Columna
El puercoespín
El Diario de Colima se fundó un 8 de noviembre de 1953 y en las últimas tres décadas fue el medio local más vendido en todos sentidos (por la venta de su tiraje y por el chayote recibido del gobierno) y también un influyente ente en la política local hasta el día viernes 9 de abril de 2021.
En las dos últimas décadas del siglo pasado y las dos primeras del presente fue un medio que manipuló y manejó la información política de la manera más inmoral, además permitía el acceso de los políticos de oposición a sus páginas, según le conviniera, y a los políticos del PRI o del sistema los adulaba o defenestraba también según el financiamiento de por medio. El Diario de Colima daba visibilidad a los políticos o invisibilidad. Todos los políticos concurrían a sus oficinas para ser vistos pero el medio se reservaba el derecho de golpearlos y calumniarlos según el chayote. Todo político que quería ser competitivo tenía que ir a rendirla pleitesía a Manuel Sánchez Silva, en su tiempo, y después a su sucesor Héctor Sánchez de la Madrid. La moral para el Diario era un árbol que daba moras. La ética ni la conocía.
El Colima de entonces dominaba ese medio –los otros periódicos carecían de la influencia suficiente-, era un rancho, y los políticos estaban condenados a ser manipulados irremediablemente por un medio inmoral, pero también había responsabilidad de los políticos que eran incapaces de crear nuevos medios o métodos de comunicarse alternativamente. En su incapacidad radicaba su destino y su penitencia.
Todos los políticos pasaba por el Diario de Colima. Si no pasaba por el Diario de Colima; luego entonces, no había sucedido, no existías. Los políticos de México tenían que visitar obligadamente el Diario cuando visitaban el estado, si no, no había nota.
Fue enemigo de la Universidad y luego zalamero de la misma, por citar una institución grande distinta los partidos políticos a los que humillaba y ofendía en su forma de operar.
Por eso el Diario era el más vendido. Vendidos con el gobierno y el hegemónico del mercado. Hasta el día 9 de abril de 2021 que el Diario de Colima se manifestó como lo que era: un diario de papel. El tigre que, decía ser, no era sino un fantasma, producto de la fragilidad de los políticos de rancho, incapaces de crear sistemas alternativos de comunicación.
El internet, el Facebook, el Twitter y el tiempo lo liquidó.
El dilema de Morena
En las reglas que, regulará las elecciones primarias de Morena, en su apartado de los Recorridos de los aspirantes señalan: “Evitarán los medios reaccionarios, conservadores, adversarios de la Cuarta Transformación y partidarios del viejo régimen.”
Seamos claros, ni el periódico Reforma ni Latinus, por citar dos ejemplos, porque muchos más asumen la misma postura, no se comportan como medios son parte orgánica de la oposición y actúan como sus medios oficiosos u órganos oficiales de propaganda, según les convenga, no son prensa libre, en el sentido de una sociedad abierta y democrática. Son junto con organizaciones civiles parte integral y orgánica de los partidos políticos y actúan programáticamente en ese sentido.
Por lo anterior, resulta relevante que Morena que, es un partido, que no es el gobierno ni se asume como Estado está proponiendo una batalla frontal con militantes iguales, competidores, pares.
No son prensa ni periodistas que se ajusten a la objetividad, ética y sentido periodístico, no, son medios oficiosos, cuasi oficiales, de la oposición, que mienten, distorsionan, manipulan, calumnian a otra parte de la sociedad aglutinada en Morena. Morena tiene todo su derecho a enfrentarlos en los terrenos que ellos decidan, tienen todo su derecho.
Los medios –como los ejemplos citados, que no todos- no tienen la credibilidad ni el profesionalismo que el periodismo profesional demanda. Son militantes de una parte de la sociedad, de una coalición, Va por México.
Morena y particularmente algunos de sus candidatos –el o los que decidan ir- a alguno de estos medios estaría negando la posibilidad de dar un debate de proyectos, ir a alguno de estos medios es darles legitimidad para, que en el futuro, estos mismos asuman la calumnia y la mentira ya endosada por Morena como armas contra un proyecto de la sociedad amplia que es la construcción de una sociedad abierta y democrática que ellos eyectan.
Reforma y Latinus tiene sus propios candidatos, pues que proyecte sus cuadros. Pero se saben muy lejos de los consensos sociales y por ello buscan introducirse en el proceso de Morena.
Su hambre por demandar la presencia de los candidatos morenistas en sus medios es precisamente por su carencia de credibilidad.
En los tiempos cuando ellos definían quién existía y quién no, siempre negaron a la izquierda y la combatieron con todas sus fuerzas. No son prensa, son militantes de los partidos de derecha, por tanto una actitud de morena de ignorarlos no es una revancha ni una negación de un derecho o una visión sectaria sino la clarificación de los espacios que, dicho sea de paso, ellos controlan ampliamente.
La prensa democrática y libre existe, esa debe ser respetada y debatir con ella en los terrenos que sean. Allí están existen y se comportan como tal, como prensa, no como partido.
Una cosa es la prensa profesional, otra los aparatos ideológicos militantes.
Los instrumentos ideológicos militantes están diseñados para difundir sus programas, agendas, valores y hechos de sus causas, pues que lo hagan nadie se los impide. A lo que no tienen derecho es penetrar a la izquierda para socavarla, limitarla y destruirla.
Los candidatos de Morena no deben ir a esos medios deben de dar la batalla ideológica, programática y política. Como se da en toda sociedad abierta.
Reforma, Latinus, López Dóriga, Carlos Alazraky se asumen como partido no como medios, son miembros de un partido, Va por México, por tanto, entran en la competencia como tales y Morena debe enfrentarlos en su condición real no en la que simulan ser.
El debate debe de darse en los medios que propicien el debate y se comporten como medios de comunicación aun cuando no se coincida con ellos y sean de franca ideología contraria pero que mantengan su función de medios no de partidos.
El Diario de Colima quedó liquidado en su postura de medio militante y pasó a ser un medio normal. Reforma, Latinus, López Dóriga y Alazraky deben asumirse como medios si quieren debatir como tales o seguir siendo militantes de la oposición y asumir sus consecuencias en la disputa política con las reglas de los partidos y no como medios, ´pues no lo son, simulan ser y eso es otra cosa.
Si continúan como partidos es su decisión, si quieren ser medios de comunicación también lo es, si quieren seguir en la ambigüedad también es su decisión, la sociedad los pondrá en su lugar, finalmente.
Al Diario de Colima cuando el pueblo lo reconoció como el más vendido no engañaba a los ciudadanos, se engañaban entre ellos los políticos y el periódico, su material se iba directamente al bote de la basura. Su credibilidad murió décadas antes de ser vendido, esa experiencia de Colima está ocurriendo en nivel nacional, esa película ya la vimos.