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COLIMA

El jardín de Los Borrachos

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Columna

El Puercoespín

Ni cuenta nos dimos cuando el jardín de Los Borrachos se convirtió en el jardín de El Ahorcado. Así lo podríamos expresar para fingir sorpresa y evadir nuestra responsabilidad colectiva.

La verdad es que sí nos dimos cuenta, pero nunca imaginamos, nunca creímos. Es que yo pensé que las cosas fueran tan graves, es que yo creí que no llegaríamos a tanto, es que yo no imaginé que el gobierno al final controlaría y pararía tantas muertes. Diremos en forma retórica y falsa.

Pero no fue así. Un día amanecimos con que el jardín de los Borrachos se convirtió en el jardín de El Ahorcado.

Desde tiempos de Carlos de la Madrid Virgen se fue gestando está Colima dominada por los muertos y los colgados. Se trajo a Colima a un asesino para controlar a los asesinos comunes, Sam López fue el elegido; Fernando Moreno Peño vio bien este movimiento y lo mantuvo en su cargo para mantener el régimen de terror, para simular eficacia en el control de la seguridad; Gustavo Vázquez  y Silverio Cavazos continuaron con  esta línea nombrando a los cuadros formados por Sam López como procuradores; en los últimos tres años de Ignacio Peralta el crimen organizado aceleró los crímenes de alto impacto y; con Indira los muertos sobre las aceras, los colgados en los puentes y las muertes en los camellos fueron asuntos de la vida cotidiana.

En la segunda parte de la década de los 70 y principios de los 80 la mayoría de los jóvenes adolescente que, en esos tiempos cursábamos la Normal o el bachillerato, nos escapábamos al jardín de Los Borrachos en proceso de construcción a tomar unas caguamas y no ser molestados por la policía municipal. Colima entonces llegaba hasta el segundo anillo periférico, hasta la avenida Sevilla del Río y hacia el norte estaban en proceso construcción los nuevos fraccionamientos fifís y el jardín era ideal para pasarla bien tomando cerveza sin ser molestados por los municipales. No sé como se llama el jardín oficialmente ni me interesa saberlo porque el verdadero nombre es el jardín de Los Borrachos.

Ayer, una escena macabra, un cuerpo colgado de una cuerda de un árbol marcará nuevamente ese lugar: tendrá el jardín de Los Borrachos un nuevo estigma que le dará nueva identidad, será también el jardín de El Ahorcado.

El ahorcado del jardín de los Borrachos era militar y su historia personal lo condujo al suicidio. La historia de este militar desesperado hasta la muerte es producto de la irresponsabilidad de las autoridades del gobierno del estado del área de seguridad pública. Es la desesperación de un hombre, como muchos más, que abandonado por las autoridades vio en la muerte la única salida.

La crónica de la vida en Colima no está en los periódicos ni en los medios tradicionales, mucho menos en las estaciones de radio. Allí la vida es apacible llena de reclamos al gobierno, pero sin cuestionarlo severamente y muchos ciudadanos hasta justificándolo.

En los medios tradicionales hasta los muertos salieron de sus páginas, dejaron de ser personas con dignidad y familias propias, dejaron de existir porque se les dejó de nombrar porque así lo dispusieron desde la Casa de Gobierno y con fajos de dinero convencieron a los medios de vender sus silencios.

En las notas “periodísticas” los muertos se convirtieron en bajas colaterales, en abatidos, en lamentables occisos, en perdidas lamentables, en síntesis, personas que perdieron su condición de seres humanos porque estuvieron en el lugar y la hora equivocados.

En Colima los muertos cada vez son más transparentes y no logramos verlo, lo peor es que el más interesado en desaparecer a los muertos es el gobierno; sin embargo, las cartulinas en las paredes de las escuelas, en los postes de la luz y las mantas en los puentes son los nuevos boletines que dan cuenta de los verdaderos sucesos de la vida violenta de Colima.

El crimen organizado nos cuenta su brutal y macabra historia y los ciudadanos estamos sufriendo un efecto narcotizante que nos tiene inmovilizados y sin capacidad de expresar nuestra indignación.

En Colima ya no contamos con nadie, ni los policías están seguros en su trabajo, con bajos sueldos y problemas gravísimos como este caso de un hombre que se ahorca porque lo dejamos solo profundamente solo.

En el gobierno del estado, parafraseando a la poetisa Rosario Castellanos dice estar formados por personajes que dicen que saben latín, pero ni la aritmética elemental dominan.

La ignorancia, la indiferencia, la indolencia nos está matando, los colimenses somos incapaces de vernos los unos a los otros, somos incapaces de reconocernos, eso es lo que nos está matando.

El gobierno de Colima es un accidente macabro en una fracción mínima de nuestra gran historia.

El ahorcado del jardín de Los Borrachos es un hito en la espiral de descomposición producto de un gobierno estatal decadente. El jardín de Los Borrachos pasó de ser un referente burlón, picaresco, de irreverencia contra los adultos y los policías municipales a ser un macabro hecho que nos informa con contundencia que Colima está en una espiral de descomposición que pide auxilio, pide ser salvada por sus hijos.

*Imagen ilustrativa.

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