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COLIMA

El Congreso de la Unión no es un mitin de Morena

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Columna

El Puercoespín

“Señora presidenta, quisiera empezar recordándole con mucho respeto que la Mesa Directiva puede otorgar o no una moción, pero no ignorar a una legislatura que estaba solicitándole una moción de orden. Una moción de orden porque en ningún momento en la Junta de Coordinación Política se autorizó que se diera un mensaje aquí por parte de la secretaria de Gobernación. Y mucho menos que viniera a hablar como líder de un partido político, olvidándose del carácter republicano que debe tener la Secretaría de Gobernación”, enfatizó Noemí Berenice Luna Ayala, responsable de pronunciar el posicionamiento del grupo parlamentario del PAN, al manifestar su molestia a la Mesa Directiva que presidía los trabajos del pleno del Congreso de la Unión.

La actitud de la secretaria de Gobernación fue propia de una adolescente que no sabe en dónde está parada y cuál es su papel como parte de un gobierno y como mujer de Estado que sabe que está hablando en una tribuna donde están presentes todas las fuerzas políticas que, de acuerdo con la elección próxima pasada, alcanzaron una representación en las cámaras legislativas.

La generación de la que forma parte Luisa María Alcalde Luján demostró que no alcanzó la madurez política para asumir el relevó generacional que el país requiere. Cuando fue titular de la Secretaría del Trabajo no resolvió los principales problemas laborales, primordialmente, los vinculados a las empresas mineras, además fue, en gran medida, la responsable de la desaparición de la empresa Notimex en asociación con su padre.

Desde que la propusieron para encabezar el partido Morena ella se ha comportado como militante y ayer lo demostró al confundir al Congreso de la Unión con un mitin político de partido.

La oposición en México no es de la mejor, pero eso no implica que debe ser ofendida, como agraviado fue el Congreso de la Unión en pleno por las palabras partidaristas pronunciadas en un lugar equivocado.

El Prian en sus tiempos fue grosero, autoritario y ofendió a los ciudadanos al excluirlos de la toma de decisiones. El Prian borró a las mayorías e hizo de su proyecto elitista el mejor instrumento para saquear el país. Lo anterior no autoriza a Luisa María Alcalde Luján a comportarse en forma similar y olvidar que debe asumir conductas republicanas, no como poses o hipócritas actitudes, sino como formas que le den sentido y existencia a las diversas formas de pensar y de organizarse en un país donde existen muchos Méxicos.

En sus tiempos, en el Congreso del estado de Colima, Viridiana Valencia Vargas asumió una postura similar al ignorar a la oposición y al insultarla al pretender obligarla a sumir todas las propuestas de Morena porque así los disponían las mayorías. “Las minorías están para obedecer” dijo en su momento.

Su actitud le costó el puesto en el Congreso y desde entonces hasta la fecha sus posturas han sido propias de una política que, en su imaginario, piensa que Morena está en condiciones de mandar e imponer porque cuenta con mayoría absoluta, sin considerar que las minorías también tienen derechos y sobre todo que las izquierdas han sido fundacionalmente partidarios de que todas las expresiones políticas sean incluidas en los órganos colegiados particularmente. Incluso en sus tiempos y fundamentos básicos el PRD adoptó la consiga “Democracia ya, patria para todos”, haya por el año de 1989, haciendo alusión a la exclusión de los políticos neoliberales que solo concebían un México monolítico, culturalmene hablando, y que les pertenecía por derecho de clase.

Al observar la conducta inmadura de Luisa María Alcalde uno entiende que no se trata de un error producto de la emoción de un día especial para los morenistas y una votación muy alta en junio pasado. No, se trata de una generación que no entendió los signos de los tiempos.

Los efebos funcionarios que se incorporaron a la administración del Gobierno de México no cuajaron, no entienden lo que viene para México. Sus principios y sus acciones estarán, en adelante, vinculados a lo que en México conocemos como fidelidad o amor al hueso. Su misión será, en el futuro, permanecer en la administración a toda costa.

Lo mismo ocurre con las y los jóvenes funcionarios que fueron puestos en las gubernaturas, como el caso de Colima, para foguearlos y pudieran darle continuidad al proyecto de la Cuarta Transformación.

La conducta de Luisa María Alcalde se replica en los jóvenes del gabinete, quizá con la excepción de Román Meyer Falcón secretario de Desarrollo Agrario, Territorial y Urbano, por citar un ejemplo.

 La nueva camada de morenistas en los espacios de poder desde las gubernaturas hasta las secretarias de Estado son un clan fallido que no interiorizo los principios, valores y el programa de la Cuarta Transformación.

Sin cuadros que den continuidad a un proyecto, el futuro de Morena es muy incierto, el espejismo de una mayoría actual les puede resultar un gran autoengaño, con duras consecuencias para los proyectos que planteen un Estado de bienestar.

En colima los jóvenes funcionarios parecen ser fieles reproducciones de Luisa María Alcalde. No piensan en representar a la gente, piensan en estar bien aceptados entre ellos, si las relaciones entre la alta burocracia y ellos están bien los ciudadanos salen sobrando.

La camada de jóvenes se perdió, la continuidad será burocrática y fiel a su espejo de élite. Luisa María Alcalde es su paradigma.

Siendo secretaria de Gobernación y pretender montar un mitin en el Congreso de la Unión es una muestra que no aprendió nada en seis años como secretaria de Estado, el problema es que su ejemplo ilustra a los cuadros de las localidades.

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