Columna
El Puercoespín
De niño me tocó ir a las tortillas, era la larga y soleada la cola que hacíamos, allí se ventilaban todos los chismes del barrio. En la cola de las tortillas se sabía vida y obra de nuestros vecinos.
A otras generaciones les tocó la cola del molino de nixtamal donde las molineras y los clientes hacían de la comunicación su instrumento favorito, todo un arte. Ir al molino era la oportunidad para enterarse y actualizarse de las cosas de los residentes del barrio.
Otras generaciones, más antiguas, eran los lavaderos, en las vecindades principalmente, el foro donde se construía la vida y obra de los vecinos. De allí surgió el dicho aquel de chisme de lavadero.
La fila de las tortillas, la fila del molino y las sesiones del lavadero se complementaban con los chismes de nuestros corros de amigos que construíamos en la escuela, en el centro de trabajo, en la iglesia, en la familia, entre otros espacios sociales. Entonces todos estos grupos tenían una característica peculiar, estaban compartimentalizados, es decir, que lo que se comentaba en un grupo no se sabía en otro, luego entonces, quienes tenían la habilidad de ir cosechando información en cada grupo y ataba perfectamente los cabos eran la tipa o el tipo mejor informado, el más chismoso del barrio.
A los más jóvenes, a los chicos de hoy, les toco el feis, el tuiter, Tik Tok, entre otras redes del espacio cibernético donde se construye el chisme del barrio. Todos los corros de amigos que existen hoy, todos se conocen, dejaron de estar separados y los grupos se entrelazan desde nuestro barrio, el municipio, la ciudad, el estado, el país y el mundo. El corro de amigos del barrio creció y se volvió global.
Por lo anteriormente expresado hoy en las redes sociales, principalmente el Twitter, la gente vive un mundo agresivo, irrespetuoso -disfrazado de tolerante-, donde todo mundo cree tener el monopolio de la verdad y quien no coincide se vuelve un enemigo al que se le debe insultar a la menor provocación y los amigos, a pesar de sus impertinencias e ignorancia, respetarlos y defenderlos.
En México potencialmente 17 millones de personas usan Twitter, de los cuales el 37 % son hombres y el 62 % mujeres. Lo cual significa que todas las redes sociales feis, tuiter, Tik Tok lo navegan solo el 13 % de mexicanos.
Allí, ahorita, hay una fauna de locos de atar que han inventado un mundo paralelo que han perdido, según yo, toda la dimensión del mundo real. Traspiran odio y mediocridad.
Veamos unos ejemplos a continuación:
Pablo Majluf, intelectual de derecha que participa en el foro de Televisa Es la hora de Opinar conducido por Leo Zuckerman escribió lo siguiente: “No basta con sacar del poder al obradorismo. Es desenraizarlo de la cultura política, confinarlo a los extremos, donde siempre debe estar. Es el nacional-populismo, lo más cercano que hemos llegado al fascismo. Esa es la parte difícil. Sin embargo, que el líder acabe en el oprobio y desmitificado puede ayudar.” La estupidez, odio e ignorancia de Pablo Majluf solo puede calificarse de locura. Nada que ver con la cordura. Y sus opiniones nada que ver con la realidad que estamos viviendo en México. Y se dice académico e intelectual. Tal vez lo es, pero decadente y vulgar.
Emilio Vallejo Rangel-Larios escribió en apoyo de Pablo: “Eso incluye ilegalizar a MORENA y privar a sus militantes de sus derechos políticos-electorales de por vida. A la serpiente se le mata cortándole la cabeza.” Lo bueno es que se dicen demócratas y se asumen como tales, pero cuando escriben con libertad su subconsciente los traiciona. A estos tipos solo les faltó escribir que están ya en vías de la construcción de grandes campos de concentración y centros de trabajos forzados.
Denise Dresser célebre por sus histéricos e histriónicos discursos escribió en Twitter los siguiente: “Helo ahí, sentado en su palacio, con una corona sobre la cabeza, colocada por sí mismo. AMLO, monarca macuspano, emperador de los enojados, rey de la región menos transparente del aire. El que se declara por encima de la ley, por arriba de las reglas. El líder claramente no apto para gobernar, peligrosamente impulsivo, viciosamente connivente e indiferente a la vida.” (fragmento, primer párrafo, de un tuit). El presidente lleva cinco años ejerciendo la presidencia y ni por error sus palabras alegóricas se acercan a la realidad. Esta mujer inventa su propia realidad para condenar, en su realidad paralela, a los personajes de su inventiva, por decir lo menos.
De estos tres personajes dos, Pablo Majluf y Denis Dresser son intelectuales opinadores y tiradores de línea política en los programas formales de Televisa a la clase media conservadora. Sus ideas son pobres y lo que sigue.
Estoy maravillado de ver a estos personajes que, se dicen intelectuales y se les respetaba como tales cuando gobernaban los neoliberales, digan tantas cosas absurdas, falsas, estúpidas y peligrosamente violentas.
Aguilar Camín, Jorge Castañeda, Enrique y León Krauze, entre otros, están escribiendo igual, tratando de incendiar las praderas de Twitter para demostrar que México está al borde del abismo.
A mí me provocan risa y conmiseración. Tienen la enfermedad de carecer de dinero, ya no ganan los millones de antes y eso los desquició. Su inteligencia era directamente proporcional al dinero que les inyectaban.
Hoy recuerdo con nostalgia la fila de las tortillas que, en su tiempo, odiaba ir. Yo y todos mis hermanos y tíos se escondían para que no nos mandaran a las tortillas por el inclemente solazo del medio día de una ciudad tropical. Mi nostalgia tiene su origen en que aquellos chismes de la fila de las tortillas, del molino y del patio de lavaderos eran más emotivos, más humanos y formaban parte de la divertida manera de construir el imaginario colectivo de la vida cotidiana de entonces.
Si alguien me ve con una servilleta yendo a la esquina, no me mal juzguen, estoy nostalgiando el chisme humano de la cola de las tortillas.
Los chismes de los intelectuales decadentes están llenos de odio y no saben igual. Sus toxinas matan un poco de risa y, aunque están volviendo la vida más amarga, su locura no deja de ser un espectáculo, hasta ahora, no peligroso. Pero el germen del mal lo están sembrando poco a poco.
*Imágenes tomadas de la red social de Twitter.