Columna
El puercoespín
Allá por 1975 Félix Flores Gómez llegó a ser presidente de la Federación de Estudiantes de Guadalajara, eran tiempos violentos, eran tiempos en los que los estudiantes eran altamente tolerados, pues todavía estaban sin restañar las heridas del 68 que el gobierno había inflingido a la sociedad en general y a los universitarios en particular.
Mi es escuela secundaria, la Núm. 5 para Varones, T.M., que se ubicada a dos cuadras del parque Alcalde, a unas cuadras del centro histórico de la ciudad de Guadalajara, no era ajena a la efervescencia de los tiempos difíciles de la política mexicana. En las elecciones internas para elegir a la sociedad de alumnos la escuela era prácticamente tomada por los miembros de la Federación de Estudiantes de Guadalajara que llegaban al edificio escolar armados y con toda la prepotencia propia de los porros que tenían la hegemonía en la FEG. Su presencia obviamente intimidaba e impactaba en nosotros que éramos entonces unos púberes canéforas.
Eran tiempos en los que Félix Flores Gómez despachaba en la Federación de Estudiantes de Guadalajara, Jorge Enrique Zambrano Villa era el rector de la U de G y el Pelacuas era el jefe de la mafia en el estado de Jalisco. Un mafioso que iniciaba el control de la compra-venta de drogas al interior en la Universidad de Guadalajara y sus acciones fueron cruciales en el desarrollo político del estado de Jalisco. Fue entonces que, el jefe máximo del Grupo Universidad, Carlos Ramírez Ladewig, pidió un informe más detallado. Le informaron que la banda del Pelacuas vendía drogas en 20 puntos y que estaba apoderándose de las sociedades de alumnos, la base de su poder político. Grupo Universidad planeaba salir a las calles para protestar. El gobernador, Alberto Orozco Romero, reaccionó y acudió con Echeverría. De Los Pinos salió la orden de apresar a el Pelacuas y a su grupo, pero el Presidente remató la operación dándole impunidad al general Federico Amaya haciéndolo senador por Nuevo León. Una posible consecuencia fue la ejecución a balazos de Ramírez Ladewig en 1975 (escenario planteado por Sergio Aguayo Quesada).
Los vendedores de drogas en la Ucol
En Colima recientemente han circulado mensajes en las redes sociales que alertan sobre una posible infiltración de los grupos criminales en la Universidad.
En Colima las bardas hablan y han dicho la verdad. Las cartulinas en las bardas de las escuelas están siendo muy creíbles, pues los hechos han venido coincidiendo con los comunicados expresados en las cartulinas fijadas en las verjas de las escuelas o dejadas en las bancas y postes de las plazas públicas.
Lo grave del asunto es que se amenaza al responsable de la seguridad de la institución universitaria, al chofer del rector y personas asociados a ellos por el supuesto de que miembros de la seguridad se encuentran involucrados en la compra-venta de drogas al interior de la máxima casa de estudios.
La información que se maneja es delicada, pues no olvidemos que la Ucol tiene un origen formativo muy similar a la UdeG.
La información es relevante porque la narrativa de las bardas y las plazas públicas han actualizado la narrativa de la guerra que se está librando en las calles de las principales ciudades del estado de Colima.
La Secretaría de Seguridad Pública Estatal y la Fiscalía General del Estado de Colima han dado muestras sobradas de que efectivamente dichas instituciones están altamente infiltradas por el crimen organizado y, en grande medida, la guerra prácticamente nace y se hace desde sus entraña y desemboca en las calles del estado.
Otra característica es que el Gobierno del estado no ha tomado la iniciativa para enfrentar al crimen organizado y al parecer tan solo navega en la inercia y en las pautas que los criminales imponen.
Por lo anterior resulta relevante, urgente e importante que el actual rector responda y tome medidas en el asunto, sean cuales sean las realidades, que los mensajes de los criminales están señalando.
En los casos de acoso sexual sufrido por alumnas de la institución las autoridades de la universidad dieron la cara, actualizaron los protocolos de procedimiento y respondieron a las demandas de las alumnas. La respuesta si bien no satisfizo a todas las alumnas lo válido es que cuando menos se actuó en favor de las alumnas ofendidas.
El Gobierno del estado ha decidido ser omiso, negar información y dejar que la inercia actúe y de allí en adelante Dios dirá. Es decir, que deja hacer y deja pasar, como si no sucediera nada. No ve ni oye.
La universidad no puede asumir una política similar, pues sería un grave error. La Universidad ya demostró que tiene capacidad de escuchar y de actuar, además tiene la obligación legal y ética de asumir la defensa de su población estudiantil y laboral.
El rector debe actuar y explicar a la comunidad universitaria qué se está haciendo para evitar la penetración del crimen organizado de dicha institución y los universitarios se conviertan en un mercado cautivo de los criminales.
En el caso del acoso sexual demostró que se tiene capacidad y respuestas a los problemas concretos. En este caso la respuesta debe ser, incluso, más contundente y profunda.
El narcotráfico y sus personeros son enemigos mucho muy serios. No olvidemos que Guadalajara, particularmente, y todo Jalisco, en general, “han sido, desde los años setenta, un laboratorio de la transición entre la violencia política y la criminal y de la interacción entre cárteles criminales y grupos políticos y económicos bien consolidados. En procesos paralelos, la UdeG y los cárteles se han expandido por todo Jalisco. ¿Cómo han convivido?” sostiene y se pregunta el académico Sergio Aguayo Quesada autor de La charola, una historia de los servicio de inteligencia en México donde aborda la evolución del crimen organizado en Jalisco en los años setentas.
En Colima se debe abordar públicamente el asunto y poner a salvo a la Universidad y sobre todo a los universitarios y a la plantilla laboral.
El recto debe dar una respuesta pública y marcar su raya ante un Gobierno del estado inepto y decadente, seguir la línea del silencio y la inacción no es opción porque los universitarios están en peligro.
*Imagen tomada de la red social de la Universidad de Colima.