Columna
El Puercoespín
Los partidos políticos y los candidatos suelen ser unos en las campañas y otros muy distintos en el poder. Ese es el comportamiento típico y cínico de los partidos y los candidatos. Un agravante es la intensificación del chapulineo.
Los ciudadanos tenemos muy claro lo que no queremos y allí existen amplios consensos, aunque se sea de izquierda o de derecha. No queremos corruptos, despreciamos el nepotismo, odiamos la ineptitud, desaprobamos las prácticas de chapulines.
Pero, también viene de muy atrás, por parte de los ciudadanos, la demanda de que los partidos y los candidatos presenten propuestas y establezcan compromisos concretos.
El sentimiento es que cumplan lo prometido cuando ya estén en el poder.
Tanto los partidos como los candidatos han abusado de competir con base en: su popularidad, ser carismáticos, generosos o buena ondita; sus planteamientos están dominados básicamente por los sentimientos y no por las propuestas concretas; las propuestas, si es que plantean, son desarticuladas o coyunturales y, sobre todo, las hacen pensando que no afecten su popularidad o implique pérdida de popularidad.
Lo anterior provoca que los candidatos asuman discursos ambiguos o a la carta de cada sector, clase o grupo social: hablan para cada estrato o grupo según el foro o territorio donde estén haciendo campaña.
Lo anterior provoca que los electores terminemos eligiendo entre inconvenientes, o, dicho de otra forma, elegimos al que consideramos al candidato menos malo.
Los partidos y los candidatos terminan asumiendo diversas posturas, discursos y compromisos contradictorios sin solución práctica a los problemas reales de la población. Se comprometen con todos para terminar fallando a la totalidad y sirviéndose ellos y su grupo.
Por otra parte, los grupos minoritarios de género o marginales, terminan siendo chantajeados, condicionados y usados en forma abusiva, según el interés faccioso del político o del partido o coalición.
Sin embargo, la sociedad cada vez está perfilando con su voto, a los políticos que quiere en el poder.
Qué infiero a estas alturas de los ciudadanos y sus sentimientos:
Primero. – Que desean que los políticos deben de comprometerse en campaña y cumplir en el ´poder.
Segundo. – Que los perfiles de candidatos corruptos no son aceptados -aunque los partidos insisten en mantener el negocio de seguir postulándolos-. Podrán ser presentados por los partidos políticos y ser beneplácito de sus clientelas, pero rechazados por la mayoría del electorado.
Tercero. – Que la vinculación con el crimen organizado no tiene cabida en el escenario electoral.
Cuarto. – Que los candidatos sean congruentes con las ideologías, principios y programas de los partidos que los postulan.
Con base en lo anterior qué esperan los ciudadanos de los candidatos:
Uno. Que los partidos no presenten candidatos corruptos.
Dos. Que si los partidos presentan chapulines estos serán censurados con el voto ciudadano.
Tres. Que los candidatos presenten soluciones concretas para sus ámbitos de competencia.
Cuatro. Que los candidatos no estén vinculados al narcotráfico.
Qué pido yo para los candidatos, cuál es el perfil que les exijo:
Uno. Que conozca mi estado, mi municipio y mi distrito electoral.
Dos. Que sea honrado.
Tres. Que presente un plan mínimo de lo que pretende hacer y las políticas públicas que pretende defender y se comprometa a ello.
Cuatro. Que, cuando menos, presente tres puntos básicos de cómo enfrentará la seguridad pública.
Cinco. Que plantee, mínimamente, un bosquejo de cómo piensa contribuir para sanear las finanzas públicas y su visión para reactivar la economía del municipio y del estado.
Seis. Que presente una carta donde declare públicamente que no pertenece ni tiene vínculos con el narcotráfico, en particular, ni con el crimen organizado en general.
En síntesis: qué va a hacer para sanear y mejorar las finanzas públicas y la economía estatal; cómo resolverá el problema de la inseguridad y una declaración pública de que no es narco ni está ligado al crimen organizado.
Candidato, a cualquier puesto de elección popular, que no sea capaz de proponer algo concreto en estos tres puntos básicos no estará haciendo política, simple y llanamente, estará buscando un hueso para cobrar durante seis o tres años, según el puesto que busca, y beneficiarse en lo particular.
Los ciudadanos necesitamos que los políticos se comprometan en la campaña y se lleven el compromiso a su puesto público y pongan todo su talento, esfuerzo y voluntad para servir a los ciudadanos.
Ya estoy harto de selfis, de poses infantiles y discursos vacíos.
No pido más, tres cosas, y en esas tres cosas exijo resultados: finanzas sanas, seguridad eficiente y no pertenecer al narco. Punto.
Los sentimientos de los colimenses no son tan complejos, son simples y claros. Queremos políticos honrados y que trabajen. No se les pide nada complejo, no se les pide imposibles.
Cuando los políticos frívolos vean que, con todo el dinero de los programas sociales, con todos los burócratas maiceados y los mototaxis acarreando ciudadanos a las urnas no fue suficiente, entonces entenderán que, ese día, el día de las votaciones los ciudadanos mandamos.
Los candidatos de todos los partidos deben establecer compromisos, sobre todo, mandarnos el poderoso mensaje de que no son narco ni están ligados al crimen organizado.