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COLIMA

Asilo San Gabriel

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Columna

El Puercoespín

Gabriel significa “Dios es mi fuerza”, el arcángel Gabriel es el encargado de tocar la trompeta que anuncia llegada del Señor a la tierra; según la Biblia, a la virgen María se le apareció para anunciarle la llegada de Jesús.

Por eso el arcángel Gabriel inspira a artistas, cantantes, poetas, escritores y bailarines, les ayuda a comunicarse a nivel espiritual para recuperar la inspiración, la inocencia, pureza y alegría de vivir. A mano del arcángel Gabriel se produce un despertar de las almas a nivel espiritual. Si eres un artista, periodista o músico te puede ayudar a transmitir mensajes espirituales, te ayuda a superar el miedo y la falta de decisión en la vida. Se le conoce como el Santo Patrón de la Comunicación.

Sin embargo, en Colima, el Asilo San Gabriel es el infierno. Para los ancianos indigentes -los que están en riego y desamparo-, los que sufren de violencia intrafamiliar y son incapaces de valerse por sí mismos y son acogidos por la Fiscalía General del Estado de Colima y son canalizados al Asilo San Gabriel es el infierno, particularmente, el Asilo San Gabriel es el infierno en la tierra; en contraste, Vivir en la calle es la gloria.

Lucía “N” estaba muy golpeada, su cara estaba desfigurada por los golpes, una funda de su almohada estaba llena de sangre. Así la encontró su hija cuando fue de visita al asilo.

Su hija se quería morir. Un dolor interno la conmovió hasta lo más hondo de su alma.

El Asilo San Gabriel es lo más cercano a un campo de concentración, a una cárcel, mas que a un asilo para adultos mayores que los pone a salvo del abuso.

Allí habitan 36 adultos mayores, la mitad son financiados por sus familiares y la otra mitad por la Fiscalía del Estado de Colima y la Secretaría del Bienestar.

Todas las mañanas solo se cocina carpeta y media de huevos para todos; además se les dan una taza de canela. Y el huevo se lo comen porque se lo comen, porque si se rehúsan son obligados a comer con una cuchara metálica que, con violencia desmedida obligan a ingerir, más de una vez los ancianos han perdido algún a pieza dental.

En la comida el menú son lentejas o soya o calabazas, muchas de las veces con gusanos.

En la cena se sirve avena, arroz, té y dos galletas; pan, solo los días festivos.

En su actual sede, 10 ancianos han fallecido, casi un muerto por mes. Los fallecidos rápidamente son sustituidos por nuevos inquilinos por la Fiscalía del Estado de Colima.

Con harta frecuencia falta el servicio del agua, lo que agrava más la situación, los sucios colchones están plagados de chinches.  

Los servicios sanitarios están deprimentes, sucios y nauseabundos.

Al asilo se llega fácil, con la esperanza de ser atendidos y tratados con decencia, decoro y sanidad, pero no, allí es prácticamente una sucursal del infierno. Un infierno insalubre, violento y denigrante de la persona humana. Allí los adultos mayores son despojados de su dignidad.

Existe un médico que visita eventualmente el asilo solo para diagnosticar algunas cosas “a ojo de buen cubero”. Nadie sabe de dónde sale tante ansiolíticos para hacerlos dormir.

Las canalizaciones al asilo son de lo más informal. No existe ningún protocolo establecido y si lo hay no se aplica.

Los ingresados no cuentan con una hoja clínica que dé cuenta del estado en que ingresan y, ya ingresados, no se elabora ningún expediente familiar ni médico. Carecen de historia clínica.

Carecen de un botiquín que contenga los más elementales materiales de primeros auxilios. Ni siquiera existen extintores para un caso de emergencia.

La Unidad de Protección Civil del Estado de Colima no se aparece, no regula, no fiscaliza, no apoya no controla, no ayuda en nada. Al igual que la Secretaría del Trabajo, pues los trabajadores no cuentan ni con contratos ni las prestaciones que la ley les otorga. El Asilo San Gabriel es una verdadera tierra sin ley.

La paradoja es que la Fiscalía del Estado de Colima la que debe procurar justicia es la más interesada en promover un espacio sin ley. La Fiscalía procura no procurar la aplicación de la ley en defensa de los ancianos y los trabajadores en indefensión.

 El asilo está siendo administrado -es un decir- por Axel “N” y Gabriela “N” ambos, según los que los conocen, sin certificación oficial, el primero ejerce la medicina sin la más mínima asepsia ni los conocimientos básicos certificados oficialmente, la segunda, se ostenta como auxiliar geriátrica, sin embargo, ejerce, presumiblemente, sin que conste oficialmente su formación profesional.

El asilo sobrevive de donaciones de pañales, medicamentos y frutas de los familiares. Los familiares comentan que los recursos de las tarjes del bienestar de los adultos mayores son usados para su manutención.

El asilo recibe aproximadamente 280 mil pesos mensuales por concepto de pagos, hasta donde se sabe; sin embargo, la atención es propia de un reclusorio (y de los peores).

Fausto “N”, un día cualquiera, dijo que necesitaba de sus laxantes y el administrador le respondió que chingara a su madre que él no sabía de sus medicamentos, y la ira se desató sobre el anciano.

La vida cotidiana en el asilo es así, violenta.

La forma de dirigirse cotidiana hacia los ancianos es ofensiva, denigrante. Los ofenden, los humillan los defenestran. El lenguaje de los administradores es soez, sexualizado en grado superlativo. Incluso se llega a la violencia física y se les ofende con tocamientos íntimos cuando los llevan a las duchas. Las vejaciones es el pan nuestro de cada día.

En la farmacia Guadalajara de la avenida Benito Juárez casi esquina con J. Merced Cabrera habitan normalmente uno o varios indigentes, en las oficinas del banco BBVA también. Muchas veces pensé que ellos debían de ser acogidos por el Desarrollo Integral para la Familia y no estar en condiciones de calle, baja el riesgo y el desamparo, sufriendo por falta de comida, vestido, hogar; sin embargo, ahora que conozco las condiciones de un asilo de acogida como el Asilo San Gabriel, entiendo el porqué se rehúsan estas personas a ser canalizados a estos albergues, sencillamente porque son un infierno.

Edit Munguía Preciado es la responsable, como Procuradora de la Defensa del Adulto Mayor, para atender las quejas en materia de abuso de los adultos mayores, sobre todo el abandono de éstos; sin embargo, ella entendió la encomienda al revés.

Es muy clara la Ley de la Procuraduría de la Defensa del Adulto Mayor para el Estado de Colima en su Capítulo II De las Atribuciones y, específicamente, en su artículo 8 fracción XX que establece que la Procuraduría debe “Realizar visitas a los diferentes albergues públicos y privados del Estado para verificar el estado físico de los adultos mayores, así como la atención que se les brinda y que las instalaciones sean las apropiadas, tomando nota de cualquier anomalía y, en su caso, emitir alguna recomendación, determinar alguna medida de apremio o denunciar ante la autoridad que corresponda.”

Dónde anda Edit Munguía Preciado que no ve ni oye lo que sucede en el Asilo San Gabriel. ¿A quién encubre? ¿A quién o quiénes protege?

Las quejas de violencia, abuso y abandono desde hace muchos años allí están y el irresponsable e inepto presidente del DIF, Arnoldo Vizcaíno Silva, ha sido incapaz de brindarles protección a las personas mayores vulnerables y desamparadas.  

La gobernadora prometió en su campaña convertir la Casa de Gobierno en un albergue para las mujeres violentadas y los adultos en situaciones de abandono, pero en lugar de hacerlo convirtió la Casa de Gobierno de una cantina para hacer sus afteres party, como el realizado con los Tigres del Norte en la pasada Ferie de Colima.

Algo grave está pasando en el Asilo San Gabriel donde parece un síntoma, pero tal vez es la punta del iceberg de una enfermedad grave, pues el trato y abuso hacia adultos en estado de abandono y abuso, no parece ser una situación de excepción, sino la normalidad donde están involucrados funcionarios de la Procuraduría de la Defensa de los Adultos Mayores, de la  Fiscalía General del Estado de Colima y del Desarrollo Integral de la Familia que son: Edit Munguía Preciado, Bryant García, Rosi Bayardo y Arnoldo Vizcaíno Silva.

Por un lado, es probable que se trate de un gran negocio, donde algunos funcionarios se están quedando con dinero público, pretendiendo atender el problema de adultos sujetos a violencia y al abandono de los parientes, pero por otro, se trata del abuso, humillación y defenestración de adultos mayores.

Lucía y Fausto solo son las caras visibles de las condiciones de violencia que a diario se ejerce contra los adultos mayores en asilos de este tipo.

Y frente a la sociedad, la Fiscalía General del Estado, el DIF y el gobierno del estado se lavan la cara diciendo que son sensibles a los problemas de los viejitos.

Un día se toman la foto con los viejitos y al otro sus tarjetas del Bienestar, en privado, le son arrebatadas, como el caso del Asilo San Gabriel.

Muerte, dolor, vejaciones, violencia verbal y física es la realidad para los adultos abusados que habitan en el Asilo San Gabriel. La hipocresía del gobierno de Indira es la expresión concreta de que a la facción de la Mafia de las Amiguis como lo son Arnoldo Vizcaíno, Rosi Bayardo e Indira lo humano les es ajeno.

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