Columna
El puercoespín
La movilización de las feministas de negro y armadas de martillos con su enorme aparato propagandístico orquestado por los medios masivos y la derecha conservadora tenía un sustento real, la enorme violencia que se ejerce contra la mujeres en una sociedad machista secular. Morena y los grupos feministas auténticos, legítimos y verdaderamente ofendidos se fueron con la finta entonces y lograron una enorme movilización social bajo el grito ¡Nos están matando!
Poco a poco los grupos feministas auténticos se dieron cuenta de la estrategia de la derecha y las movilizaciones, después de haber destruido y golpeado a gente inocente, las aguas regresaron a sus verdaderos causes sin haber logrado su objetivo: disminuir la popularidad y la firmeza del régimen de la Cuarta Transformación. La derecha, siempre contraria a los intereses de las reivindicaciones de las mujeres, abandonó –por el momento, supongo– su máscara feminista y se preparó para utilizar la máscara de periodista defensor de la libertad de expresión.
Loret son todos los corruptos y narcos
En el caso de Carlos Loret de Mola está sucediendo algo muy similar, contextualizando su caso a las condiciones por las que atraviesan los periodistas verdaderos.
Carlos Loret de Mola y Carmen Aristegui –esta última todavía con algo de prestigio– han venido encabezando una campaña de calumnias y difamaciones contra el Ejecutivo federal disfrazadas de reivindicación de libertad de expresión.
Su campaña la soportan en una realidad lacerante y ofensiva. Desde hace muchos años los periodistas han sido matados y sus muertes han quedado en el olvido y en la impunidad; sin embargo, hoy en día, los medios masivos y la derecha golpista está tratando de endosar todos los muertos y todos los ataques contra la prensa como si se tratara de una ofensiva del Ejecutivo federal contra los trabajadores de la prensa. Para los medios masivos de derecha la violencia contra la prensa parece haber nacido con el presente régimen y todas sus críticas se han volcado contra el presidente en particular y han orquestado toda una campaña con tintes internacionales donde se han apoyado en personajes tan impresentables como el senador ultraderechista americano, Ted Cruz. Y juicios tan excesivos como ridículos como los vertidos por un medio británico llamado The Economist que llegó a decir que en México la democracia ha sido tan debilitada y disminuida que hasta cuando le robaron la presidencia a Amlo –así lo consignan– había más democracia que hoy. Sus dichos son tan estúpidos como absurdos.
Hoy, muchos periodistas se indignan, y con razón, cuando se agrede a algún miembro de la prensa, pero eso a decir que la garantía de libertad de expresión está en riesgo es una perfecta contradicción.
A Carlos Loret de Mola lo han intentado convertir en un mártir de la libertad de expresión, nada más absurdo que eso.
Si bien es cierto, según mi criterio, el presidente se excedió en el reclamo contra Carmen Aristegui, también es cierto que las acciones últimas de la periodista se inscriben dentro de una campaña de hacer de la mentira un ejercicio “profesional”, y eso ya es decisión de ella y la toma de bando según sus intereses que ella debe asumir y responsabilizarse.
El buen periodismo y periodistas que lo ejercen siempre saldrán adelante. Como lo hicieron las feministas auténticas. Los periodistas auténticos continuarán con su labor profesional; los periodistas chayoteros serán puestos en su lugar por la sociedad. Las feministas de negro y con martillos siguen vivas y haciendo de las suyas, pero son marginales y existirán mientras haya quien las financien y les den cobertura política y mediática. Lo miso ocurrirá con los periodistas chayoteros seguirán a disposición del mejor postor porque esa es su esencia; los periodistas auténticos pervivirán con su labor de reivindicar la objetividad y la verdad versus la calumnia y la mentira.
La derecha trae la prisa de debilitar a un régimen que cada día adquiere más legitimidad en función de sus acciones. Esta embestida se inscribe en la disputa por el dominio y control de la energía eléctrica. La derecha bien sabe que 2023 será un año decisivo, pues si se aprueba la reforma eléctrica (en este año), el Gobierno de México, en primer lugar, tendrá en los recursos energéticos (petróleo y electricidad) dos poderosos instrumentos para controlar las variables de la economía y la iniciativa privada no podrá mangonear los precios artificiosamente y, en segundo lugar, la puesta en marcha de la refinería Olmeca ubicada en Dos Bocas, Veracruz, junto con el control de la electricidad le dará más margen de maniobra al Estado para continuar con los programas sociales, pues estos proyectos representan mayores ingresos para el Estado mexicano. De ahí que les urja a los conservadores dar un golpe político antes de las elecciones porque para ellos las elecciones es demasiado tarde; sin embargo, es más que evidente que el juego encabezado por Loret cada día se agota como en su tiempo se agotaron las manifestaciones de las feministas de negro y martillos porque no lograron su objetivo primordial: hacerse de una base social real. Sin base social no hay movimiento político posible.
Los periodistas de a pie continuarán con sus reivindicaciones y los chayoteros a sus dineros.
Con los periodistas se está aplicando la misma fórmula que con las feministas que no es otra cosa que un intento golpista más.
Mismo esquema golpista, mismo resultado: el fracaso de los conservadores.
Quizá la única novedad es que le encontraron una debilidad al presidente. Encontraron un punto muy vulnerable de su persona, sus hijos.