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Pseudo Periodistas son propagandistas por decisión

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Columna

El Puercoespín

“No hay pruebas de presión presidencial para despedirme, pero estoy segura que fue eso”: Laura Brugés. Lo anterior lo declaró la periodista a Julio Hernández López en el programa transmitido por Twitter de Julio Astillero el 21 de marzo del año en curso.

En su cuenta personal Brugés, el 20 de marzo, había escrito lo siguiente: “Hoy tras la información en la Mañanera me convocaron a las oficinas de Radio Fórmula donde se me comunicó que no seguiría formando parte de la empresa”. Y en ese mismo tuit hace una relatoría de lo que ella considera un despido injustificado, se despide de sus compañeros, a quienes agradece sus atenciones, y termina el documento solidarizando con las mujeres violentadas, los familiares de éstas, entre otras cosas.

El caso es que Laura Brugés utilizó su despido para llamar la atención de los miembros de la derecha y los políticos de la campaña de Xóchitl para hacerse publicidad y victimizarse; sin embargo, a lo largo de la entrevista con Julio Hernández, el 21 de marzo, en ningún momento se atrevió a sostener que había sido despedida por presiones de Palacio Nacional.

Usó la supuesta represión de Palacio para darse publicidad y promover su imagen profesional.

Ni Azucena Uresti que había salido del grupo multimedia Milenio insinuando una represión desde Palacio se solidarizó con ella. Guardó silencio porque Brugés estaba atacando a la nueva empresa de Azucena Uresti, Radio Fórmula.

Quizá Uresti fue más efectiva en su estrategia y logró, tras su salida del grupo Milenio llamar la atención y, con base en una táctica ambigua, victimizarse y hacerse pasar por una periodista democrática atacada y reprimida desde Palacio Nacional por el gran dictador.

Azucena fue efectiva y logró llamar la atención y ganar una buena dosis de publicidad para su persona.

En varios editoriales Julio Astillero ha reflexionado acerca de la represión a los periodistas desde Palacio Nacional y con mucho profesionalismo y ética profesional a dicho y repetido que no ha encontrado un solo caso que se pueda documentar donde un periodista haya sido reprimido desde Palacio Nacional por opinar diferente al Gobierno de México.

Un caso diáfano

Carlos Loret de Mola es un caso muy diáfano de un periodista que ha dejado de ser periodista para irse a la militancia política con la derecha y convertirse en vocero oficial, vocero oficioso, propagandista, publicista, calumniador, difamador, porro verbal, “rumorador” y animador de las políticas de derecha más insostenibles.     Utiliza la impostura del periodismo para proyectar sus mensajes, sus calumnias y todo lo que no pueden decir los actores políticos de derecha porque lo conveniente es que lo diga un tercero para establecer un círculo donde la verdad se crea a partir de repetir las mentiras y manejarlas de múltiples formas.

Carlos Loret de Mola es un periodista de formación, pero un militante de derecha profesional -con excelente paga- donde su credibilidad se finca en: su popularidad ganada en las pantallas de Televisa y usa su popularidad como sinónimo de credibilidad.

Su única base de credibilidad es sostener que, como es periodista, lo que dice es objetivo y es verdad, además por mucho tiempo sus dichos fueron tomados como verdades, cuando Televisa dictaba los criterios de lo falso y lo verdadero. Eso ya quedó en el basurero de la historia.

Carlos Loret de Mola es un mensajero focalizado. Sus baterías están dirigidas hacia sus simpatizantes y miembros ideologizados denominado núcleo o base dura.

Carlos Loret de Mola es la negación de su propio discurso, pues miente y difama a la figura presidencial y la acusa de dictadura y, paradójicamente, goza de la más amplia libertad de expresión. De vivir en una dictadura hace cuatro años que estaría en la cárcel por mentiroso y calumniador.

El discurso de Loret es para fortalecer a la base ideológica de los conservadores que requieren discurso para enfrentar, en la vida cotidiana, a los ciudadanos que sostienen al gobierno de la Cuarta Transformación.

Defender a Loret de Mola como alguien que práctica periodismo es un error de concepción del periodismo. Loret no es periodista. Loret se cubre con el periodismo.

En síntesis, Loret de Mola es la expresión más acabada de cómo el periodismo fue matado por los dueños de las empresas y lo convirtieron en maquinaria propagandista y publicitaria en forma abierta y descara, no más disfrazada o simulada.

Carlos Loret y todos los de su calaña que, se dicen defensores de la libertad de expresión, tienen su base de credibilidad en los asesinatos reales de periodistas en las localidades a manos de grupos oligarcas, de caciques y grupos políticos maximalistas, que, dicho sea de paso, están ligados a grupos nacionales de derecha.

El verdadero periodismo está creando una nueva generación como: Daniela Barragán, Nancy Contreras, Carolina Rocha y Juncal Solano, Poncho Gutiérrez, por citar algunos, que acompañados por periodistas experimentados como Julio Hernández López, Álvaro Delgado, por señalador dos, están construyendo un periodismo de nueva generación.

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