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COLIMA

EDITORIAL. La crisis peraltista no ha tocado fondo

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Aunque seguramente el gobernador, José Ignacio Peralta Sánchez, desearía que ya termine de una vez el sexenio para escabullirse de los graves problemas financieros, de seguridad y de salud que ha provocado a causa de su pésima administración, todavía le falta más de mes y medio, más de siete semanas que podrían convertirse en las más largas de su vida.

La situación para el estado es muy complicada desde hace mucho tiempo, pero la realidad nos ha mostrado que la crisis no ha tocado fondo, que viene lo peor. Los primeros inconformes de esta última etapa fueron los trabajadores del gobierno estatal, después los maestros de la Sección 39, después la Universidad de Colima, después el Poder Judicial y ahora se avecina el conflicto con los policías estatales.

En todos los casos, el problema es el incumplimiento en el pago de salarios, de prestaciones laborales y la transferencia de subsidios. Todo ello ya estaba etiquetado en el presupuesto, pero el gran problema fue el desvío de recursos —por decir lo menos— cometido por el gobernador Peralta Sánchez, que ya por ese solo hecho amerita ser sometido a investigación y ser sancionado por las violaciones legales que corresponden.

Los burócratas ya han salido a protestar públicamente por las calles y frente a la Casa de Gobierno, los maestros igual, y ya hasta los trabajadores del Poder Judicial, encabezados por los magistrados del Supremo Tribunal de Justicia (STJ) lo hicieron, para reclamarle a José Ignacio Peralta por los actos que rayan en la irresponsabilidad, la indolencia y hasta probable corrupción, que les ha tocado padecer a los más vulnerables, aquellos que dependen de su salario quincenal para sobrevivir.

No sería de extrañar que pronto salgan a protestar los trabajadores de la Universidad de Colima, encabezados por el rector, en una marcha que podría partir del campus central, por la Avenida Universidad, tomar Camino Real e irse derecho rumbo al Sur, por Calzada Galván, hasta llegar a las instalaciones de la Casa de Gobierno.

En todos los casos anteriores, las protestas no han pasado de tomar calles y hacer que el ciudadano común tarde un poco más en llegar a su destino, por el tiempo de espera para proseguir su camino o para rodear por otra vía.

Sin embargo, la protesta que se acerca, la de los policías, sí podría tener un efecto mayor entre la población de Colima, pues tanto personal administrativo como agentes policiacos advirtieron que si el 16 de septiembre no se les han cubierto las prestaciones que se les adeudan, suspenderán labores de manera indefinida, lo que podría tener un impacto negativo en la sociedad, al quedarse sin vigilancia.

El aviso fue realizado de manera oficial a través de un escrito entregado en la oficina del gobernador, el Congreso del Estado, así como en las secretarías de Planeación y Finanzas (Seplafin) y de Administración y Gestión Pública (SAGP).

En el oficio, dirigido a Peralta Sánchez, exigen el pago de la prima vacacional, el retroactivo del aumento salarial del presente año, el pago del ajuste del calendario correspondiente a este año y que se les regrese a la modalidad 10 en su inscripción en el Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS) para gozar de todos los derechos que ello implica.

Le notificaron al gobernador que “en caso de no cumplir con nuestras solicitudes será inevitable que suspendamos operaciones en la fecha prometida, asimismo se le informa que en caso de que el personal reclamante sufra algún tipo de represalia en su persona o familia, tendremos a bien de nueva cuenta realizar la protesta correspondiente”.

Sin embargo, también en el perfil de Facebook Policías Estatales Colima, los agentes dieron a conocer una situación que desde ahora debe preocupar a los ciudadanos, y es el hecho de que por falta de gasolina dejaron desde ahora de hacer rondines de vigilancia en las ciudades de Manzanillo, Tecomán y Colima.

Este es el rostro del Colima que está dejando Peralta Sánchez a su salida. Sabemos que las cosas todavía pueden empeorar. Pero desde ahora se puede decir que esto no se parece en nada al Colima que prometió el mandatario a los colimenses durante su campaña de proselitismo. No, señor gobernador: aquí no se puede vivir feliz ni seguro.

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