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COLIMA

La oposición política, un costoso adorno

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Autor: Mario Alberto Solís Espinosa.

Malas Compañías

Frente a cualquier régimen, el papel de la oposición es fundamental para generar contrapesos, contribuir en tareas de vigilancia y fiscalización, representar a determinados segmentos de la sociedad y construir proyectos de gobierno alternos a las que ejecuta el oficialismo, más cuando este ofrece magros resultados.

Sin embargo, el estado de Colima carece desde hace varios años de tan necesarios equilibrios. La oposición es prácticamente inexistente y escasean los liderazgos que procesen de manera efectiva el descontento y la insatisfacción que genera el actual grupo en el poder.

Las instituciones políticas que no orbitan alrededor de la autodenominada Cuarta Transformación deambulan entre la intrascendencia y la franca inutilidad, no obstante la urgente necesidad de nuevas voces y perfiles en el escenario político-electoral de la entidad.

El régimen de Morena ha impuesto de manera exitosa un discurso único y hegemónico en la agenda local. Sin mucho esfuerzo, la nueva casta gobernante muy pronto logró diluir las expresiones discordantes, al menos en el contexto partidista, donde además las complicidades abundan y el talento escasea.

Ante las insuficiencias, los excesos y la evidente falta de rumbo de la administración estatal, la oposición responde con silencio e indiferencia, lo que coloca a los ciudadanos en una situación de orfandad política, en una especie de limbo que solo favorece a quienes detentan el poder sin ningún tipo de límites.

Más allá de expresiones coyunturales y personajes específicos como la exalcaldesa Griselda Martínez o la senadora Mely Romero, el resto de la oposición parece más preocupada en sus objetivos personales, en garantizar futuras posiciones para sí o sus familiares.

El PRI y el PAN, otrora partidos mayoritarios en Colima, se han convertido en organismos electoreros que únicamente se acercan a la población en temporada de votaciones. Inoperantes el resto del tiempo, tumbados cómodamente en la hamaca que les proporcionan las prerrogativas públicas, ambos reaparecen durante las campañas y pretenden, en esas escasas semanas, obtener la confianza de los electores.

A los dirigentes opositores, con honrosas y esforzadas excepciones, los ocupan sus proyectos personales, la diputación o regiduría que puedan alcanzar, sin importar que accedan a esas posiciones por la vía plurinominal, lo importante es garantizar su lugar en la nómina y con ello el acceso al presupuesto público.

Con el lastre de su pasado, la supervivencia de esos institutos políticos tendría que haber pasado por una profunda renovación, incluyendo la purga de personajes que aceleraron el declive del bipartidismo local. Al no enfrentar dicho proceso, carecen de autoridad moral y política para cuestionar la nueva etapa de corrupción y excesos que encabeza Morena en su versión colimense.

Por su parte Movimiento Ciudadano no termina de definir si construye un verdadero proyecto alternativo de ejercicio del poder o apuesta por la simulación para mantener esquemas de colaboracionismo que permitan, a sus dirigentes, el acceso a las canonjías del poder.

Su posibilidad de convertirse en una tercera vía electoral tendrá que pasar necesariamente por el rompimiento con exfuncionarios o perfiles que inmediatamente remiten a un pasado que nadie quiere repetir, pues oponerse a Morena de ninguna manera es añorar la oscura noche del prianato, quien así lo entienda se equivoca rotundamente.

En todos los casos, el tiempo se agota. El proceso electoral para renovar gubernatura, diputaciones locales y alcaldías inicia en septiembre de este año. Sin proyectos sólidos emergidos de una oposición genuina y cercana a la sociedad, es muy probable que el panorama político-electoral de los próximos años continúe bajo el control del morenismo, con todo lo que eso implica para Colima.

Más allá de su propio éxito, la permanencia del actual régimen en el poder dependerá del resurgimiento de la oposición en la entidad, lo que parece muy improbable. En la situación actual, el electorado no tiene muchas opciones y en esa circunstancia de precariedad política, los ciudadanos generalmente apuestan por la continuidad. El desánimo alimenta a los regímenes gobernantes.

BREVE HISTORIA PARA CAMILA. Tomo prestado el espacio de la princesa para referirme al caso de la Fiscalía General del Estado (FGE). En días recientes esa dependencia emprendió una intensa campaña de difusión de supuestos logros, sin embargo al buscar cotejar esos datos con las estadísticas que deberían aparecer en su espacio de transparencia, nuevamente impera la opacidad, pues ninguno de los informes más recientes ha sido publicado, no obstante la obligación de hacerlo. Es decir que una vez más, el Fiscal Bryant García pretende que los ciudadanos acepten como verdad solo su dicho y los números parciales que ofrece, mientras oculta el resto. Desafortunadamente esta opacidad y la poca seriedad ya son regla en la información que emite el Fiscal y sus colaboradores.

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