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COLIMA

Al perder La Campana perdemos parte de nosotros

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Columna

El Puercoespín

Delante de Comitán, Chiapas, está La Trinitaria y a 39 kilómetros está el Parque Nacional Lagunas de Montebello, cerca de la frontera con Guatemala. La señalética de la carretera indica que exactamente en el kilómetro 36 inicia el área natural protegida de las lagunas de Montebello. El kilometro 36 es una frontera, un límite, entre la selva depredada y lastimada por las modificaciones del paisaje por el crecimiento urbano y el inicio de la selva virgen portentosamente hermosa. En el kilómetro 36 inicia la belleza de un medio natural protegido. Un área natural que uno observa que todos cuidan: ejidatarios y los gobiernos estatal y federal.

El Parque Nacional Lagunas de Montebello es como una mirada al pasado cuando existía el paraíso terrenal.

En Colima todavía, si usted pasa por la noche, principalmente, por la zona del Área Natural protegida de La Campana, y en el tramo del Tecnológico Regional de Colima hasta la calle prolongación Hidalgo siente uno la baja inmediata de la temperatura y se respira un aire más fresco y una sensación de campo en la ciudad.

 La mancha urbana fue detenida por este polígono que limita al norte por el Tercer Anillo Periférico, al oriente por la calle Amado Nervo y al poniente por la calle prolongación Hidalgo y al sur por la avenida Tecnológico, el polígono no quedó allí encerrado por accidente sino por decisión inteligente. Fue la lucha de algunos arqueólogos y ambientalistas que buscaron brindarles a las futuras generaciones una muestra de la flora, fauna y testimonios de las culturas prehispánicas que habitaron antes que nosotros estas tierras.

Sin embargo, varias cerveceras y una embotelladora de refrescos decidieron en conjunto con un gobierno irresponsable acabar con un área natural protegida.

El sonido a altos decibeles termina por dañar a las aves y erosionar a los edificios. Iniciaron su destrucción con este primer festival de la borrachera, continuarán con bodas, fiestas de quinceaños y cualquier negocio que se les ocurra.

Este gobierno que se autodenomina de izquierda, en complicidad con empresarios, con burócratas del Instituto Nacional de Antropología e Historia y del Instituto del Medio Ambiente y Desarrollo Sustentable decidieron iniciar la destrucción del Área Natural Protegida de La Campana.

Modificaron los reglamentos mediante decreto para poder hacer negocios al autorizar la venta bebidas embriagantes. Sus partidarios le aplaudieron sus decisiones para ganar una polémica -que por cierto perdieron- por las malas decisiones de un gobierno estatal fallido. También perdieron la partida, pues el evento terminó en un fracaso por las siguientes razones: cinco artistas convocados declinaron su participación por conciencia, corrieron el riesgo y hasta están comprometiendo su futuro como artistas profesionales, sin embargo, fue mayor su compromiso con las buenas causas de la tierra y se pusieron del lado de la naturaleza y el desarrollo sostenido; la asistencia esperada no fue cubierta, quedaron muy por debajo de las expectativas; la sociedad en las redes sociales y en general reaccionó a favor de la conservación del área natural protegida; políticamente se vio lo limitado de un  gobierno mediocre y contrario a las causas de la protección del medio natural; las instituciones como el INAH y el IMADES se vieron en su justa dimensión, es decir, serviles a los empresarios rapaces y a un  gobierno que desprecia las normas que protegen el medio natural; los falsos ambientalistas, financiados por las grandes corporaciones quedaron exhibidos.

La batalla de La Campana fue una derrota para el gobierno de Indira y una victoria para la gente, pero al final de las cuentas, la cerrazón del gobierno local terminará por liquidar la zona si los ciudadanos no actuamos en el futuro. La destrucción ya empezó, ese es un hecho implacable, y verídico.

Es cierto, la derecha aprovechó el tema para golpear al gobierno, pero también es cierto, que el gobierno actúo con extrema irresponsabilidad y con franco sentido ajeno a los postulados de la izquierda. Este hecho también demuestra que el gobierno de Indira no tiene nada que ver con la izquierda sino todo lo contrario. Su manera de actuar en este caso lo ubica como un gobierno de derecha y neoliberal de digna continuación de los gobiernos de Mario Anguiano y Nacho Peralta, gobiernos que han despreciado las políticas medioambientalistas y que tan solo ha aprovechado el tema para hacer negocios. Mario hizo negocio con La Campana, Nacho también lo hizo y ahora Indira hace lo propio. 

Indira debe de dejar de autodenominarse de izquierda porque sencillamente sus actos de gobierno la desmienten. En adelante debe de abstenerse de hablar en nombre de la izquierda. Ofende a las teorías y las acciones de izquierda su sola mención de su parte. Ella es de derecha y debe reivindicar su esencia de derecha. No debe, no tiene derecho a seguir usando a la izquierda para hacer sus negocios y destruir el medio natural. No en nombre de la izquierda más.

Sus partidarios quieren ganar un debate a costa de perder el programa de defensa del medio natural, le apuestan a la coyuntura. Y afortunadamente perdieron el debate y los mostró con todas sus limitantes y sus verdaderas intenciones. Son de derecha, porque aplican ideas y acciones de derecha.

Ojalá conocieran el área natural protegida de Chan-Kin cerca de Bonampak o de perdida el Parque Nacional Lagunas de Montebello, o aquí cerca, darse una vuelta por Isla Cocina para que conozcan en situs un área natural protegida. Deberían ir a Ocosingo, Chiapas para que vean como el EZLN logró la reducción de la ganadería en la selva que la estaba destruyendo. Su lucha costó mucho.

Aquí cerca tienen en el Cerro Grande, El Terrero, que pueden visitar y luchar por su conservación. Los muchachos que se dicen de izquierda del gobierno de Indira son unos perezosos farsantes.

La Campana todavía tiene una nueva oportunidad ni los empresarios ni los burócratas podrán con ella si los ciudadanos nos oponeos a su negligente idea de destruirla.

El asunto de La Campana no es un asunto de estridencias ni de ocurrencias, lo que está en juego es su pervivencia. La mayoría de los colimenses debemos defenderla por el bien de todos. Contar con parque metropolitano de la calidad de La Campan es un privilegio para todos.   Lástima que las cerveceras de Colima y de la Costa, así como el INAH y el IMADES quieran destruirla. Todos comandados por una irresponsable gobernadora que solo piensa en el negocio y el dinero.

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