Columna
El puercoespín
Rebeldes sin causa
En 1955 se estrenó la película Rebelde sin causa protagonizada por James Dean y Natalie Wood. Se trataba de una historia de adolescente ingenuos que tenían problemas en sus hogares y los proyectaban manifestándose en actos contra la autoridad. No tenía ningún sentido político ni de protesta social alguna. El argumento de la película solo proyecta el asunto de los protagonistas que todavía no habían pasado por un proceso legas (o sea una causa o proceso judicial). La traducción literal del título de la película se interpretó en México como chicos que se revelaban sin ningún objetivo en particular, es decir, se decodificó como chicos revoltosos sin ninguna causa (objetivo, ideal o motivación social especifica) y nunca como chavos que no habían pisado los tribunales. De ahí la popularización del título y su aplicación a los jóvenes cuando hacían actos de irreverencia contra los mayores o la autoridad escolar o política como un rebelde sin causa, es decir, sin sentido ni objetivo específicos.
Aguas con la Tira
En México en la década de los 60 y 70 los chavos construyeron un lenguaje que tenía que ver todo con una rebeldía contra el gobierno y contra todo el Estado mexicano.
La película El Grito hace una crónica fotográfica de cómo la protesta de los muchachos en la Universidad y el Politécnico Nacional habían sido llevado por las circunstancias a encabezar toda la inconformidad que se encontraba contenida en todos y cada uno de los ciudadanos que estaban hartos de un régimen posrevolucionario que estaba cerrado, hermético a todas las manifestaciones de la sociedad. Era un régimen cerrado y autoritario. La sociedad primero apática terminó apoyando a los muchachos porque el hartazgo había tocado fondo y subyacía en todos pero faltaba alguien que lo asumiera socialmente y ese alguien fueron los estudiantes universitarios.
Durante y después del 2 de Octubre (1968) los muchachos en los barrios, las colonias, fraccionamientos, vecindades, multifamiliares, jardines, entre otros espacios, habían incubado y desarrollado un germen de rebeldía y oposición al régimen priista. Los muchachos que tomaban cerveza, escuchaban música en los corros de muchachos reunidos en las esquinas habían adoptado el lenguaje liberador que hacía suya la protesta contra un régimen agotado. Por eso cuando llegaba la policía decían ¡Aguas la Tira! Ya viene la Tira, la tirana. Era un grito de alerta contra un gobierno que se había divorciado de la sociedad. ¡Aguas la Tira!, la tirana. La tiranía.
La Tira era el apócope de tirana, tiranía. La Tira, el gobierno, la policía.
Cada acto de reunión tenía un sentido de protesta y enfado con el régimen cerrado y autoritario.
La gente defendía a los muchachos porque la policía, la Tira, era la cara del odio del gobierno contra los ciudadanos y particularmente contra los jóvenes.
Los Bichos
Recorren con sus motociclistas en la noche toda la zona metropolitana de Colima-Villa de Álvarez con sus escapes a todos los decibeles posibles para molestar, para intimidar, para decir que ellos mandan, para hacer gala de impunidad.
No son adolescente que quieren manifestar los problemas intrafamiliares haciendo travesuras, actos irreverentes y manifestaciones contra la autoridad, no, son sujetos más grandecitos y más perversos.
No son muchachos que están hartos de tanta violencia. No son jóvenes que han encontrado en las motocicletas una forma de expresar sus sentimientos de rebeldía frente a una autoridad abusiva e injusta, no.
Son sujetos que han encontrado un vacío de autoridad. Saben que las policías están muy entretenidas en su combate contra los cárteles del crimen organizado que han fijado en la zona metropolitana su campo de batalla.
Son sujetos que simplemente quieren intimidar a los ciudadanos, son sujetos capaces de situarse sobre la ley y la autoridad. Han sabido aprovechar el vacío entre el Gobierno del estado y los gobiernos municipales de Colima y la Villa.
Ninguna autoridad ha actuado contra ellos y ninguna autoridad a dicho nada al respecto. Los millonarios regidores no han dicho nada ni han hecho nada. Solo cobran y frente a los problemas reales suelen hacer lo que mejor saben hacer: nada.
El 8 de junio los alcanzó el destino. Los Bichos fueron protagonistas de un trágico accidente donde varios miembros de esa banda perdieron la vida y nueve resultaron con heridas muy graves. Transitaban con completa impunidad sobre el Tercer Anillo con sentido Villa de Álvarez–Colima a la altura del fraccionamiento Bosque Real.
La verdad es estos sujetos tienen harta a la sociedad colimense que vive en la zona metropolitana por su descaro e impunidad.
El escritor colimense, Osvaldo Mendoza publicó en su muro del Facebook un breve texto que sintetiza –según yo- el sentimiento de los colimenses, el texto dice: “No van a entender nunca estos muchachos. Necesitamos que la autoridad aplique mano dura, porque ponen en riesgo la vida de otras personas que ni la deben ni la temen.
Le salió cara la pirueta al Mortaliko. Andaba de lucido y 9 heridos le cobró.
A todo Colima nos vale madre saber a cuánto corre tu chingadera y qué puedes hacer en ella.
La mejor maroma que te puedes aventar es que respetes tu vida y la de tus amigos y compañeros. Ya van cinco muertos en ocho meses.
Atte.: La sociedad.”
La gobernadora y las presidentas municipales siguen sin ver ni oír este asunto. La Mesa de lo inútil no dice nada; por tanto, Los Bichos no existen. Las presidentas municipales tampoco dicen nada. Los ciudadanos solo vemos a la muerte transitando en ensordecedoras motocicletas riéndose de nosotros desde sus cuencas negras, de sus ojos, que nos dicen aquí nadie manda, Colima es tierra mostrenca y estos cabalgadores con toda impunidad se apoderan de las vías urbanas y nuestros miedos.
Los gobiernos estatal y municipales no ven, no oyen los problemas reales. Solo ven el presupuesto para cobrar jugosos salarios.
Los diputados tampoco ven ni oyen. Ni siguiera han aprobado un punto de acuerdo para llamar la atención sobre este asunto que ha venido creciendo y nadie hace nada.
Gobernadora, presidentas municipales, diputados y regidores solo saben cobrar. Los verdaderos problemas no les interesan.
Ojalá la muerte no toque a la puerta de jóvenes, niños, hombres o mujeres inocentes que solemos transitar en las calles de la zona metropolitana.
¿Seguirán dejando el problema en manos de la muerte?
La muerte es la única que se ha ocupado del asunto.
Federico López Ramírez
Nació en Los Tepames, Colima, el mismo día que sor Juana Inés de la Cruz, pero de 1960. Militó en el Psum. Gusta de autores literarios dialectales. Odia a los caciques de rancho y ama a su nieta Victoria Amelia.