurso inicial también fue muy clara cuando precisó “la Corte se enfoca en resolver temas con fuertes implicaciones políticas y deja de lado el activismo judicial, por ejemplo, para actuar ante la impunidad o inseguridad que aqueja al país desde hace 25 años”.
Batres aseguró que la Suprema Corte se ha extralimitado en sus funciones y ha caído en excesos, como el adjudicar facultades para legislar y reivindicar la reviviscencia de normas expresamente derogadas por el Congreso de la Unión.
“La Suprema Corte ha asumido una función de legislador positivo, pues define normas que prevalecerán tras una declaración de inconstitucionalidad, invadiendo la esfera del Poder Legislativo que fue electo democráticamente”, destacó.
Batres acusó que las y los ministros están en inconstitucionalidad desde hace 14 años por no querer equiparar su salario al del presidente de la República como lo establece una reforma hecha en gobiernos y mayorías anteriores.
Destacó que otro de los excesos del Tribunal Constitucional del país, deriva del carácter inimpugnable de sus decisiones, lo que la ha llevado a confundir jerarquía de la constitución con jerarquía de la instancia y cerró con broche de oro “No tenemos una Suprema Corte subordinada a la Constitución, sino una Constitución subordinada a la Suprema Corte”.
El mensaje de la nueva miembro de la Suprema Corte, de hecho, inaugura un debate acerca del papel y alcances de la SCJN que, últimamente, sus decisiones han estado por encima de los demás poderes ubicándolo como un Super Poder.
Los últimos nombramientos de funcionarios ligados al narcotráfico dentro del Consejo de la Judicatura y el Instituto de la Defensoría de Oficio del Poder Judicial de la Federación están balanceando el Poder Judicial hacia el lado de los poderes facticos en forma muy peligrosa.
La forma sistemática y generalizada de fallar a favor de narcotraficantes, de sus aliados en el campo financiero, en la especialidad del lavado de dinero, y de los funcionarios públicos que están saqueando el erario con el aval y protección de los jueces ya alcanzó niveles intolerables.
Y, por otro lado, el debate relativo al Poder Judicial se mantenía a niveles muy superficiales y francamente infantiles donde lo esencial se hacía a un lado sin viajar a las entrañas y verdaderas cloacas del Poder Judicial que están haciendo brillar y acrecentar la impunidad, nos estamos volviendo un país sin justicia.
Las querellas y demandas de la gente ordinaria van a parar al cajón de los asuntos sin importancia y la de los ricachones son resueltos a toda velocidad.
De qué le sirve a una nación un Poder Judicial francamente aliado al narcotráfico, a lo peor del Estado mexicano y a los poderes fácticos.
De qué le sirve a México un Poder Judicial que presenta disputas judiciales frente a sí mismo y resuelve a favor de ellos mismos. Eso los convierte en un Poder Judicial de cínicos y sinvergüenzas que, además, de hacer esto, exigían respeto, que palmariamente no merecen.
De qué le sirve al país un Poder Judicial donde la presidenta de la SCJN no tiene palabra. Que un día proponen un caso y al siguiente se desdicen, como fue el asunto de la propuesta de Norma Piña que propuso donar el dinero de los fideicomisos inmorales e ilegales a los damnificados del huracán Otis en Acapulco y luego se rajó.
Si no se honra la palabra empeñada no hay posibilidades de credibilidad y confianza. El Poder Judicial está devaluado y quienes no lo ven ni lo entienden, paradójicamente, son los propios integrantes del Poder Judicial que lo único que tiene valor para ellos es el poder político y el dinero.
El discurso racista y demasiado ideologizado de los empresarios, los partidos políticos de derechas que, a diario se manifiesta en las redes sociales, debe abandonarse para entrar en un debate de altura que vea más allá del debate prístino y vacío que solo conduce a la inmovilidad y a la esterilidad y la pervivencia de la injusticia y la impunidad.
Los colegios de abogados han brillado por su ausencia. Los colegiados de los profesionistas de las leyes tan solo se han dedicado a nadar de muertito y, en algunos casos, a expresar sus apoyos en consonancia del beneplácito de los miembros de la Suprema Corte para no perder los favores de las sentencias, es decir, la justicia como moneda de cambio.
Conozco muchos abogados, excelentes profesionistas y magnificas personas, ojalá, los abogados en forma individual y colegiada iniciaran un gran debate nacional para reforma a todo el Poder Judicial para que éste abandone sus posturas golpistas y la justicia deje de ser una bolsa de valores.
En el debate de la reforma del Poder Judicial debe dársele un giro y una nueva visión donde éste asuma un papel en el Estado donde deje de servir descaradamente a los poderes fácticos y convertirse en un aparato del Estado que aplique verdaderamente la justicia y donde todos los habitantes encontremos la esperanza de recibir justicia. Hoy es un aparato de las élites.
Sea por la vía de la representación popular (elecciones directas) o como la sociedad determine, pero es un urgente que el Poder Judicial deje de ser una cueva de ladrones.
Necesitamos un Poder Judicial subordinado a la Constitución.
En Colima, como en todos los estados donde gobierna Morena, todos los asuntos de interés social deben de ser puestos a debate público con alto nivel de manejo de ideas y argumentos para que los debates de bajo nivel intelectual y francos insultos, promovidos por las derechas queden rebasados y del debate mismo surjan nuevas visiones y formas de hacer la vida pública. La dinámica de la frivolidad y vacuidad de los gobiernos, como el de Colima, son regresivos y francamente conservadores e inútiles.
En Colima, los gobernantes que tenemos solo viven viéndose al espejo, son incapaces de proponer debates públicos de altura y transformadores. No hay gobierno, andan en la politiquería. No están a la altura de los tiempos de cambio que estamos viviendo.
El debate que propone Lenia Batres en la SCJN es alentador y transita por la vía de las propuestas sustanciales e importantes, así estemos o no de acuerdo con ella. Lo importantes es que ha iniciado un debate de altura y sustancial.
Necesitamos, por cierto, iniciar un debate sobre seguridad para poner en su lugar a los narcos, urge.