Escrito por: Martha Sosa.
La obra pública es una de las áreas más revisadas – tanto física como documental y financieramente – en cualquier orden de gobierno y no es para menos. En principio, porque se invierten cuantiosos recursos públicos en las obras que requiere la sociedad y también porque, con el tiempo, se ha generalizado la idea de que siendo obras para todos, pueden ser de relumbrón para el lucimiento del gobernante o pueden estar mal hechas porque no se supervisan o no se les exige calidad en su ejecución. Así que hacer obra pública de calidad y con el beneplácito de la gente tiene, sin duda, su mérito.
Esta introducción viene a colación porque este día pensé en hablar de una de las megaobras del gobierno federal: el tren maya. Valga recordar que las normas imperantes en cualquier municipalidad, obligan a todo ciudadano o particular a sujetarse a los requisitos que las mismas fijan para poder construir, desde la casa propia hasta un fraccionamiento, una escuela, una bodega o cualquier desarrollo arquitectónico y son precisamente las direcciones de desarrollo urbano las que cuidan y vigilan que el crecimiento habitacional y el desarrollo de vías de comunicación se haga acorde al uso de suelo establecido según el plan de desarrollo urbano municipal preestablecido.
Por ello, además de solicitar los permisos para la construcción, muchas veces se tienen que desarrollar Programas Parciales de Desarrollo Urbano y presentar los proyectos a la revisión de los Consejos Consultivos de Desarrollo Urbano, así como de los respectivos Cabildos.
En el caso de la obra en comento, que es de gran impacto porque pretende comunicar y desarrollar económicamente buena parte del sureste mexicano, además de la Manifestación de Impacto Ambiental, debería haberse hecho un proyecto ejecutivo de la obra, una evaluación social y una económica de dicho proyecto, ya que con estos instrumentos se tendría un trazo total definido desde el primer momento, un presupuesto autorizado que tendría variaciones mínimas y la certidumbre de su rentabilidad económica y social.
Sin embargo, nada se ha sabido de los trámites municipales. Si ha sido del conocimiento público en cambio, que la Semarnat ha dado luz verde al proyecto, que sobre la marcha se hizo cambio de trazo de uno de los tramos por la inquietud social generada entre el sector hotelero y que el tramo 5 en construcción ha motivado protestas y reclamos de ambientalistas, quienes recurrieron también a reconocidos artistas que grabaron la petición al gobierno federal de reconsiderar ese trazo, por ubicarse precisamente sobre áreas de cenotes y corrientes marinas de buena parte del subsuelo.
Ahora se eleva una protesta más, pidiendo al INAH que detenga el trazo porque se han hallado al menos 58 posibles sitios paleontológicos y arqueológicos subacuáticos, según lo ha expresado un reconocido Espeleólogo, denunciando que los arqueólogos que ahí trabajan lo hacen con premura, cuando hay sitios que requieren cuando menos de meses o años, incluso. Para el nuevo denunciante, que se suma a los muchos ecologistas, ambientalistas, buzos y artistas que le han precedido, “parece innegable que el apremio político por terminar una de las megaobras de esta administración, marca la pauta”.
Para la Subdirectora de Arqueología Subacuática del INAH, en cambio, el paso de las máquinas de construcción en el tramo 5 no se ha impuesto al de los arqueólogos, por lo que descartó la preocupación y fundamento del denunciante.
Si a lo anterior, agregamos que el proyecto del tren maya se ha encarecido enormemente de su presupuesto original, arrojando en el Programa Nacional Ferroviario 2022 de la SCT, un desembolso adicional de 62 mil 658 millones de pesos más de lo previsto, nos daremos cuenta que, como dicen los conocedores en infraestructura, de origen, el proyecto ferroviario para el sureste del país estuvo mal diseñado.
Contra toda indicación o señalamiento de mal trazo, de ecocidio ambientalista, de destrucción de vestigios arqueológicos y de sobrecosto, la obra avanzará porque es una instrucción presidencial. ¿Será rentable al entrar en operación? ¿Beneficiará realmente a los mexicanos del sureste? ¿Será el tren maya un verdadero detonador de la economía para los más necesitados? No lo sabremos hasta en algunos años, porque no hay poder alguno que llame al presidente a rendir explicaciones.
Agradezco, en todo lo que vale, la oportunidad que me da Avanzada para escribir desde sus páginas. Una oportunidad invaluable de la que espero estar a la altura. Gracias.
*Imagen tomada de redes sociales.