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COLIMA

El silencio que sigue a las balas

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Colima, México, Avanzada (08/09/2025).- El pasado martes 2 de septiembre, en la ciudad capital, seis personas fueron asesinadas dentro de una panadería. A siete días del crimen, la Fiscalía General del Estado no ha emitido un solo comunicado que permita conocer las posibles líneas de investigación. Reinan las conjeturas, pero no la información oficial. Ni la Secretaría de Seguridad ni la propia Fiscalía han confirmado la identidad de las víctimas, pese a que se trata del hecho más sangriento del año.

Versiones extraoficiales apuntan que las víctimas eran trabajadores del negocio. Nada se sabe, sin embargo, de las razones de la brutalidad con la que fueron ejecutados. La saña permanece inexplicada, al igual que la ausencia de la voz institucional.

En el vecindario cercano a la panadería, el miedo se instaló desde la mañana del ataque. Entre rezos discretos, veladoras encendidas y miradas esquivas, los habitantes intentan recuperar la calma. “Eran gente que conocíamos”, dice uno de los pocos vecinos que accede a hablar, con la voz baja y la prisa de quien no quiere prolongar la conversación. “Uno prefiere callar, porque ya no sabes ni lo que pueda pasar”, agrega antes de despedirse con paso acelerado.

La vida cotidiana continúa en Colima con un trasfondo de violencia que se normaliza a fuerza de repetirse. Los comercios abren sus puertas, los estudiantes regresan a clases, las calles lucen concurridas, pero detrás persiste una tensión invisible: la certeza de que la violencia puede aparecer en cualquier momento, como ocurrió en la panadería.

El mutismo de las autoridades no solo aumenta el desconcierto social, también alimenta el terreno de la especulación. Entre rumores y versiones sin confirmar, se configura un clima de incertidumbre que erosiona el derecho a la información y deja a la población desprotegida frente a la violencia y frente al silencio.

En Colima, los hechos violentos se suceden con frecuencia y crudeza. La sociedad se sacude, por momentos se estremece, pero pronto vuelve a reinar un silencio que se impone desde las instituciones. Y en ese silencio, las balas encuentran campo fértil para seguir dictando la vida, y la muerte, en el estado más pequeño del país, donde la violencia sigue marcando el pulso de la vida cotidiana.

*Imagen tomada de la red social de la Panadería “El Pichón”.

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