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COLIMA

Ese maravilloso lugar donde no pasa nada

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Malas Compañías

Autor: Mario Alberto Solís Espinosa.

La Res Publica, como los romanos llamaban al Estado y la administración del bien común, atraviesa una de sus más profundas crisis en nuestro país. Las autoridades se han convertido en meras administradoras del no pasa nada y la gobernanza en un superfluo ejercicio del poder que solamente beneficia a unos cuantos.

A nivel nacional y local son múltiples las expresiones de esa indiferencia oficial ante hechos que en otras épocas provocaban cismas institucionales o reacciones desde los espacios gubernamentales. Hoy, la norma es la indolencia, el silencio, la renuncia tácita a las obligaciones fundamentales del Estado mexicano.

Resulta inconcebible, por ejemplo, la tibia reacción de la presidenta Claudia Sheinbaum, ante la negativa de Estados Unidos a renovar el tratado comercial con sus vecinos. Afirma la mandataria, como lo hace cada mañana con múltiples temas, que no pasa nada. Otra opinión tendrán los inversionistas y quienes todos los días mantienen relaciones comerciales o laborales con el país del norte.

A nivel local, esa política del nos-vale-lo-que-suceda también es clara. Recientemente el secretario de Salud, Víctor Torrero, aceptó la muerte de dos personas por la contaminación de una bacteria en el Hospital Regional Universitario, ocurrida hace más de 20 días. El funcionario nada dijo de las pésimas condiciones del nosocomio o de cómo se resolverán esas carencias, solo se limitó a decir que los fallecidos ya estaban enfermos. Otra vez no pasa nada.

Tampoco pasa nada con el aumento del 13 por ciento en los homicidios durante lo que va de este año. La gobernadora Indira Vizcaíno lejos de aceptar las cifras y actuar en consecuencia, está concentrada en la colecta Teletón, el reparto de cientos de millones de pesos en programas de dudosa eficiencia y por supuesto, en garantizar la permanencia de sus más allegados en la cúpula del poder.

Los alcaldes están por las mismas. Las calles destrozadas, el alumbrado público es una utopía en muchos barrios y colonias; mientras tanto los responsables ya dejaron sus cargos para buscar otros o se dan satisfechos con publicar fotografías en redes sociales, para eso les ajusta su capacidad e intelecto.

La población sufre esa indiferencia todos los días. La vida cotidiana es cada vez más complicada. Violencia, inseguridad, precariedad laboral y nulas oportunidades de desarrollo son la realidad que enfrentan los colimenses y que se niegan a reconocer los miembros de esa casta dorada que dice gobernar.

Gobernantes, senadores, diputados, regidores y toda esa fauna política se han convertido en mirones de palo, simples espectadores de la pauperización generalizada que padecen los colimenses. Pasarán a la historia como la generación que prometió transformar el uso del poder y terminó replicando los vicios de sus antecesores.

Paradójicamente y ante la debacle institucional, los gobernantes viven una época dorada; como nunca parecen tener el viento a favor y las condiciones óptimas para torcer la ley, manipular, engañar y por supuesto, hacer como que nunca pasa nada, nadar de muertito dice la expresión popular.

El bono de legitimidad que les otorgó la sociedad mexicana desde 2018 con Andrés Manuel López Obrador, una sociedad adormecida, la oposición inexistente, los medios de comunicación silenciados, acosados o desafortunadamente cooptados, son factores que, conjugados, han generado una camada de gobernantes absolutamente incapaces para el cargo que ostentan y peor aun, impertérritos ante su propia inutilidad.

Con éxito, el lopezobradorismo impuso a fuerza de insistir, el discurso de malos y buenos; se hizo creer al pueblo y a los electores que los actuales son los buenos, pero a la distancia y con tristeza nos dimos cuenta que siguen siendo los mismos malos de siempre, solamente con el disfraz, cada vez más deteriorado, de la transformación.

Esa aparente inmunidad contra la exigencia ciudadana provocó una creciente brecha entre la realidad que enfrentan millones de mexicanos y la bonanza de una casta política que actualmente disfruta una vida soñada, colmada de prebendas y privilegios que invariablemente contaminan y convierten en vulgar ambición los otrora ideales de democracia, cambio, igualdad y justicia para todos.

BREVE HISTORIA PARA CAMILA. Por primera vez (hace mucho tiempo que no hablaba de primeras veces en este espacio) la princesa y yo no tuvimos comunicación de viva voz a lo largo de un día. Su jornada laboral exige que prescinda de su celular y solo podremos comunicarnos determinados días. Resulta complicada esta nueva dinámica pero también parte de la formación de la exmoconeta. Se acerca a la adultez y así lo entendemos. A sus 20 años debo entender que su mundo y su realidad giran más allá de su familia.

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