Columna
El puercoespín
Tod Lubitsch es caracterizado por John Travolta en la película El niño de la burbuja de plástico (1976). Lubitsch es un niño que nace con serios problemas en su sistema inmunológico y la única forma de sobrevivir es habitar en una burbuja de plástico.
El niño vivía en la burbuja por necesidad. Era un asunto de vida o muerte para él, no tenía opción.
Luis Miguel, uno de los mejores cantantes de México y el mundo, vivió en una burbuja. Según Luis Miguel: la serie y los escritores que colaboraron como guionistas de la misma para Luis Miguel no existió el terremoto de 1985, en la serie no aparece ni sabemos cómo reaccionó Luis Miguel –que entonces tendría 15 años– ni su entorno, para la serie, este hecho que conmovió a todo México y fue un parteaguas en la vida nacional simple y llanamente fue ignorado en la serie. La transición política del año 2000 no existió; el fraude de 2006 no sucedió; ni la llegada de Amlo influyó, para nada, en la toma de decisiones de su equipo. Según la serie, Luis Miguel vivía en una burbuja donde el mundo del cantante se circunscribía a sus amigos íntimos entre los que se encontraban el Burro Van Rankyn, Roberto Palazuelos, Federico De la Madrid Cordero, entre otros juniors, que vivían inmersos en un mundo de alcohol, mujeres, viajes de placer, orgías, frivolidades, dinero, poder e intrigas. El mundo de Luis Miguel estaba ilustrado por dos vividores como Palazuelos y el Burro Van Rankin. Estos dos bufones y vividores eran las fronteras culturas del cantante.
Luis Miguel vivía en un mundo cerrado, rumiando la desaparición arcana de su madre que, según la serie, no superó.
Pero la burbuja un día se colapsó y Luis Miguel regresó a la realidad: viejo, estafado y cargando sobre sus hombros sus excesos del alcohol, solitario y sin nadie en quién confiar.
La burbuja estalló inexorablemente porque las vidas artificiales tienen un límite y Luis Miguel rebasó los límites y el estallamiento lo regresó a la realidad.
El gobierno de Colima y su burbuja
Los 14 globos no se pudieron elevar, fueron vuelos fallidos que, sin proponérselo, se convirtieron en metáforas exactas del gobierno de Indi, la inútil. Dijeron que 14 globos de elevarían sobre la bahía de Manzanillo para darle la bienvenida al 2023, pero nada, solo promesas de vuelos, de intentos de hacerse a la mar, pero son naves que nunca zarpan quedando siempre en tierra firme, frustrados, esperando un nuevo intento.
El subsecretario de Turismo y la directora del DIF-Estatal entre copa y copa de vino tinto y vinos espumosos –pagados por nuestros impuestos– libaban en el puerto cubriendo las apariencias, narrando una promesa no cumplida, pero bien prestos a hablar de todo y nada, típico de un gobierno que ofrece cosas y no sabe llevar a la realidad sus dichos. Una y otra vez sus actos son consecuente con sus perfiles: ineptos son y desastres producen. Más consecuentes, imposible.
Los colimenses que los propusieron para esos puestos están esperando que se pongan a trabajar; quienes no votamos por ellos coincidimos: queremos que se pongan a trabajar; sus matraqueros, lambiscones y vividores les aplauden su cinismo y les celebran su bufonadas porque al final de cuentas están en la nómina y ese es uno de los dos objetivos principales junto con el modelo de negocios de saquear a las arcas estatales desde sus puestos estratégicos.
En contraste
Amigos y familiares de David Alejandro Velasco Larios, pescador desaparecido desde el 21 de diciembre de 2022 recaban fondos para costear su búsqueda.
Además, el médico patólogo, Iván Jacinto Cortes también se encuentra desaparecido, la última vez que se le vio fue el día 27 de diciembre de 2022 al salir del hospital de Cancerología en la ciudad de Colima.
Las familias los están buscando porque para ellos la vida no es lo mismo sin uno de sus seres queridos. Para estas familias las frases gritadas en las manifestaciones no son retóricas. Nos falta David, Nos falta Iván, ambos, son seres concretos que habitan un hogar, comparten lazos familiares y existen y se les extraña en espacios de familias concretas.
Nos hace falta David. Nos hace falta Iván. No son retórica. No son estadística, son seres concretos que familias enteras extrañan, que dejaron un espacio vacío.
Jorge Padilla y Rosy Bayardo liban sus vinos tintos y vinos burbujeantes, mientras tanto, el estado de Colima sigue padeciendo la brutalidad de la violencia del crimen organizado.
Jorge, Rosy e Indi, la gobernadora inútil, siguen herméticamente atrapados en su burbuja de poder que amenaza pronto con colapsar, bebiendo sus vinos tintos y su champán ricos en burbujas.
La burbuja colapsará y las burbujas de su champán, con el estallamiento de la burbuja, se dispararán al cielo para celebrar que ellas, las burbujas vuelan, y los miembros del gobierno de Indi caerán por el efecto de la fuerza de gravedad.
Luis Miguel, quizá hoy, recuerde que la crisis económica de 1982 a 1988 fue brutal; el temblor de 1985 donde murió mucha gente existió y transformó a México; la transición del 2000 hizo más conscientes a los mexicanos; el fraude patriótico del 2006 caló hondo en las conciencias de los ciudadanos; y la elección de Amlo está proponiendo nuevos caminos de enfrentar la realidad o realidades nacionales.
Cuando la burbuja de Indi, la inútil, de Rosy, Jorge, el Brynt et al. colapse entonces pondrán ver a los muertos, desaparecidos y corrupción que impera en el estado de Colima.
Las burbujas son ingrávidas, transparentes y frágiles. Fuertes como los sueños, frágiles como la realidad.
Jorge, Rosy e Indi están acelerando el colapso de la burbuja donde viven y donde las burbujeantes bebidas abundan. Claro, con cargo a los ciudadanos.
La burbuja de Luis Miguel colapsó. La burbuja de Indi colapsará, eso es inexorable.
Tod Lubitsch vivió en su burbuja por necesidad vital; Luis Miguel se instaló en su burbuja por soberbia y egoísmo; Indira está en su burbuja porque es una vulgar perseguidora del poder por el poder mismo.