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COLIMA

Palacio de espejos y casas de cristal

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Columna
El puercoespín 

En el Palacio de Gobierno los canapés, los esnacks  y los vinos tintos rolaban entre los asistentes snob que concurrieron a la inauguración de una exposición fotográfica de un artista diletante muy conocido en el estado.

Eso pasaba dentro del Palacio de espejos, pero afuera, en las casas de cristal, la realidad es muy distinta. 

A unas cuadras, rumbo a la salida a Manzanillo, sobre la avenida Rey Colimán una empresa de paquetería se consumía por la llamas intensas provocadas por dos bombas molotov y dos cuerpos, de dos empleadas, se calcinaban bajo el intenso calor del incendio.

En el Palacio de espejos solo se veían entre ellos disfrutando de su felicidad y sus comidas que le pagan los habitantes de las casas de cristal. Los espejos los reflejan, solo se ven a sí mismos, no pueden ver el dolor ajeno. Ellos viven en su realidad de espejos. La realidad es su imagen reflejada, fría, sin espíritu.

En Palacio de Gobierno no se escucharon los balazos ni se alcanzaban a ver las llamas que consumían dos cuerpos de dos mujeres inocentes que fueron víctimas  de la violencia que azota al pueblo de Colima. El Palacio está  fortificado por espejos que no dejan ver hacia afuera. Los espejos encierran sus propias imágenes. Quienes lo habitan, permanentemente, y los visitantes ocasionales caen bajo el embrujo de solo ver sus imágenes, no pueden ver hacia el exterior, no saben ver hacia el exterior.

Afuera están las casas de cristal, transparentes, que todo lo dejan ver. Cada colimense, sin salir de su casa, puede ver como caen los muertos inocentes producto de la violencia absurda generada por el crimen organizado, tolerada por la autoridad estatal y cubierta por el manto de la impunidad.

Los colimenses, desde sus casas de cristal, vieron caer el jueves a Sergio “S” y a una personas más sobre la avenida Ignacio Sandoval. Las casas de cristal permiten ver, gracias a su transparencia, como caen los colimenses inocentes.   

Mientras tanto Indira Vizcaíno hace campaña en favor de la candidata a la gubernatura de Aguascalientes por Morena, Nora Ruvalcaba. Simultáneamente, asesinan a 5 personas en Colima. Presa en su Palacio de espejos solo sale a hacer campaña. No puede ver a los demás, ni le importan, su destino político es lo importante.

En contraste, la violencia en Colima no para, sólo el día de ayer asesinaron a cinco personas y tres más resultaron heridas. Un comando armado ingresó a un domicilio ubicado sobre la calle Tampico y acribilló a cuatro personas, dos de ellas murieron y dos más resultaron heridas, los hechos se registraron en la colonia Las Moras, en el municipio de Coquimatlán, Colima.

En el municipio de Villa de Álvarez, un comando armado entró a un domicilio y asesinó a una pareja, hombre y mujer, que se encontraban en el interior. Las víctimas recibieron impactos de bala en la cabeza y tórax. Los criminales huyeron con rumbo desconocido. Los hechos se registraron sobre el andador Ramón Chávez, en la colonia Manuel M. Diéguez. 

Es el Colima Norte que vive bajo metralla.

Mientras tanto en Palacio los vinos tintos y los canapés borran toda huella del Colima violento. No pueden ver las cartas públicas que se publican a diario en las redes sociales. Las redes, las bardas y los puentes hablan a nombre de los sicarios que están construyendo su propia narrativa frente a la ausencia de un discurso oficial que enfrente y dé la cara por los colimenses. Los colimenses necesitamos, urgentemente, alguien que nos aliente y nos hable que la realidad puede,  es y debe ser diferente.

La última epístola comunica las reglas del juego a las que deben de someterse los protagonistas de esta guerra soterrada: los ciudadanos comunes y ordinarios. Mientras el gobierno ausente prefiere comer snacks y tomar vinos en su Palacio de espejos. Ellos adentro celebrando y dos mujeres mueren calcinadas, pero ellos no las pueden ver, los espejos se lo impiden. Los sicarios dicen (cambie la ortografía para hacerlo más legible): “Esa paquetería se quemó porque el dueño les traía armas a las jaliscas. Pregúntele al dueño, señores de la fiscalía: las armas que traía de Jalisco y  los kilos de cocaína que les lleva a los jaliscos a Autlán, La Garita, Ciudad Guzmán que no se haga pendejo. Y a todo aquel que apoye a las jaliscas miren lo que les espera, putos, aquí no estamos jugando para que no digan: “pobre gente” a la v… andaban mal y todos los que andamos mal sabemos las consecuencias, así que solo queda aguantar la v… putos.”

En una breve misiva el crimen organizado plantea reglas, denuncia la forma de operar del tráfico de armas y drogas –e incluso describe las rutas–, da consejos a la Fiscalía, amenaza a los potencias cómplices de los cárteles enemigos, pontifica moralmente y presume su altanería.

En síntesis, el crimen organizados, hasta quizá sin proponérselo, está construyendo una narrativa de los hechos que estamos viviendo desde los inicios del año.

La desgobernadora desde su viajes, sus campañas y su Palacio de espejos está viviendo una vida snob con sus artistas favoritos, Colima Norte bajo metralla y el resto de habitantes de las casas de cristal estamos con el Jesús en la boca y los cronistas llevando el inventario de muertos y destrozos para, al final, hacer un balance de daños, para saber el costo de un gobierno encerrado en su Palacio de espejos que no logra ver a los ciudadanos en su casas de cristal.

Al final de cuentas, el espejo y el cristal son hermosos, pero también fríos y filosos. Todos saldemos heridos de alguna manera. Nadie podrá escaparse.

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