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COLIMA

Los huizachitos de La Campana

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Columna

El Puercoespín

La Campana no es la gran cosa, no existe allí una gran diversidad biológica. Si acaso unos huizachitos. No más. Así se expresó la directora del Imades del área natural protegida La Campana en el noticiario matutino de Exa 99.7, el jueves 23 de noviembre. Conceptos diametralmente opuestos a los vertidos en el decreto que crea dicha área natural protegida. Su desprecio por los huizaches me hizo pensar que esa dama les da un trato muy clasista a las plantas. Y los pobres huizaches, en su etiquetación, son de muy baja cotización. Pobres huizaches tan incomprendidos por la ecologista de pose. 

Sin embargo, el decreto emitido el 28 de noviembre de 2020, consideró conveniente convertir el predio de La Campana y sus un poco más 94 has en un área natural protegida porque se favorece, dentro de la mancha urbana, servicios ambientales como: el control de la contaminación del aire, el ruido, la modificación del microclima y da un realce al paisaje con impactos positivos en la psique humana y la educación. 

El decreto habla de la captura de 7,769.5 Mg de carbono, además de la regulación de la cantidad, calidad y temporalidad del agua, valora la regularización de la polinización biológica, también pondera el control de plagas y vectores de enfermedades. Y, finalmente, aprecia la belleza escénica.

La directora del Imades, Angélica Lizeth Jiménez Hernández, comentó en la entrevista que si ella y sus amigos se van y se toman una chelas en el predio no pasa nada, pues el impacto en la zona sería mínimo y así es, tiene razón. El problema es que le están dando al predio un trato contrario a lo que marca la ley y, con ello, le están abriendo la puerta a la realización de eventos masivos con mayor frecuencia con consecuencias graves para la zona. Estarían condenando el área natural protegida a su deterioro y consecuente pérdida en el mediano y largo plazos.

Después la “ambientalista” y “luchadora” por los espacios verdes habló del corredor biológico Canoas-Manantlán para, según ella, demostrar su vocación defensora de los espacios verdes y la enorme preocupación del gobierno de Indira por las áreas naturales protegidas.

Pero después de lo que dijo más le valdría haberse quedado callada y no meter más la pata.

El corredor biológico Canoas-Manantlán se ubica a lo largo de 32 ejidos de la entidad y seis municipios (Comala, Minatitlán, Manzanillo, Villa de Álvarez, Coquimatlán y Armería), según Imades, es uno de los pulmones de la entidad y se caracteriza por su alta biodiversidad (estoy seguro de que más de un huizachito hay por allí, aunque los desprecie la “ambientalista”). En conjunto representa la conservación del 13.33 % del territorio estatal 75.135.85 has (recordemos que Colima tiene una superficie de 5, 630 kilómetros cuadrados), además los servicios de ecosistemas como captación de agua, captura de carbono, regulación del clima y prevención de la erosión son invaluables.

Al hablar del corredor biológico de Canoas-Manantlán la ambientalista se mostró orgullosa de estar al pendiente de este pulmón del estado de Colima. Su orgullo nace de las dimensiones. Y tiene razón, nada tiene comparable una zona tan extensa como el corredor biológico Canoas-Manantlán con el predio de La Campana.

Fue más notorio su orgullo al declarar que se habían destinado 1.5 millones de pesos para la preservación del corredor biológico Canoas-Manantlán.

Insisto, tiene razón, no es comparable un área de un poco más de 94 has del Área Natural Protegida de La Campana frente a una extensión de 75.135.85 has que representan el total de la superficie del corredor biológico Canoas-Manantlán.

Para la ambientalista y directora del Imades, desde el punto de vista de las dimensiones de los predios, el área natural de la Campana es sacrificable y perdible. Hacer negocio allí es viable porque premiar a una cervecera premiada es justificable, además La Campana ni es la gran cosa ni tiene tanta biodiversidad, según sus propias expresiones.

Lo verdaderamente asombroso, para mí, es destinar la ridícula cantidad de un millón y medio de pesos para proteger el corredor Canoas-Manantlán. Es una clara expresión de que el gobierno de Indira no le interesa proteger el medio ambiente. Destinar un presupuesto ínfimo para su preservación es la condena de esas áreas a su desaparición por incuria.

El presupuesto para su conservación parece una broma y la broma adquiere matices más irónicos cuando la directora se enorgullece de tal cantidad.

La pregunta pertinente es ¿Por qué Indira y Angélica pretenden desaparecer las áreas naturales protegidas? ¿Para quién trabajan y a quiénes benefician?

Lo único claro es que no están a favor de la protección del medio natural.

Indira y Angélica son dos depredadoras del medio natural al servicio de los empresarios neoliberales colimenses más salvajes.

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