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COLIMA

Promesas de campaña sin propuesta(s) de gobierno

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Escrito por Damián Lugo Gutiérrez.

Han transcurrido ya más de dos semanas desde el comienzo de la campaña electoral para la gubernatura del estado. Y las candidatas y candidatos han aprovechado este tiempo para realizar pequeños mítines en las diferentes localidades, comunidades y colonias de la entidad; llevar a cabo caravanas vehiculares; lanzar una que otra frase pegajosa; conectar con los electores a través de las redes sociales; participar en entrevistas con los medios de comunicación; y explicar su origen y trayectoria pública. Idealmente, este periodo debería servir también para comunicar una propuesta de gobierno seria y factible para el presente y futuro de Colima.

Sin embargo, las y los candidatos han optado por privilegiar la narrativa prefabricada y las promesas de alto impacto y rentabilidad política, a costa de ofrecer una propuesta de gobierno pertinente, coherente y factible para atender los problemas públicos que aquejan a la población. El asunto no es menor, la visión de gobierno que hasta ahora proyectan las candidatas y candidatos reproduciría y estaría anclada en los mismos problemas, prácticas, rutinas e inercias burocráticas que impiden que el ejercicio gubernamental sea transparente, eficiente y eficaz para mejorar las condiciones de vida de las y los colimenses.

Hasta ahora, la promesa ha consistido, principalmente, en consultar a la ciudadanía si la Casa de Gobierno se modifica para que sea una clínica para la atención de adicciones o un refugio para mujeres violentadas, en cambiar la sede de la Secretaría de Turismo y la de Fomento Económico al municipio de Manzanillo, en crear una nueva dirección estatal para atender los asuntos relacionados con los tianguis y mercados, en mantener apoyos sociales como la entrega de uniformes escolares, en reactivar el programa federal de estancias infantiles, en eliminar el impuesto sobre la nómina o en disminuir el salario de los funcionarios públicos.

Indudablemente, la mayoría de las promesas hasta ahora pronunciadas generan un beneficio directo para un sector o grupo poblacional específico. El problema es que consisten en acciones aisladas que, en el mejor de los casos, atienden los síntomas o efectos de problemas públicos, pero no sus causas. Y por ello, el potencial de estas acciones se traduce únicamente en mejoras marginales para la población, pero están lejos de ser capaces de detonar el crecimiento y desarrollo económico de la entidad, de transformar las condiciones de vida de las personas, de revertir las determinantes de la desigualdad o de garantizar el ejercicio pleno de los derechos.

Las y los candidatos deberían dedicar más tiempo de este periodo de campañas a explicar con detalle cada una de sus promesas. Podrían detallar, por ejemplo, cuál es la propuesta para atender las causas del problema de adicciones o de la violencia a la mujer, cuál es el problema público y la causa que pretenden atender con la entrega de uniformes escolares y cuál es la evidencia que sustenta esta decisión, por qué la disminución del salario de los funcionarios públicos se traduciría en un gobierno más eficiente y eficaz sino se complementa con una propuesta de profesionalización de la administración pública, cómo la reactivación de guarderías representa un componente de una estrategia más amplia de cuidados a lo largo del ciclo de vida, por qué es pertinente crear una dirección estatal para tianguis y mercados si esta función corresponde principalmente a los ayuntamientos, cómo solventarían el boquete financiero de la eliminación de impuestos, o porqué el cambio de sede de dos secretarías implicaría mejores servicios o programas gubernamentales. 

El desafío es aún mayor. Las y los candidatos, además de explicar el costo de cada promesa de campaña en lo individual y cómo financiarían el agregado de ellas, deben presentar a la ciudadanía una propuesta de gobierno pertinente, coherente y factible. En otras palabras, la propuesta de gobierno no puede limitarse a la promesa de entregar bienes en especie, de realizar acciones asiladas y desconectadas entre sí o de replicar la política de otros ámbitos de gobierno. Quienes aspiran a ocupar la gubernatura del estado deben, por lo menos, explicar claramente cuáles serán las prioridades de gobierno, los principales problemas a resolver, cómo fortalecerán las capacidades institucionales de la administración pública, cómo sus objetivos de corto plazo conectan con una perspectiva de largo plazo, y cómo evaluarán y rendirán cuentas de cada una de sus acciones. 

Las promesas de campaña que hasta ahora han esbozado las candidatas y candidatos solo indica que gobernarán con los mismos vicios, déficits y problemas que enfrenta y reproduce el sector público. La situación es incluso de mayor gravedad: ningún candidato o candidata ha explicado una ruta o idea clara de cómo revertir esta situación. La complejidad y tamaño de los problemas públicos que enfrenta la población colimense demanda y requiere de una visión integral de gobierno con mejores políticas y servicios públicos y no las promesas simples, superficiales y prefabricadas hasta ahora planteadas.

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