Columna
El Puercoespín
Carlos Zamarripa es un tipazo. Así se expresa, el Bryant, el cínico fiscal de Colima que en su ADN tiene tatuada su vocación corrupta, cínica y su ineptitud, por cierto, sistemáticamente probada. Admira a Carlos Zamarripa, al peor fiscal de México, el fiscal de Guanajuato que, gracias a él, el cártel de Santa Rosa de Lima goza de total impunidad. El fiscal que Amlo ha pedido su renuncia porque Guanajuato es el estado que mayor cantidad de muertos aporta a la estadística que registra diariamente el Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública.
El Bryant es un fiel admirador de la ineficiencia y, en términos relativos, es el peor fiscal a la par de Carlos Zamarripa Aguirre, la diferencia es carácter demográfico y territorial, porque Guanajuato es poblacional y geográficamente más grande.
Carlos Zamarripa es un tipazo -dice el Bryant-, su problema es que el cártel de Santa Rosa de Lima opera como Juan por su casa en Guanajuato, como si no existiera justicia. Zamarripa tiene logística, tiene campos de entrenamiento, tiene sus fuerzas bien organizadas, su problema es que el cártel de Santa Rosa de Lima y el Cártel Jalisco Nueva Generación le están ganando la batalla desde hace muchos años, desde que el PAN gobierna.
La admiración por Carlos Zamarripa es la confesión subliminal de que el Bryant comparte la tesis de los fiscales transexenales para garantizar la impunidad. Es su propia proyección de que él está destinado a “proteger” a los funcionarios de Indira, y a ella misma, y a sus cómplices del pasado. Solo actuará contra quien se dicte consigna desde el Ejecutivo.
La lucha a ultranza del Congreso local, del partido Morena y de la Gobernadora para que el fiscal no rinda cuentas y se mantengan en secreto los dos informes que ha rendido (más a fuerzas que voluntario) es la cerrada postura de usar la Fiscalía, no para procurar la justicia, sino como un instrumento de Estado para controlar a sus enemigos políticos y sacarlos de la escena política, como sucede actualmente con los casos de Martha Zepeda y Griselda Martínez.
Lo declaró en un medio local, en esa entrevista a un medio digital, el Bryant agrega, desde tiempos de Silverio Cavazos, de muchos años con Mario Anguiano y con Nacho Peralta somos el estado número uno en homicidios dolosos; sin embargo, él argumenta que eso se debe a la demografía pequeña del estado, y reitera, el problema es heredado, además -señaló con insistencia casi patológica- que la prevención del delito es responsabilidad de las policías municipales e ilustró con un ejemplo donde un asesinato, ocurrido enfrente de la céntrica sucursal de Banorte, filmado por un transeúnte y subido a las redes por él mismo, un policía municipal es incapaz de actuar y asegurar la zona del homicidio; sin embargo, no concluye si él realizó un investigación de oficio a partir de los hechos y si responsabilizó al policía municipal involucrado. No, no lo hace.
Si bien es cierto que su tarea no es prevenir el delito su tarea es la procuración de justicia y Colima en esta última área está prácticamente en la impunidad total. Su labor es ineficaz, la fiscalía que el dirige no está cumpliendo con su cometido, no sirve a los colimenses que la sostienen económicamente. Su tarea, reitero, es la persecución política bajo las ordenes de la gobernadora y sus aliados del PRI y el PAN.
El Bryant lleva en su ADN su servilismo al poder. Cuando digo que lleva en su ADN el uso faccioso de las instituciones no me refiero a una figura retórica sino a una expresión literal. Su padre vivió de las instituciones y siempre fue servil al mismo, encarnaba al clásico fiel servidor a los intereses más oscuros del poder político.
En la entrevista, además el Bryant, como buen inepto, acusó a los ciudadanos de tener una doble moral por consumir y difundir corridos, series y películas, entre otros insumos de difusión mediática, y de no apoyar a las autoridades en su ejercicio de la procuración de justicia.
Por primera vez estoy de acuerdo en algo con él -pensé en mí interior-. Tiene razón cuando censura el consumo masivo de música que hace apología del delito e idealizas las prácticas de los narcotraficantes hasta el grado de romantizarlas. Pensé ingenuamente que el fiscal estaba haciendo una crítica a la gobernadora -está haciendo uso de su autonomía, pensé en mi interior nuevamente-. No olvidemos que fue la gobernadora quien, en la pasada Feria de Colima, hizo un homenaje al Jefe de Jefes cantando en el escenario con los Tigres del Norte y siguió la pachanga en la Casa de Gobierno en franca promoción del alcoholismo y no precisamente las buenas costumbres. Parecía que el Bryant censuraba a la gobernadora, pero no, el Bryant en realidad no estaba haciendo una crítica a la gobernadora ni estaba haciendo uso de su autonomía legal, sino que se trataba de un resbalón de un inepto funcionario que, en su afán de enfocar sus criticas e imponer a la sociedad como la responsable de la promoción del narcotráfico, no reparó en la pública forma en que la gobernadora en estado de ebriedad, y fiel a su forma de pensar, le salieron de sus adentros sus fascinaciones por los narcotraficantes.
Bueno, finalmente, no logré estar de acuerdo con él, parecía que decía algo coherente, pero no fue así, fue una estupidez dicha sin reparar en la trascendencia performativa de sus dichos.
En síntesis, el Bryant es el proyecto transexenal de la Banda de Bosque Real, por tanto, todos los esfuerzos de sus órganos e instituciones estarán concentrados en evitar la rendición de cuentas del fiscal para ocultar el fracaso rotundo en la procuración de justicia que ha provocado la pervivencia de una escandalosa impunidad; pretenden esconder el uso facciosa de la procuración de la justicia, sin embargo, se están adelantando y descaradamente ya están persiguiendo a los políticos que representan una amenaza de su corrupto, faccioso y mafioso proyecto; el Bryant, en Colima, es el Carlos Zamarripa Aguirre que está operando a favor de los criminales bajo el pretexto de cubrir a todos los ex gobernadores priistas y también estará emulando al fiscal mafioso Uriel Carmona de Morelos. Es toda una escuela de delincuentes.
El Congreso y el Comité Ejecutivo de Morena han dedicado en Colima toda su energía y gastado gran cantidad de su capital político para construir una fiscalía de la talla de las fiscalías de Guanajuato y Morelos.
Cuando el Bryant dice que Carlos Zamarripa Aguirre es un tipazo, está hablando de un individuo que ha hecho un encubrimiento perfecto de sus jefes (el crimen organizado y los ex gobernadores). Es tan escandaloso su trabajo, ya que, Guanajuato es el mejor y mayor proveedor de muertos a la estadística nacional de crímenes dolosos que hasta el presidente de la República ha pedido su renuncia. A Uriel Carmona el Congreso de la Unión lo desaforó, pero el Congreso local lo defiende a ultranza y el Poder Judicial (la SCJN en particular) lo protegió con amparos hechos a la medida. Los criminales actúan en masa y bien coordinados. Su golpismo está presente siempre.
En Colima el Congreso local, el partido Morena y la titular del Poder Ejecutivo han gastado enorme cantidad de capital político, recursos económicos y movilización burocrática porque el Bryant no es un tonto útil, sino el garante de la impunidad para los futuros miembros del gabinete de Indira, cuando dejen el gobierno, cuando se vayan del gobierno y públicamente se den a conocer sus crímenes.
En Colima los ciudadanos no tenemos una fiscalía para procurar justicia, tenemos un fiscal, el Bryant, en proceso de entrenamiento para cubrir con su manto protector a la Banda de Bosque Real.
El Bryant está haciendo su tarea perfecta cuando persigue judicialmente a Martha Zepeda y cuando ciudadanos exigen su renuncia por sus excesos éste los persigue con policías antimotines.
En sus tiempos Fernando Moreno usó a Antonio Sam López para reprimir a sus competidores políticos, básicamente por medio del método del régimen de terror. La historia siniestra, en la policía del Distrito Federal, de Sam López era, en la vida real, su tarjeta de presentación, lo era todo. El inútil de el Bryant revive el régimen de terror y usa la procuraduría contra los competidores políticos, eso no es una amenaza, es una práctica, es política en acción.
Después de oír hablar al Bryant uno entiende porque Colima tiene un desastre en Seguridad y la procuración de la justicia.
Indira y el Bryant son los nuevos Sam López, son los trogloditas en el poder.
Indira y el Bryant son unos cínicos y represores, peor… imposible.