Columna
El Puercoespín
En Colima, el partido Morena, está empeñado en construir el peor escenario para ellos y sus potenciales votantes. Elementos beneficiados por el crimen organizado, funcionarios corruptos de anteriores administraciones y grupos nepóticos que solo buscan construir cotos de poder familiar, son los políticos que han sido nominados para ocupar las candidaturas de Morena para próxima elección.
En Colima los votantes, que se asuman como personas de un pensamiento de izquierda, no tendrán en el partido Morena en su fórmula al Senado y en el candidato a diputado federal por el primer distrito, una opción por la cual votar.
Apenas el pasado mes de octubre, la mayoría de los diputados de Morena en el Congreso perdonaron a Morán Sánchez por el presunto desvío de 53 millones de pesos cuando fue alcalde de Colima en el trienio 2018-2021 con las siglas de Movimiento Ciudadano. Antes había sido alcalde y diputado federal del PAN y un crítico del presidente, Andrés Manuel López Obrador.
Morán, quien anteriormente fue miembro del Partido Acción Nacional y posteriormente de Movimiento Ciudadano, actualmente se presenta bajo la bandera de Morena. Con dos periodos como alcalde de la capital colimense y tres intentos fallidos por la gubernatura, Morán emerge como candidato a diputado federal, siendo considerado como “la esperanza de México”.
El transito de Locho Morán del partido Acción Nacional, Movimiento Ciudadano hasta llegar a Morena no ha significado una evolución ideológica, vamos, no se trata de una maduración o una evolución de una persona que va dejando un pensamiento conservador hacia un pensamiento progresista.
Locho cuando estaba en el PAN se asumía como conservador, cuando militó en Movimiento Ciudadano se asumió como conservador, su pasó a MC no podía traducirse como una conversión hacia un pensamiento social demócrata que, de alguna manera propone MC, no, de ninguna manera, solo se trató de controlar la franquicia para, en consecuencia, controlar las candidaturas, cosa que le negaron o no pudo hacer más en Acción Nacional.
Su buena reputación se fundó en un manejo más eficiente de los recursos del ayuntamiento de Colima que presidió en dos periodos el primero de 2003-2006 y el segundo de 2018 a 2021. En el primer periodo destacó porque realizó una administración decorosa que contrastó con la desastrosa administración de Enrique Michel Ruiz.
Fue candidato a gobernador en tres ocasiones: en la primera ocasión lo hizo en la elección extraordinaria de 2005; también lo fue en las elecciones de 2015; además participó en las elecciones a la gubernatura de 2018 donde acusó fuertemente de corrupto a Ignacio Peralta Sánchez y a Indira Vizcaíno por ser parte del gobierno y grupo político del priista.
Sus excesos, en su segunda administración municipal, es decir, el haber retenido las cuotas a los trabajadores y no haberlas enterado al Ipecol lo pusieron en una encrucijada o enfrentaba el juicio político y eventualmente un juicio penal o se unía a la pandilla de los Vizcaíno para ser protegido y no se proceda en su contra, pero en compensación éste se comprometió a entregar su capital político para impulsar a Morena.
La llegada, a Morena, de Locho, significa la llegada de un conservado que no ha planteado una conversión hacia pensamientos sociales de avanzada, no, de ninguna manera. No está planteando una lucha por la equidad y la justicia social, no.
Él emigra a Morena para ponerse a salvo de la cárcel. El no quiere ir a la cárcel. Cosa que sería altamente factible por su presunto mal manejo de las cuotas de los trabajadores que no enteró al Ipecol.
Pero el capital político de Locho, a estas alturas del partido, está por los suelos, como por los suelos está su lengua para lamer las suelas de los dirigentes de Morena.
Su llegada a Morena es la llegada de un político que ha decidió cambiar lo que le queda de dignidad para hacer campaña por algo que no cree.
Locho llega a Morena odiado por las clases medias colimenses que lo consideran un traidor a sus antiguas organizaciones políticas en las que militó (PAN y MC), pero también es odiado por los morenistas que lo consideran un misógino y un ejercedor de violencia de género contra las mujeres. Locho ni llega redimido ni purificado porque no ha hecho actividades políticas que así lo acrediten, sigue siendo el mismo, pero ahora queriendo abusar de los colimenses para enchufarse nuevamente a la nómina.
Los tiempos cambiaron ya, no se engaña fácilmente. Locho es un chapulín que quiere fuero para evitar la cárcel y para seguir abusando del poder y hacerse de dinero.
La gente de izquierda no votará por él, las clases medias, por considerarlo un traidor, no votarán tampoco por él.
Locho acabó con su reputación porque la gente ya lo conoció y vio que sus intereses no están en la gente, sus intereses están en sus beneficios personales.
La gente no votará por Locho porque lo único que dejó bien claro con sus traiciones es que, tan corruptos es, como a los que decía combatir.
Locho es tan corrupto como Nacho Peralta e Indira Vizcaíno, por lo que, ahora, con ésta última hace un equipo perfecto.
Por otro lado, Rubén Romo (¡Por fin!), se dio cuenta que los espacios cedidos a los priistas y panistas de nuevo fichaje los están dejando sin espacios -como es lógico y natural- a los miembros de los sectarios y monolíticos miembros que sueñan con el don de la ubicuidad que se están quedando sin espacios para reciclarse en el poder y, ante su incapacidad de criticar a Mario Delgado y a su jefa, optó por criticar la postulación de la única morenista fundadora, Gricelda Valencia, para evitar criticar al usurpador de Locho y publicó lo siguiente en su muro del feis “En su pinche casa la conocen y ya nos metieron una disque representante del distrito federal 2 que ni se para aquí en Manzanillo!!!, lo bueno es que Manzanillo es el “bastión “ de Morena.”
Su berrinche duró poco, pues, en pocos minutos, se volvió a cuadrar ante sus jefes y jefas y continuó arrodillado para no ser excluido del reparto del pastel -un pastel muy reducido-, si es que le toca.
La experiencia de Rubén Romo es paradigmática para el resto de los militantes: prohibido pensar y expresarlo. Eso le quedó bien claro a Romo.