Aunque son organismos diminutos, algunos ectoparásitos pueden convertirse en vehículos de microorganismos capaces de provocar enfermedades. En México, el dengue, el Zika, el paludismo y la enfermedad de Chagas forman parte de los padecimientos asociados con estos vectores.
Ciudad de México, Avanzada (27/08/2026).- No todos los parásitos viven dentro de un organismo. Los ectoparásitos permanecen sobre la superficie de otro ser vivo, principalmente en la piel o el pelo, y entre ellos existen especies capaces de transmitir microorganismos que provocan enfermedades.
Piojos, garrapatas y algunos artrópodos que se alimentan de sangre pueden actuar como vectores. En estos casos, el organismo funciona como una especie de vehículo: adquiere un agente infeccioso al alimentarse de un huésped y posteriormente puede transmitirlo a otro.
Una de las formas más conocidas de transmisión ocurre mediante la picadura. En enfermedades como el dengue, el microorganismo ingresa al organismo a través de la saliva del mosquito mientras se alimenta. En otros padecimientos, como la enfermedad de Chagas, la transmisión ocurre de una manera distinta, relacionada con las heces del insecto que pueden contaminar la zona de la picadura.
La importancia de estos vectores quedó expuesta de manera dramática durante la Peste Negra, una epidemia que golpeó Europa en el siglo XIV y provocó millones de muertes. Con el paso del tiempo se estableció que la enfermedad era causada por la bacteria Yersinia pestis y que podía transmitirse a los seres humanos mediante pulgas asociadas con roedores.
Entre las enfermedades transmitidas por vectores que circulan en México se encuentra el dengue, también conocido como “fiebre quebrantahuesos” por los intensos dolores que puede ocasionar.
El principal vector es el mosquito Aedes aegypti, capaz de transmitir cualquiera de los cuatro virus del dengue. La enfermedad puede manifestarse con fiebre de intensidad variable, dolor detrás de los ojos, dolor muscular y dolor de huesos.
El mismo mosquito también puede transmitir otros padecimientos, entre ellos el Zika, la fiebre chikungunya y la fiebre amarilla, por lo que su presencia representa un riesgo sanitario que requiere medidas permanentes de prevención y control.
El virus del Zika fue identificado por primera vez en 1947 en un mono Rhesus en el bosque de Zika, en Uganda. Posteriormente, la enfermedad comenzó a detectarse fuera de África y logró expandirse a distintas regiones del mundo.
El virus se transmite principalmente mediante mosquitos del género Aedes, particularmente Aedes aegypti. En las personas infectadas, los síntomas suelen ser leves y pueden incluir fiebre, erupciones en la piel, inflamación de la conjuntiva, dolor muscular, dolor articular y dolor de cabeza.
México también ha registrado casos de esta enfermedad debido, entre otros factores, a la presencia del mosquito transmisor en distintas regiones del territorio nacional.
El paludismo o malaria es otra enfermedad transmitida por mosquitos y constituye un problema de salud pública a escala mundial. Aunque puede ser mortal, es una enfermedad curable cuando se diagnostica y trata oportunamente.
La transmisión ocurre mediante la picadura de mosquitos del género Anopheles. Durante la alimentación, el insecto puede introducir en el organismo parásitos del género Plasmodium, responsables de la enfermedad. En América, Plasmodium vivax es una de las especies más frecuentes.
Fiebre, dolor de cabeza, sudoración, vómito y escalofríos son algunos de sus síntomas. Debido a que pueden confundirse con los de otras infecciones, la identificación oportuna resulta fundamental para evitar complicaciones.
A diferencia del dengue y el paludismo, la enfermedad de Chagas está relacionada con insectos conocidos popularmente como chinches besuconas o triatominos.
El médico brasileño Carlos Chagas identificó en 1908 un parásito que posteriormente sería denominado Trypanosoma cruzi. Un año después describió el primer caso humano de la enfermedad, después de encontrar el mismo parásito en la sangre de una niña de dos años.
La enfermedad puede permanecer durante años sin provocar síntomas evidentes. Sin un diagnóstico y tratamiento adecuados, puede ocasionar complicaciones graves y convertirse en un padecimiento potencialmente mortal.
La movilidad de las poblaciones y la globalización han contribuido a que enfermedades que anteriormente estaban concentradas en determinadas regiones aparezcan también en otros países.
En México, los mosquitos y los insectos triatominos forman parte de los principales vectores de enfermedades que requieren vigilancia. Conocer cómo ocurre la transmisión, identificar los síntomas y reducir los sitios donde estos organismos pueden reproducirse o permanecer son medidas fundamentales para disminuir el riesgo de infección.
Más allá de su pequeño tamaño, los ectoparásitos vectores representan un desafío permanente para la salud pública, debido a su capacidad para transportar agentes infecciosos entre distintos organismos y favorecer la propagación de enfermedades.