Avanzada (09/01/2026).- Rusia intensificó la ofensiva contra Ucrania durante la madrugada de este viernes 9 de enero, al lanzar un ataque masivo que incluyó el uso, por segunda vez en combate, de su misil balístico hipersónico Oréshnik, el cual impactó en la región de Leópolis (Lviv), en el oeste del país, una zona estratégica por su cercanía con la frontera de Polonia y territorios de la OTAN. La acción se da en una nueva escalada del conflicto que se aproxima a cumplir cuatro años desde su inicio.
De acuerdo con el Ministerio de Defensa ruso, la ofensiva contempló el disparo de 36 misiles y el despliegue de 242 drones contra distintos puntos de Ucrania. Autoridades ucranianas confirmaron que el misil hipersónico, con capacidad de alcanzar velocidades cercanas a Mach 10, impactó en una instalación de infraestructura crítica. El Servicio de Seguridad de Ucrania informó que en el lugar del ataque fueron localizados fragmentos del proyectil, incluidos componentes del motor y sistemas de guía, y precisó que, aunque el Oréshnik tiene capacidad nuclear, en esta ocasión habría sido equipado con una ojiva convencional o inerte.
El ataque tuvo consecuencias severas para la población civil y los servicios básicos. En Kiev, las autoridades reportaron al menos cuatro personas fallecidas, entre ellas un trabajador de emergencias, así como 25 heridos. El alcalde de la capital, Vitali Klitschko, informó que alrededor de 6 mil edificios residenciales quedaron sin calefacción en medio de una ola de frío extremo. Además, los bombardeos contra la infraestructura energética provocaron una crisis de suministros que dejó a más de un millón de personas sin agua ni electricidad, principalmente en las regiones de Dnipropetrovsk y Zaporiyia.
La ofensiva generó una rápida reacción internacional. El canciller ucraniano, Andrí Sibiga, advirtió que el ataque representa una amenaza global, al haberse producido cerca de la frontera de la Unión Europea. En tanto, países bálticos como Letonia solicitaron una reunión urgente del Consejo de Seguridad de la ONU, al considerar que el uso de armamento con capacidad nuclear en las inmediaciones de territorio de la OTAN constituye un intento de intimidación hacia los aliados occidentales de Ucrania.
Desde Moscú, el gobierno ruso justificó la operación como una respuesta a presuntos ataques previos con drones contra residencias oficiales en Rusia, versión que fue rechazada de manera tajante por Kiev, que la calificó como propaganda destinada a justificar acciones de terror contra la población ucraniana.