Columna
El puercoespín
Colima bajo metralla, y para colmo de los males, tenemos crisis sobre crisis. El gobierno del estado, ausente desde julio de 2021 hasta esta primera quincena de febrero, padece una profunda crisis política producto del crack financiero. Una segunda crisis se suma a la anterior producto de la incuria política del gobierno inepto de Nacho y del gobierno torpe de Indira: la emergente crisis de inseguridad.
Colima vive dos crisis simultaneas, superpuestas, que se han convertido –pasajeramente, esperamos todos– a Colima en una sucursal del infierno.
Y de los creadores de la maleza en llamas ahora intentan limitar la libertad de expresión so pretexto de que la sociedad está cayendo en excesos de libertades. El texto dice: “Hacemos un atento llamado a las y los colimenses para que de forma responsable, verifiquemos la autenticidad de mensajes en audio y/o video que se están compartiendo en redes sociales o WhatsApp cuyos contenidos no sabemos su origen y no contribuyen en estos momentos al desarrollo armonioso de nuestras actividades diarias.” Y agregan como remate lapidario “La corresponsabilidad también debe ser nuestro compromiso.”
El texto se presenta con una advertencia de importante al inicio y es suscrita por la Secretaría de Seguridad.
No olvidemos que el Gobierno de Colima primero dijo que los acontecimientos eran hechos aislados y en un exceso de indolencia solo atinó a decir que la masacre del Cereso había sido un incidente. Después de una aparición pública –tardía por cierto– de la desgobernadora cambió la versión y dijo que se trataba de una disputa entre criminales pertenecientes a distintos càrteles. Ahora pretenden cuartar la libertad de expresión apelando a conceptos comedidos como: atento llamado; y empáticos como: corresponsabilidad y compromiso.
En su texto subyace una orden encubierta bajo la forma de súplica, atenta y comedida, –tal y como se construyen los imperativos– ese texto es lo mismo que los letreros que encontramos en los hospitales y restaurantes que dicen “Favor de no fumar” o “Gracias por guardar silencio”. Presentan la orden disfrazada de súplica o ruego.
El desgobierno de Indira ahora quiere coartar la libertad de expresión amparado en la emergencia de inseguridad que a todos nos ha puesto en peligro.
La experiencia nos dice que son preferible los excesos en las libertades que el intento por cuartar las mismas.
El mismo presidente está padeciendo los excesos de la libertad de expresión al ser objeto de las mentiras y calumnias de Carlos Loret de Mola que la sociedad misma se està encargando de ponerlo en su lugar, por cierto.
Los ciudadanos somos muy capaces de autorregularnos y los que aprovechan estas coyunturas siempre terminan siendo puestos en su lugar. Sin necesidad de limitar las libertades.
Quedó muy claro que, en el inicio de esta agudización de la inseguridad, grupos y personajes perversos trataron –y seguirán intentándolo– de provocar terror al usar mensajes apócrifos de supuestos toques de queda. Y paradogicamente es el propio Gobierno estatal quien termina, intentando limitar las libertades, dándoles la razón a estos perfectos traidores de la sociedad y colaboracionistas de los narcotraficantes.
Crisis sobre crisis
El periodo final del gobierno de Nacho Peralta hizo emerger una profunda crisis de los poderes públicos. El periodo de transición –del uno de junio a uno de noviembre– y los primeros cien días del actual gobierno pusieron a la vista de los ciudadanos colimenses una profunda crisis política.
El Congreso está a la deriva y navegando entre la frivolidad, la estupidez y la inacción. Para efectos políticos y prácticos el Congreso no existe como instancia política, está desaparecido. Basta ver la agenda de la presidenta de la Jucopo y uno se da cuenta que la muchacha de las tres uves está en Bavia.
La crisis de inseguridad, agudizada por el Ejecutivo, vino a poner en jaque a todo Colima, o mejor dicho, a la llamada zona metropolitana del norte del estado: Colima, Villa de Álvarez y Coquimatlán. La parte sur está de carnaval. Colima vive dividido en dos mundos: el de los narcos y el de la fiesta. La capital política hundida en la zozobra. La capital económica en el carnaval.
El partido Morena no sabe qué crisis atender pues sus partidarios y porra de animación –plumas rentadas, lambisconas y buscachambas incluidas– públicamente están manifestando su apoyo a la desgobernadora, pues una lluvia de críticas le cayeron encima por su ineptitud y su estado de paralisis; sin embargo, la mayor crisis y de urgente atención es la crisis de inseguridad que demanda solidaridad de ese partido y éste, como buen extraviado se dedicó a apoyar a una débil desgobernadora que muy mal parado está dejando al presidente López Obrador y al movimiento de la Cuarta Transformación. Quemadota le está propinando la 4T.
Las plumas alquiladas, lambisconas y buscachambas solo logran indignar más a la población y tan solo producen falsedades e insultos que hunden más a la desgobernadora. Morena e Indira están en una zona de arenas de movedizas que para donde hagan se hunden. Morena en lugar de apoyar a los ciudadanos apoya a la desgobernadora confundiendo la crisis de seguridad con la crisis política, o dicho de otra manera, las mete en el mismo costal. Piensan que defendiendo al gobierno la crisis de inseguridad quedará conjurada. Tan solo hacen más evidente la debilidad del desgobierno de Indira.
Morena debe apoyar y solidarizarse con la sociedad colimense y dejar para después su politiquería facciosa. Bien hizo Morena cuando puso en su lugar a Viridiana Valencia al llamarle la atención por su postura autoritaria y fuera de lugar al pedir obediencia a los partidos con representación proporcional en el Congreso. Esa es la vía. Es el camino que suma.
Transitar por la vía férrea de la unidad pasa por dos estaciones: la primera se llama humildad y la segunda rectificación. Sin humildad no es posible rectificar.
Crisis de inseguridad
El gobierno federal tiene tres años en el poder y seguro proveyó de información al estado de Colima a través de su Centro Nacional de Inteligencia (CNI); por tanto, es claro que quien no previó ni instrumento medidas operativas para enfrentar al crimen organizado fue el desgobierno de Indira –tuvieron seis meses para diagnosticar y diseñar planes de seguridad– y además tienen cien días en el gobierno y no instrumentaron nada, eso ya està perfectamente claro. Ese es el reclamo central de la gente. El deterioro histórico de la seguridad es de sobra conocido de quien es la responsabilidad: el Prian.
Yo sostengo que de allí deriva su ineptitud, el no haber operado, en el ámbito de competencia, su tarea, sus defensores dicen que es muy poco tiempo para juzgarla aunque reconocen que eligió muy mal su gabinete, cosa muy importante, pues ella nombró, y por tanto es su responsabilidad, a Lupita Solís, Manuel Llerandi, Guillermo Ramos y Julio César Gómez. En el fondo sus defensores la condenan inconscientemente, o francamente, son incapaces de observar sus contradicciones. Con esos defensores tiene el fracaso garantizado.
Los momentos de crisis ponen a prueba nuestras capacidades y nos dicen de qué estamos hechos. Las evaluaciones subjetivas salen sobrando.
Lo verdaderamente interesante es que los partidarios de Morena y del desgobierno de Indira reconocen, de facto, al otorgar un apoyo político en tiempos de crisis de inseguridad y son evidencias palmarias de un gobierno débil e inoperante. Un gobierno inepto.
Buscachambas, empresarios vividores del gobierno y lambiscones estarán a la orden para brindar su “apoyo incondicional” al débil desgobierno. La debilidad del desgobierno necesita apoyo de quien se lo brinde “desinteresadamente”.
La sociedad hoy los está reprobando y los condenará en el futuro mediato. Políticamente los pondrá en su lugar en su momento.
Tal como sucedió en campaña sus partidarios se dedicarán, de aquí para adelante, a justificar pifias, corrupción, errores y omisiones de este desgobierno. Esa será la mecánica.