Columna
El Puercoespín
Llegó al Congreso por el PES, después se declaró independiente, de allí pasó a Morena, por así convenirle a sus intereses, los electores para ella no existen. Su perfil la define. Una mujer que solo piensa en cosas sin importancia. En las sesiones del Congreso sus preocupaciones se centran en ir al toilet y comer. La importancia de conservar el cuórum es intrascendente, no le importa. Ojalá hubiera centrado su crítica en la relevancia o no del cuórum, según el asunto de la agenda de la sesión, pero no, la agenda política no le importa.
Colima vive una situación inédita en seguridad y, a la diputada, eso, la tiene sin cuidado. Su preocupación ha sido, a toda costa, que el fiscal general del estado no rinda cuentas. Su colusión con sus compañeros de bancada se centra en mantener en secreto a qué intereses y para quiénes está trabajando el fiscal general del estado. Ese tema está vedado para ella. No le importa. No está en su agenda.
Sus preocupaciones prioritarias son: ir al toilet y comer.
Colima, su gobierno, atraviesa por una crisis financiera que tiene en vilo las pensiones de los trabajadores, incluso la viabilidad de su trabajo. Las acciones del Poder Ejecutivo apuntan hacia un endeudamiento del gobierno, pero la diputada no ha dicho nada al respecto, calla como momia. No cuestiona la estrategia de la titular del Ejecutivo y no calcula los riesgos de un endeudamiento tan irresponsable como lo pretende Indira.
Sus preocupaciones son: ir al toilet y comer.
Colima, como casi todo el país, está amenazado por el crimen organizado y sus fuerzas, desde hace un año, en forma sistemática y generalizada cometen crímenes en la vía pública sin que el gobierno del estado tenga una estrategia que brinde resultados, es decir, que los contenga o mínimamente que los acote. Y la diputada no ha hecho un posicionamiento al respecto ni ha pedido cuentas a la Secretaría de Seguridad Pública que, dentro de los índices más escandalosos, está el haber rebasado la cantidad de homicidios dolosos del año pasado -rompieron su propio récord- y el secretario de Seguridad Pública sigue sin ser llamado a cuentas. La diputada está en otras cosas.
Sus preocupaciones son: ir al toilet y comer.
Pero la diputada tiene una virtud, encarna el modelo perfecto de lo que es un funcionario en tiempos de Indira. La diputada se vende al mejor postor y cambia de banderas como de outfit; utilizó el soborno y el ofrecimiento de puestos en el gobierno del estado para comprar a los delegados nacionales del PES, según las publicaciones en redes de Claudia Aguirre; su outfit es su obsesión; la frivolidad es su fuerte; carece de una agenda política mínima; vive de la ocurrencia y de montarse en los programas sociales del Gobierno de México.
Ella forma parte del equipo que se la pasa repartiendo tarjetas de los programas sociales del Gobierno de México para tomarse la foto, colgarse de los programas para promocionar su imagen como si se tratara de un juego fatuo.
La diputada es frívola. Gusta de regalos caros y de marca, como los tenis Gucci de 18 mil 900 pesos que presume en las redes sociales. Sus convicciones y principios son del tipo de Groucho Marx, así como usa unos un día, así cambia y usa otros al siguiente.
Con trabajos el Congreso sesiona dos veces por semana, tarde, allá como a las once de la mañana, pero ella solo piensa en ir al toilet y comer.
La diputada, lejos de haber sufrido un resbalón, se enmarca en el perfil de sus pares, delegados y funcionarios del gobierno de Indira. Que no reclaman nada, que no fiscalizan nada, que no proponen nada, que no critican la función pública, que carecen de agenda. Las anteriores son las cualidades de los miembros del equipo de Indira.
Cuando la discusión debería ser otra, cuando la discusión debería estar en los asuntos álgidos que estamos viviendo, ocurre todo lo contrario, ocurre la evasión como método de huida de la realidad. Seguridad, finanzas y promoción económica no están en la agenda de los frívolos representantes populares que solo cobran sin poner nada de su parte: ni talento ni trabajo ni voluntad.
El gobierno de Indira lleva dos años tomando decisiones desastrosas.
¿Será que la diputada está reclamando que ella también tiene derecho a tomar decisiones estúpidas y no la estamos entendiendo?
En Colima, el nivel político de discusión está por los suelos, esto viene sucediendo desde los tiempos de Mario y de Nacho, pero ahora tenemos una carrera desenfrenada por lograr niveles mucho más rupestres donde los actores políticos similares a los hechos por la diputada Kate Castillo, en ciertos momentos, se quieren hacer pasar por cómicos de ocasión, es decir, ser chistositos, pero cuando el humor les resulta fallido se indignan y recurren al clásico “Es que me sacaron de contexto… ay no inventen… quienes se ven mal son ustedes… y ni modo” (léase esto último con tono fresa).
Lo positivo de la transición política que estamos viviendo es el crecimiento de los niveles críticos de los ciudadanos y, personajes, como los insufribles que estamos padeciendo, serán puestos en su lugar en las próximas elecciones.
La sociedad política de Colima puede crecer, debe crecer. La sociedad ya maduró solo falta que la sociedad política se ponga a la altura de los tiempos.
La diputada quiere tiempo para salir e ir al toilet, tal vez quiere emular a su lideresa, Indira, que, como diría el clásico, a diario la defeca.