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COLIMA

Festivales y Borracheras S.A.

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Columna

El puercoespín

De acuerdo con la Encuesta Nacional de Salud y Nutrición (Ensanut) el estado de Colima, en el año 2012, la población que ingiere alcohol diariamente, o cuando menos una vez a la semana, alcanzó a un 53.9 % de la población -de 20 años o más-; para el año 2018 alcanzó al 63.8 %; en cuanto al tabaco solo el 13 % lo consume y de ese porcentaje el 19.9 % son hombres y el 8 % a mujeres.

No está de más señalar que a nivel local el 10.7 % bebe alcohol consuetudinariamente frente al 8.5 % que lo hace a nivel nacional y, por cierto, que las tasas de alcoholismo afectan por igual a hombres como mujeres.

De acuerdo con una encuesta denominada “Hemisférica, sobre Patrones del Consumo de Sustancias Psicoactivas” durante la pandemia del Covid-19, se detectó en Colima un incremento en el consumo de drogas, tabaco, así como episodios de depresión y ansiedad, principalmente en grupos de entre los 20 y 40 años.

Según la encuesta realizada por la Comisión Nacional contra las Adicciones (Conadic) indican que el incremento en el consumo de alcohol fue de 20 y 30 %; de tabaco, entre 10 y 12 % y de drogas ilegales como cannabis y estimulantes, entre un 3 y 5 %.

También se reportó un incremento de episodios depresivos y de ansiedad de un 20 y 28 %. Además, el grupo de la edad que más cambio se mostró en el consumo de sustancias y emociones fue el de 20 a 40 años.

Las tendencias de crecimiento de drogas blandas son claras y consistentes. También es preocupante que sus avances se focalizan en los rangos de edad de entre los 20 y los 40 años.

Sin embargo, los gobiernos del estado y ayuntamientos no parecen interesados en observar la tendencia de estas cifras.

Colima vive inmerso en una guerra de baja intensidad entre los cárteles de las drogas Jalisco Nueva Generación, de Sinaloa y Los Mezcales que, a estas alturas de la vida, han convertido los asesinatos diarios en algo natural, los han normalizado y, como dicen los periodistas, ya no son nota. La muerte está a la vuelta de la esquina. En las calles, en las aceras, en el polígono de los barrios El Mezcalito, El Zalatòn de Juárez, El Iuba (Instituto Universitario de Bellas Artes) y Las Amarillas.

Por otro lado, el consumo del alcohol viene creciendo en forma consistente y alarmante que, los gobiernos estatal y municipales, parecen no percibir.

No olvidemos que las drogas blandas como el alcohol y el tabaco son la puerta de entrada a las drogas duras.

La guerra de los cárteles y el impulso del consumo del alcohol, como una forma de activar la economía, no parece ser una buena idea en el contexto de una guerra entre cárteles, donde el gobierno del estado no solo no resuelve el problema de la violencia, sino que todos los indicios ubican al gobierno de Indira como un protagonista más entre los cárteles, y no, como un ente del lado de los ciudadanos.

Las ferias de artesanías, de la gastronomía, de cultura, cada día se van inclinado más a la promoción y venta de bebidas alcohólicas como el fomento del vino, el mezcal y la cerveza.

Está bien que se impulsen las regiones turísticas, las artesanías, la gastronomía y, hasta cierto punto, las bebidas espirituosas, pero también es importante considerar el contexto donde se están dando.

Sería importante considerar no cooperar a impulsar un contexto social donde el alcohol sea el pretexto para la libre circulación de drogas más duras.

El Festival del Mezcal realizado los días 15 y 16 de octubre parece haber puesto más acento en catas de mezcal que en la música, el arte, la comida, las conferencias y la cultura. Donde puede haber negocio y puede haber divertimento con moderación alcohólica, cultura y esparcimiento.

El Festival La Campana Lager Fest, (próximo a realizarse los días 17 y 18 de noviembre, exactamente a una semana de la feria regional, no exenta de bebidas alcohólicas) organizado en un área natural protegida, parece más interesado en el negocio de las bebidas alcohólicas que en la cultura y el arte. Que además tiene el ingrediente de no respetar el espacio natural protegido por la ley.

El gobierno del estado y los ayuntamientos deben de tener mayor conciencia y poner un alto a la promoción del consumo de alcohol con el pretexto de la activación de la economía.

Sí, a la activación de la economía por la vía de las artesanías, gastronomía, arte y cultura -y por qué no con bebidas alcohólicas con moderación-, pero no abusar de los festivales alcohólicos disfrazados de promociones culturales y artísticas.

La violencia de los narcos, sus vendedores menudistas y festivales con borracheras, no son una buena mezcla en un estado donde el alcoholismo de la población de entre 20 y 40 años va creciendo.

Festivales, arte, cultura y economía sí, promoción de vulgares borracheras no.

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