Columna
El puercoespín
“La historia que voy a contar, empieza una noche en la que la policía violó la Constitución.” La anterior es la primera línea de la novela Dos crímenes de Jorge Ibargüengoitia. Cuando leí la novela duré buen rato riéndome. La versión cinematográfica inicia con esta misma línea escrita en la pantalla y cuando los espectadores la leen, las carcajadas estallan espontánea y estridentemente.
Hablar, escribir, comentar del Poder Judicial en México, es hablar del día en que fue violada la Constitución.
Los gobiernos del Prian trataron junto con sus intelectuales corporativos, medios de comunicación masiva y comentócratas, hacer valida la versión de que en México la corrupción empieza en la calle con el viene viene y el policía de crucero, pero no, la realidad nos ha demostrado que la corrupción es propia de los altos burócratas y empresarios de la nación.
La Suprema Corte es un nido de ratas y corruptos bien vestidos, bien comidos y rodeados de empleados que los asisten con vocación de esclavos.
La Constitución fue modificada por el actual régimen para que nadie ganara más que el presidente, como una forma de controlar la corrupción en el aparto Estatal; sin embargo, la oposición minoritaria y los mismos jueces inventaron una leguleyada para violar la Constitución. Gracias a ellos mismos los ministros conservaron sus escandalosos salarios de cerca de 400 mil pesos mensuales, más prestaciones.
Los maestros jubilados y todos los burócratas jubilados a partir de 2007 fuimos objeto de la injusticia de los bribones magistrados que, sin sentimiento humano alguno, hicieron lo siguiente: eliminaron las pensiones solidarias y crearon las cuentas individuales; nos aplicaron la reforma de la ley Issste en forma retroactiva; pusieron un tope a las pensiones; no otorgan las pensiones en salarios mínimos sino en Umas. Todo con la intención de perjudicar a los burócratas jubilados.
Recuerdo bien, aquella sesión donde se resolvieron los 750 mil amparos de los maestros y burócratas, que el cínico y sinvergüenza magistrado Mariano Azuela intentó ponerles un tope a las pensiones de 11 mil pesos. Los demás magistrados lo vieron feo, con cara de pocos amigos y el sujeto reculó con su propuesta y la cola entre las patas.
El tope que pusieron a las pensiones del Issste, alcanza hoy, hasta 31 mil 500 pesos y como los miembros del Poder Judicial cotizan al Issste también se vieron afectados con la medida.
Pero ¡Oh! Sorpresa, resulta que los abnegados y sufridos miembros del Poder Judicial no se midieron con la misma varada y se sacaron de la manga un fideicomiso para ellos mismos otorgarse una pensión complementaria y sumarla a la que les otorga en forma legal el Issste y ya presupuestada. Es decir que los magistrados de distrito o jueces de distrito y mandos superiores de la Suprema Corte de Justicia de la Nación reciben aproximadamente 31 mil quinitos pesos de su pensión legal que otorga el Issste a un empleado en el rango más alto y el Poder Judicial vía fideicomisos les otorga la diferencia para que su pensión alcance la cifra de 120 mil pesos. Con lo anterior nos están diciendo “que se chinguen la mayoría, pero nosotros estamos aparte”.
Los miembros de la Poder Judicial se creen sempiternos. Reciben una pensión muy superior al resto de mortales de un país pobre llamado México.
La ley del Issste de 2007, decretada por Felipe Calderón, condenó a todos los jubilados a recibir pensiones raquíticas, pero ellos, vaquetonamente, crean un fideicomiso especial para darle la vuelta a ley. Son unos jueces inicuos. Solo piensan en ellos, primero ellos y luego ellos.
Por otro lado, los maestros y los trabajadores jubilados al servicio del Estado siempre han recibido fallos en su contra, como en el caso de sus amparos para recibir pensiones justas. Por ejemplo, el pleno de la Suprema Corte, avaló el proyecto del mismo ministro Luis María Morales Aguilar, por el que les negó el amparo para que las jubilaciones no se paguen en salarios mínimos, con el argumento de que sería un gran costo en el presupuesto, e irónicamente, hoy piden un incremento para sus excesivos y desproporcionados salarios; sin embargo, ellos no dudan un instante cuando los fallos son a su favor (son juez y parte) y les importa muy poco el daño inmenso y costoso para la nación.
Son jueces inicuos. Violan sistemáticamente la Constitución.
La frase “Un juez injusto es peor que un ladrón” y su variante “Un juez inicuo es peor que un verdugo” se le atribuye a Platón, aunque no existen evidencias. También se le atribuye a Sócrates y Cicerón.
Lo único que estoy cierto es que la historia del Poder Judicial como la novela Dos Crímenes tendrán siempre la primera línea de inicio: “La historia que voy a contar, empieza una noche en la que fue violada la Constitución.”
Y los jueces en México son peores que los verdugos.
Esta es la historia de un fideicomiso solo. Lo bueno es que el Congreso va a eliminar trece. Pero la Suprema Corte y la oposición ya están trabajando para declarar inconstitucional la ley del presupuesto que es facultad del Poder Legislativo. Su vocación golpista está en su corrupto ADN, pero a nosotros no nos engañan. Abusarán, pero no nos engañan.
Los maestros jubilados y todos los trabajadores del Estado jubilados tenemos bien presente que la Suprema Corte de Justicia de la Nación son unos cerdos, con togas, perfumes, autos y comidas finas, pero sus almas están estercoladas por la corrupción.