Malas Compañías
Autor: Mario Alberto Solís Espinosa
Rosa María Bayardo Cabrera y Riult Rivera Gutiérrez tienen muchas más cosas en común que la intención de gobernar Colima a partir de noviembre del próximo año. Sobre todo, los une el destino manifiesto de darle continuidad a una larga saga de autoridades incapaces de mejorar la situación ruinosa que enfrenta la entidad.
Ambos son alcaldes (aunque pareciera que la morenista pretende que se olvide esa responsabilidad que abandonó) de municipios en completo abandono, sucios y descuidados, sin infraestructura ni desarrollo, plagados de baches, maleza, inseguridad y corrupción.
Los dos tienen a su disposición un presupuesto superior a los mil millones de pesos, una cantidad que debería ser suficiente para garantizar condiciones mínimas de bienestar a la población. Sin embargo, no sucede así, el dinero se esfuma en sueldos de funcionarios de todo tipo, que al parecer se estorban para no hacer nada.
Ambos munícipes tuvieron la oportunidad de revertir los años de deterioro institucional que sufren las dos zonas urbanas más importantes del estado, pero desaprovecharon su tiempo en nada, siguieron la inercia de una cauda de personajes ineficientes, insustanciales y anodinos que han pasado por esos mismos cargos.Ni Colima ni Manzanillo son mejores que hace dos años, incluso el declive es más notorio en los servicios públicos, la infraestructura municipal y la administración de la nómina oficial. En general, la gestión de la vida cotidiana en estas ciudades registra un continuum de degradación que precariza la calidad de vida de sus habitantes.
Bayardo Cabrera y Riult Rivera tienen en común el fracaso del proyecto que encabezaron en 2024, al ofertarse como perfiles sólidos para administrar los dos municipios más importantes de Colima. Su periodo no representó ningún cambio respecto a la desastrosa actuación de sus predecesores.
Con esas credenciales los dos buscan la gubernatura y muy probablemente serán candidatos de dos bloques opuestos: el oficialismo y la oposición, a cuál más de ineficientes para resolver las grandes problemáticas que aquejan al estado en materia de seguridad, salud, crecimiento y progreso.
Los dos son perfiles bastante limitados, con visiones muy cortas del ejercicio del poder y el gobierno, con nulas capacidades para la innovación en las tareas de gobernanza. Incluso, comparten una escasa habilidad para comunicar sus ideas y esgrimir razonamientos.
Ambos también, gozan de poderosos cuanto desprestigiados padrinazgos. En el caso de la alcaldesa con licencia de Manzanillo, tiene el respaldo de la gobernadora Indira Vizcaino Silva.
El capitalino, presume el apoyo del exgobernador Mario Anguiano Moreno.
En conclusión, los colimenses tienen un complejo panorama por delante. Sus opciones electorales se restringen a dos perfiles idénticos en flaquezas y debilidades. Ambos demostraron su estatura política en el cargo actual, misma que está muy lejos de responder a las apremiantes necesidades de la entidad.
La disyuntiva de elegir una de estas opciones parece en realidad ociosa, pues cualquiera adolece la misma raíz de mediocridad que parece condenar a la actual clase política local. Desde hace años, la casta gobernante se sume en una espiral de degradación que parece no tener fin.
Urge, en este escenario, urge una tercera vía que oxigene el espectro político, pero sobre todo ofrezca una alternativa viable de gobierno, sería desastroso que el modelo de gestión aplicado en Manzanillo o el municipio de Colima durante los últimos dos años, se reproduzca a nivel estatal, representaría una sentencia de atraso, corrupción, inseguridad y carencias por otros seis años.
Así, la decisión no radica en elegir a Rosa María Bayardo o Riult Rivera, cualquiera representaría exactamente lo mismo. La verdadera interrogante estriba en saber si los colimenses están dispuestos a validar la perpetuidad de un régimen de incapacidad y negligencia que ya se extiende por lo menos una década.
BREVE HISTORIA PARA CAMILA. A los padres y hermanos de mi compadre Héctor Villa, les mando un abrazo solidario y fraterno. Cualquier mensaje en este momento parece insuficiente. Solo deben saber que Tito, como me gustaba decirle, iluminó nuestros corazones durante su estancia terrenal. Esa luz convirtió el mundo en un lugar más amable, menos oscuro. Héctor, su hijo, su hermano, fue para quienes lo conocimos, el amigo donde siempre recobramos la tranquilidad, la sonrisa. Fue, en esencia, una buena persona. Gracias compadre por el tiempo que nos regalaste. Te queremos y estoy seguro que nos volveremos a encontrar.