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COLIMA

Los escándalos de Indira Vizcaíno

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Estricto Derecho

Antes que todo, agradezco públicamente las muestras de apoyo que recibimos mi familia y yo la semana pasada. Estamos bien, de pie, listos y dispuestos a seguir luchando por Colima y por México. 

Hoy abordaremos un tema que da para mucho; por ser tan extenso, lo limitaremos a lo que ha sucedido durante los casi 02 años de desgobierno de Indira Vizcaíno. Podemos iniciar diciendo que, en sus inicios, la sociedad colimense le dio el beneficio de la duda a la gobernadora; depositó su confianza en ella, con la esperanza de que hiciera un papel digno y, sobre todo, desterrara para siempre los vicios que caracterizaron a los últimos gobernadores priístas. 

Grave error. Y ahí tenemos el primero de los escándalos mayúsculos a los que nos referiremos hoy, cuando vimos con asombro cómo empezó a rodearse de esa gente a la que tanto criticó en campaña; vimos que los arropó y los nombró en cargos relevantes, a la vez que marginaba a la militancia y a quienes simpatizaron con Morena, dejándolos con un palmo de narices. Y lo sigue haciendo, la muestra más clara la tenemos en la forma tan descarada en que ha protegido a Nacho Peralta y, sobre todo, la manera tan burda en la que ella y su gente se la viven atacando a la alcaldesa de Manzanillo, Griselda Martínez.

Otro escándalo de relevancia considerable fue el de los incrementos salariales que ilícita e ilegalmente se autorizaron ella y su séquito de oportunistas el año pasado. Aunque quisieran que lo olvidáramos, siempre estaremos aquí para recordarle a Colima que, al descubrirse este robo en despoblado, reaccionó como siempre, con el mayor de los cinismos, tratando de negar lo ocurrido, hasta que la presión social la obligó a recular y culpó del desfalco a sus subordinados, asegurando que se bajarían el sueldo y que incluso devolvería las cantidades percibidas indebidamente. ¿Realmente lo hizo?, francamente lo dudo. 

Otro escándalo, acontecido el año pasado, fueron las reiteradas ocasiones en que la gobernadora fue encontrada responsable de violentar lo dispuesto en la normatividad electoral, por haber preferido irse a hacer campaña a otros estados, en lugar de atender las obligaciones propias de su cargo. Hay que tener presente que el Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación ordenó al Congreso del Estado que la sancionara por cada una de esas infracciones a la ley electoral. Hasta este momento, el inútil de Armando Reyna, uno de los diputados más limitados e incompetentes que ha pasado por el Legislativo local, sigue guardando bajo llave, como Presidente de la Comisión de Responsabilidades, las sentencias a las que me refiero, garantizándole inmunidad a su jefa, Indira Vizcaíno. ¿Por qué no hace su trabajo este señor? ¿Qué esperan el resto de integrantes del Congreso estatal para exigirle a este holgazán y a las otras 4 diputadas que forman parte de dicha Comisión, igual de holgazanas que él, que cumplan con su deber?

Y así, llegamos a este año 2023, en el que hace tiempo se denunció que, siguiendo la línea marcada por su patrón López Obrador y por la maestra Delfina, en el gobierno de Indira también empezaron a circular los famosos sobres amarillos con dinero en efectivo, para hacer el guardadito para las campañas electorales (si es que no les gana la ambición y alguien se queda con esos recursos); lamentablemente, es dinero arrebatado a trabajadores que son coaccionados para que entreguen esta indebida prestación, amenazándoles con despedirlos de sus empleos, pues se trata de trabajadoras de confianza. ¿Qué dijo la gobernadora al respecto? Cínica como siempre, Indira desestimó los señalamientos y pidió que cualquier persona afectada presentara la denuncia correspondiente. ¿Quién en su sano juicio lo haría? Las instituciones que se encargarían de investigar están en manos de gente de la gobernadora, y jamás harán algo para que ella cumpla con lo que la ley dice. ¿Y para qué? A menos que en ese mismo momento quieran quedarse sin su puesto.

Luego, vino el escándalo inmobiliario. Casualmente, la gobernadora y sus achichincles más cercanos, porque el destino así lo quiso, coincidieron en comprarse residencias en un fraccionamiento exclusivo al norte de la ciudad, con valor de varios millones de pesos cada una. Tanta es la abundancia en estos nuevos ricos, que hasta al hermano de la gobernadora le alcanzó para una casa, siendo que el cargo que desempeña es honorífico. Las evidencias de corrupción son contundentes, y hacen necesaria una investigación a fondo del tema, que sabemos jamás sucederá, porque la Contralora estatal quiere seguir viviendo del presupuesto. 

Sin embargo, los números no mienten, las justificaciones que dio uno de los funcionarios involucrados son tan estúpidas, que ni él se las creyó. El cohecho, el enriquecimiento oculto, la simulación de actos jurídicos, el encubrimiento, están más que acreditados. Quizá no ahora, pero a partir del próximo año, cuando Morena pierda la mayoría en el Congreso local, podrán ser sancionadas estas faltas graves.

Finalmente, la joya de la corona. La magnitud de este último escándalo la podemos advertir por el medio de comunicación que lo dio a conocer, por la solidez de los señalamientos y, principalmente, por el sinnúmero de evidencias que revelaron lo que era un secreto a voces en Colima: que el gobierno de Indira desvió recursos públicos, al destinar trabajadores de la burocracia total para que fueran a otros estados a hacer campaña (ilegal e ilícitamente) a favor de Claudia Sheinbaum. 

Es tanta la desesperación de Indira que, al darse cuenta de que su administración no podrá con la revocación de mandato que tendrá lugar en 2025, se ilusiona con la posibilidad de que Sheinbaum sea candidata y, más aún, se aferra como a un clavo ardiendo a que ella gane las elecciones, para que la rescate llevándosela al gabinete, y así poder dejar a Colima sumido en el caos, en manos de una de sus frívolas secuaces. Obviamente, la ciudadanía colimense no permitiremos eso. Indira debe rendir cuentas. No puede salir huyendo. Le tocará hacer historia, como la primera gobernadora a la que se le revocará su mandato. Claro, si no es que se ve forzada a renunciar antes…

OTROSÍ. Hablando de estos escándalos en los que ha estado involucrada la gobernadora, viene a la mente la pregunta obligada: ¿no hay quién la llame al orden? Y la respuesta es sí; desafortunadamente, las instituciones que pueden hacerlo están en manos de gente que sirve a los intereses de Indira Vizcaíno. El Congreso está maniatado por una mayoría de morenistas y de otros partidos satélites que votan sin pudor alguno. El Fiscal General y el Fiscal Anticorrupción, de los dos no se hace uno, y parece que su tarea principal es cubrirle las espaldas a Nacho Peralta. Y del OSAFIG, mejor ni hablamos, la Auditora Superior anda desesperada buscando una nueva chambita, porque su periodo está próximo a vencerse. Lo único bueno de todo esto es que en 2024 habrá elecciones; y ese será el principio del fin de toda esta ralea de advenedizos.

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