La agencia estadounidense redirige miles de millones de dólares para acelerar el regreso humano al satélite y consolidar su presencia frente a la competencia internacional.
E.U. Avanzada (29/03/2026).- La NASA ha decidido dar un giro relevante a su programa lunar: suspenderá de forma temporal el desarrollo de la estación orbital Gateway para concentrar recursos en la construcción de una base permanente en la superficie de la Luna. La medida busca acelerar el regreso de astronautas y establecer una presencia sostenida en el satélite en el menor tiempo posible.
El anuncio se realizó durante el evento Ignition, donde la agencia presentó una serie de iniciativas alineadas con la política espacial impulsada por el presidente Donald J. Trump. El objetivo, según el administrador de la NASA, Jared Isaacman, es claro: regresar a la Luna antes de que concluya el actual mandato presidencial y comenzar la construcción de una infraestructura habitable.
“El tiempo apremia en esta competencia entre grandes potencias, y el éxito o el fracaso se medirá en meses, no en años”, afirmó Isaacman al justificar la reorientación de prioridades. En ese contexto, la agencia optó por concentrar sus capacidades en proyectos considerados críticos y dejar en pausa aquellos que podrían ralentizar el calendario.
Uno de los ajustes más significativos es la suspensión de Gateway, concebida originalmente como una estación en órbita lunar que funcionaría como punto intermedio para misiones tripuladas dentro del programa Artemis. Aunque este componente era central en el diseño inicial, la NASA considera ahora que enfocar la inversión directamente en la superficie permitirá avanzar con mayor rapidez hacia una presencia humana estable.
La decisión tiene también un fuerte componente financiero. La agencia planea redirigir cerca de 20 mil millones de dólares —originalmente destinados a Gateway— hacia el desarrollo de la base lunar en los próximos años. Parte del hardware ya construido será reutilizado, y se mantendrá la colaboración con socios internacionales, aunque con un nuevo enfoque centrado en operaciones sobre el terreno.
El plan contempla un desarrollo en tres fases. En la primera, se incrementarán las misiones robóticas y de carga para probar tecnologías clave como generación de energía, comunicaciones y movilidad. Posteriormente, se desplegarán instalaciones semihabitables que permitan estancias recurrentes de astronautas, con participación de aliados como Japan Aerospace Exploration Agency. Finalmente, se prevé la instalación de módulos habitables de mayor tamaño que permitan una ocupación continua, con aportaciones de la Italian Space Agency y la Canadian Space Agency.
En paralelo, la NASA busca aumentar la frecuencia de las misiones. Mantiene la misión tripulada Artemis III para 2027, aunque su propósito inmediato será validar sistemas y operaciones. A partir de ahí, la meta es lograr al menos un alunizaje anual y, eventualmente, misiones cada seis meses, apoyadas en sistemas reutilizables y una mayor participación del sector privado.
Este viraje estratégico responde también a factores geopolíticos. Estados Unidos pretende consolidar su liderazgo en la nueva carrera espacial frente al avance de otras potencias, particularmente China, que también proyecta establecer una base lunar en la próxima década.
Además del programa lunar, la NASA anunció iniciativas complementarias, como el desarrollo de una nave con propulsión nuclear para misiones interplanetarias y el fortalecimiento del ecosistema comercial en órbita baja ante el retiro previsto de la International Space Station.
Para la agencia, la futura base lunar no solo será un enclave científico, sino un laboratorio estratégico donde se desarrollen las tecnologías necesarias para el siguiente gran objetivo de la exploración humana: Marte.