Autor: María Magdalena Escareño Torres.
La manifestación del arte, a través de todas sus significaciones, obedece a un sentido estricto del alma humana, no en la superficialidad de la mirada mecánica y materialista. Sino desde adentro del ser, lo que se percibe del entorno (en la inquietud de la incertidumbre), dentro de sí y fuera de él, de acuerdo a la sensibilidad de cada artista, siempre y cuando se apegue a las exigencias de la técnica a utilizar para materializar su creatividad. No es en el consciente donde se desenvuelve el laberinto del pulso creativo. En el subconsciente es donde se ocultan los sentires de la verdad creatividad del artista, habrá que escarbar hasta el fondo de la oscuridad, de nuestro ser interno, para hallar la luz.
Tuve la fortuna de vivir en un ambiente familiar donde el arte era un alimento fundamental, y sigue siendo, mediante la interacción entre los hermanos y hermanas mayores, que nos sembraron, a los más pequeños, la devoción a la lectura (literatura clásica), a la música, al teatro, y en especial a las artes plásticas. Vivir en este ambiente me permitió, desde la infancia, inclinarme por la escritura. Y, desde ese entonces, poco a poco, mi manera de observar el mundo (propio y social), y la búsqueda de las certezas literarias (estudio autodidacta), me orillaron a ser escritora como un proyecto de vida e integral. Aun con la profesión de economista, nunca dejé de escribir, al principio sólo poesía.
Durante más de veinticinco años, y desde antes de publicar mi primer libro, he tenido la certeza de que cada publicación de un libro deja de pertenecer al escritor para pasar al dominio de las personas lectoras o posibles lectoras; son ellas (yo misma como lectora) quienes, de acuerdo a su experiencia, dan sentido a la complejidad del lenguaje literario. Si bien la lectura no modifica la personalidad del individuo, da cabida a enriquecer las estructuras del pensamiento para mejorar el entendimiento de los sucesos del día a día, claro, si el alma humana está libre de prejuicios, pero si existen intereses mezquinos, creo que no pasa nada afortunado para estas personas.
He recorrido parte del país (24 estados) con este proyecto integral de vida, como escritora y todavía más como sembradora de posibles lectores. Mi forma de acercarme con las personas (una a una, de preferencia no en grupo), en sus fuentes de trabajo, primordialmente, es de igual a igual tal lectores o posibles lectores, pues sólo soy escritora cuando me hallo en el trance de escribir en mi cuartito de resonancias del subconsciente, sola. Este hecho me ofrece un acercamiento franco con las personas, pues cada ser tiene necesidades expresivas diferentes que hay que atender, logrando un aprendizaje mutuo (siempre estamos aprendiendo en el acto breve del encuentro).
Soy una mujer, como la mayoría de los seres, que agradecemos a la vida cada regalo que nos ofrece, muchas veces, en la brevedad de una comunicación que se da, en mi caso, en el preciso instante de la casualidad, no sé con quién me voy a encontrar, pero sé que con alguien voy a establecer un lazo de amor a la literatura. Si no es lectora, y no tiene interés en serlo, le propongo, que en un futuro próximo se anime y empiece con literatura clásica, creo que es lo mejor para iniciar el camino de la lectura literaria. Cuando alguien me pide que le dedique el libro que adquiere, fluye, en la primera página del libro, una prosa poética única y que sólo pertenece y nace del espíritu de esta persona.
La autora ha publicado una veintena de libros que abarcan poesía, narrativa breve, dramaturgia, teatro, cuento y novela. Destaca especialmente Brevísimo en lo posible, un método de lectura literaria diseñado para acompañar la formación lectora desde la educación primaria hasta el doctorado, en respuesta a las preocupantes carencias lectoras que persisten en nuestro país.